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El “baño de realidad” de los primeros 100 días de Meloni, entre marchas atrás, continuismo y fricciones con los aliados

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el pasado 28 de diciembre.

Mariangela Paone


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En su primer discurso como primera ministra de Italia en la Cámara de los diputados, Giorgia Meloni se definió a sí misma con el término inglés de underdog, el que no la tiene todas consigo y, para afirmarse, tiene que dar la vuelta a las previsiones. “Quiero seguir haciéndolo”, añadió. Desde entonces, han pasado los primeros 100 días de su Gobierno, el primero liderado en Italia por una mujer, un tanto que se apuntó un partido de ultraderecha tras ganar las elecciones del 25 de septiembre y formar un ejecutivo que goza de una amplia mayoría en el Parlamento. Meloni en estos tres primeros meses le ha dado la vuelta a las previsiones en el continuismo que ha caracterizado hasta ahora su Gobierno en política económica —con una ley de presupuestos que, con pocas excepciones, se ha quedado en la senda marcada por su predecesor, Mario Draghi— y por las repentinas marchas atrás en decisiones ya tomadas o anunciadas.

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Una de esas marchas atrás tiene que ver con el aumento del coste de la energía y del precio de los carburantes, tema prioritario para los electores en la campaña electoral. El nuevo Gobierno decidió no prorrogar el recorte de los impuestos especiales al carburante, aprobado hasta el 31 diciembre por su antecesor, Mario Draghi, para paliar la subida de los precios.

En lugar de eso, se aprobó un decreto que obliga a las gasolineras a exponer el precio medio diario junto al precio al que se está vendiendo el combustible en cada estación, descargando la responsabilidad de los aumentos en la “especulación” de los distribuidores. Y es así como la vieja batalla por las accise, estos impuestos especiales que en algunos casos tienen más de 50 años, ha derivado en la primera gran huelga a la que se enfrenta el Gobierno de Meloni, con el parón de 48 horas decretado por las organizaciones de los gasolineros para este miércoles y jueves. “Nunca prometí en campaña electoral que recortaría las accise”, ha argumentado Meloni en los últimos días, olvidando que el recorte sí estaba en el programa de su partido, Hermanos de Italia, y que ella misma había dicho que era algo que se podía hacer “ya”.

Primer tropiezo en los sondeos

“Nadie puede ignorar que el contexto ha cambiado”, repite la primera ministra. Y esto vale para la energía, para la ley de presupuestos o para las alianzas en Europa... El anuncio de la primera huelga coincide con la primera bajada de apoyos en el promedio de sondeos publicados hace unos días por Youtrend para la agencia AGI. Hermanos de Italia se queda por primera vez por debajo del 30%, un porcentaje que sigue siendo mucho mayor del resultado que obtuvo en las elecciones, el 26%, situándose como primera fuerza en el Parlamento, con un margen respecto a los otros partidos que sigue siendo muy amplio en las encuestas. “Es prematuro decir que la luna de miel con los electores se ha acabado, pero es un primer tropiezo en la opinión pública y el Gobierno, la primera dificultad desde el punto de vista de la comunicación y del consenso”, comenta Lorenzo Pregliasco, experto de comunicación política y fundador de la web de análisis electoral YouTrend.

“Sabemos que el resto del centroderecha estaba en el anterior Gobierno, mientras que Meloni construyó su identidad en el estar en la oposición, con un papel de crítica y polémica, así que en cierto modo es fisiológico que cuando llegue al Gobierno tenga que enfrentarse a una situación menos manejable de lo que quisiera y con más vínculos”, añade.

De las 'raves' a los pagos en efectivo

Los vínculos son los que han hecho que, finalmente, la ley de presupuestos fuera cauta y continuista. Un alivio para Bruselas, que temía nuevos desfases en un país que arrastra una deuda pública entre las más altas del continente. Así que, fijadas las grandes líneas macroeconómicas, la huella más ideológica se centró en medidas como el aumento del techo máximo para los pagos en efectivo, que el Gobierno ha subido hasta los 5.000 euros (la intención del anterior ejecutivo era bajarlo hasta los 1.000 euros para estrechar el control contra la evasión fiscal) y la posibilidad para los comerciantes de rechazar pagos con tarjeta por debajo de un cierto límite, que se fijó en 60 euros. Una medida sobre la que el Gobierno tuvo que recular ante la oposición de la Comisión Europea.

Otra marcha atrás llegó tras la aprobación de un decreto pensado, en las declaraciones del ministro del Interior, para frenar el fenómeno de las “raves”. Una medida no justificada por ninguna urgencia, más allá de un evento multitudinario que se acababa de celebrar en la ciudad de Módena. La primera versión del decreto, finalmente enmendada, contenía una definición tan genérica que las sanciones previstas (incluidas penas de cárcel de hasta seis años) podían aplicarse a reuniones de más de 50 personas.

Inmigración, de la retórica del 'bloqueo naval' a la 'solución europea'

Donde el “Gobierno de orden” también llegó pisando fuerte fue en el tema de la inmigración, el gran caballo de batalla de la ultraderecha que alimentaba en campaña electoral la rivalidad entre Meloni y su socio de la Liga, Matteo Salvini. La líder de Hermanos de Italia defendió en campaña la idea, irrealizable porque es contraria a las leyes internacionales, de un “bloqueo naval” en el Mediterráneo central para frenar las llegadas desde el Norte de África. Y en las primeras semanas se amagó con volver a la política de puertos cerrados para los barcos de las ONG, abriendo un pulso diplomático con Francia sobre el que tuvo que recular para buscar una colaboración con París y Bruselas para llegar a la antaño despreciada “solución europea”. Lo que sí ha hecho el Gobierno es aprobar un nuevo “código de conducta” para las ONG que rescatan a inmigrantes en el Mediterráneo, poniendo varias trabas que dificultan y comprometen su labor.

El “descubrimiento” de Europa y el abrazo del PPE

Si en algo es más estridente el giro de Meloni, el cambio de líder de la oposición con un partido minoritario a presidir el Gobierno como socio de mayoría de la coalición, es la relación con Europa. Ahora pocos recuerdan aquel “la fiesta se ha acabado” —la pacchia è finita— que pronunció en campaña electoral la entonces candidata que había llenado la hemeroteca de declaraciones desafiantes y euroescépticas, propias del grupo que preside, el de los Conservadores europeos, en el que Hermanos de Italia comparte filas con Vox, los polacos de Ley y Justicia o los ultra con raíces nazis Demócratas Suecos. En estos primeros meses, Meloni se ha dedicado a cultivar la relación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y sus buenos lazos con la presidenta de la Eurocámara Roberta Metsola. Y la primera visita internacional fue a Bruselas apenas diez días después de tomar posesión. Von der Leyen devolvió la visita cuando en diciembre viajó a Roma para la presentación del libro que reúne los discursos del expresidente del Parlamento europeo, David Sassoli, que murió hace un año. En la reunió se volvió a hablar de inmigración y de las modificaciones que el Gobierno italiano quiere aportar al Plan nacional de resiliencia y recuperación, como se le ha llamado en el Italia al programa presentado para recibir los fondos europeos postpandemia. “Meloni ha aprendido que contra Europa no puede ganar, así que da unos pasos hacia adelante, sin desmentirse del todo y manteniendo sus orígenes que son más cercanas a Orbán o a Vox. No rompe estas relaciones, pero no se aleja del centro del debate que está donde está Von der Leyen”, comenta Gianfranco Pasquino, profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia.

La sintonía con dos de los tres altos cargos de la UE se conjuga con el apoyo que la coalición de derechas recibió de la mano del presidente de los Populares europeos, Manfred Weber, cuando, durante la campaña electoral de septiembre, viajó a Roma para apoyar a Forza Italia pero acabó bendiciendo de facto el futuro Gobierno liderado por la ultraderecha. Y a estos pasos se mira ahora con la vista puesta en las elecciones europeas de 2024, donde, dependiendo del reparto de fuerzas, los populares podrían estar tentado de abrazar una alianza con uno de los grupos más euroescéptico de la Eurocámara. “Esto me preocupa especialmente, porque temo que puedan obtener una mayoría entre populares y conservadores con un desplazamiento más a la derecha de los populares en detrimento de una visión de Europa políticamente más unida y más eficaz. Si llegan a gobernar con los conservadores habrá problemas para Europa y los distintos países también”, dice Pasquino.

Las fricciones con los aliados

Este giro en la política internacional desdibuja también el papel de garante del “atlantismo y el europeísmo” del nuevo Ejecutivo que se había atribuido Forza Italia. Tanto el partido de Silvio Berlusconi como la Liga, donde Salvini se enfrenta también a divisiones internas, han tratado en estos meses de no quedar totalmente en un segundo plano. En las filas de Berlusconi la centralización de las decisiones importantes por parte de Meloni se vive con malestar, mientras que Salvini ve cómo su liderazgo podría quedar en entredicho si, como auguran los sondeos, Hermanos de Italia obtiene el doble de votos de la Liga en uno de sus bastiones tradicionales, la Lombardía, donde se votará para el Gobierno regional —como en otra región clave, el Lacio— el próximo 12 de febrero. “Berlusconi está en el Gobierno gracias a Giorgia Meloni, de otra manera estaría ya acabado. Salvini también está en el Gobierno gracias a Meloni. Están obligados a estar con Meloni porque es su tabla de salvación”, añade Pasquino.

Una versión autoritaria sobre los derechos”

El análisis del profesor emérito concuerda con la opinión de muchos analistas tras estos primeros meses de la 'era Meloni': el Gobierno durará. Otra de sus grandes bazas es la fragmentación de la oposición. “De hecho, hay tres oposiciones [el Movimiento 5 Estrellas (M5S), el Partido Democrático y los centristas] en este momento en el Parlamento, con el Partido Democrático que está a su vez dividido y ocupado con el Congreso que se celebrará en un mes. La dificultad de la oposición es evidente y es evidente también la voluntad de los centristas de Tercer Polo y del M5S de hacerle la pinza al PD y vaciarlo”, comenta el analista Pregliasco.

Ante la relativa estabilidad de la que podrá beneficiarse el Gobierno de Meloni, Pasquino pone en guardia sobre los riesgos que quedan en el terreno de los derechos civiles y sociales. En el Parlamento desde el comienzo de esta legislatura hay ya cuatro propuestas de ley para modificar el código civil que apuntan al reconocimiento de la capacidad jurídica del nasciturus. “Sobre los derechos hay una versión autoritaria no solo de Meloni sino también de Salvini y Berlusconi que no me gusta para nada. Y son batallas que la izquierda tiene que dar. Temo menos los riesgos democráticos, porque ni los italianos ni Europa permitirían desviaciones antidemocráticas”, advierte Pasquino.

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