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Es el dinero lo que mueve a Trump

23 de enero de 2026 23:30 h

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“Han sido las bolsas”. Esa es la impresión de algunos de los más afamados analistas internacionales sobre el motivo último que ha llevado esta semana a Donald Trump a echarse para atrás en sus anuncios de que iba a aplicar un arancel del 10% a los productos de los países que habían mandado tropas a Groenlandia y de que estaba dispuesto hasta a usar la fuerza militar para hacerse con la isla ártica.

Esa imprevista y radical rectificación es el asunto de la semana en la crónica internacional. Con una apostilla: las amenazas de Trump han provocado un movimiento hacia la unidad por parte de los miembros de la Unión Europea que nadie creía posible hace menos de un mes.

La secuencia no admite dudas: el martes, las acciones de las empresas cotizadas en Estados Unidos habían caído el equivalente a un billón de dólares. Al tiempo crecía la oposición de representantes republicanos, el partido de Trump, a sus amenazas sobre Groenlandia y también la presión europea. Pero, sobre todo, fueron las bolsas las que llevaron al presidente a desdecirse.

Ya ocurrió en abril cuando a los pocos días de haber anunciado espectacularmente subidas arancelarias para todos y cada uno de los países del mundo, la cosa quedó en agua de borrajas y, sin decir abiertamente nada al respecto, esos aumentos no se aplicaron por culpa del impacto muy negativo que esos anuncios habían provocado en las bolsas.

Ya ocurrió en abril cuando a los pocos días de haber anunciado espectacularmente subidas arancelarias para todos y cada uno de los países del mundo, la cosa quedó en agua de borrajas

“Es un respiro, pero nada más que un respiro”, dice el periódico Le Monde. Trump sigue siendo un peligro. “Es muy probable que dentro de un mes Trump haya dejado atrás Groenlandia y esté entregado a otra obsesión o buscando otra víctima que eliminar”, escribe Gideon Rachman en el Financial Times.

Y, en efecto, el presidente norteamericano ha tardado muy poco, escasas horas, en cambiar de asunto y dedicar toda su atención a la creación de la que él ha llamado 'Junta de Paz' para reconstruir Gaza, que él mismo presidirá y en la que, aparte de su yerno y del ex primer ministro británico Tony Blair –que suele cobrar un pico por este tipo de actuaciones–, figuran dirigentes mundiales del tipo del argentino, Javier Milei, o el turco, Recep Tayyip Erdogan, y unos cuantos exponentes del mundo financiero. Más de un periódico europeo sugiere que con esa iniciativa lo que de verdad pretende Trump es crear un organismo que sustituya a la ONU, con la que tan mal se lleva.

Pero, más allá de eso, también hay más de uno que piensa que Trump concibe la recuperación de Gaza sobre todo como una gran inversión en proyectos que produzcan una gran rentabilidad a sus promotores. La suerte de los machacados gazatíes quedaría muy en segundo lugar en esos proyectos u olvidada sin más.

El presidente de EEUU y sus familiares se han embolsado 1.408.500.000 dólares gracias a negocios de todo tipo en los que ha sido fundamental su condición de jefe de Estado

Justamente en el contexto de lo que son para Trump las relaciones entre diplomacia y dinero, el periódico The New York Times ha publicado un largo artículo que denuncia que, en su primer año de su segundo mandato, el presidente de EEUU y sus familiares se han embolsado 1.408.500.000 dólares gracias a negocios de todo tipo en los que ha sido fundamental su condición de jefe de Estado.

Ese diario cita unos cuantos ejemplos. Como premio por la reducción de aranceles a Vietnam pudo construir un campo de golf de 1.500 millones de dólares a las afueras de Hanoi. Un gran hotel en Omán, una torre de oficinas en la India, un campo de golf a las afueras de la capital saudí, Riad, y hasta 20 proyectos de intercambio de favores como en Vietnam han llenado las arcas de la Organización Trump, a la que el presidente dedica no poca parte de su tiempo.

Eso mientras “el orden mundial se desmorona”, tal y como dicen los más pesimistas en los grandes medios de comunicación del mundo.

En los próximos días, la atención se centrará en la guerra de Ucrania, que tiene en la reunión tripartita (Estados Unidos, Ucrania y Rusia) que se celebra en Abu Dabi una ocasión para salir del sangriento marasmo en que se encuentra o en la que se confirmará que no hay evolución posible mientras Kiev no acepte ceder a Rusia todos o parte de los territorios ocupados por ésta. Una posición que Europa rechaza y que puede que Estados Unidos aceptaría en parte en un futuro.

Entre los analistas internacionales se afirma una idea: la de que China gana terreno. No sólo por su creciente poderío comercial y tecnológico, sino por pérdida de crédito y de relaciones de su gran rival, Estados Unidos

Y en un contexto internacional de graves tensiones en unos cuantos puntos del planeta y de enfrentamientos abiertos entre quienes hasta hace poco eran amigos inseparables –Estados Unidos y Europa–, entre los analistas internacionales se afirma una idea: la de que China gana terreno. No sólo por su creciente poderío comercial y tecnológico, sino por pérdida de crédito y de relaciones de su gran rival, Estados Unidos.

Son cada vez más los especialistas que creen que la Europa despechada por Trump tenderá a acercarse cada vez más a Pekín, aunque ese país no sea democrático, no siempre respete el derecho internacional o aumente desaforadamente su producción y sus ventas gracias a subsidios que le permiten conquistar todo tipo de mercados.