Fibra óptica, tecnología láser e Inteligencia Artifical, herramientas de este proyecto para detectar señales de terremotos en el sureste peninsular

Uno de los pilares fundamentales de esta iniciativa es el fomento de la ciencia abierta: Los datos generados estarán disponibles en tiempo real para investigadores de todo el mundo

Alberto Gómez

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El Consejo Superior de Investigaciones Científicas lidera un proyecto pionero, denominado Sismovega, en la comarca de la Vega Baja del Segura de la provincia de Alicante, una iniciativa que, encabezada por Geociencias Barcelona, busca transformar la monitorización sísmica en el sureste peninsular utilizando métodos de vanguardia. La región seleccionada es conocida por su alta peligrosidad sísmica, habiendo sufrido un devastador terremoto en el año 1829. Aquel evento histórico dejó centenares de víctimas en localidades como Torrevieja y Almoradí, marcando la memoria colectiva. Hoy, la ciencia regresa a este escenario para entender mejor los procesos de fractura de las fallas terrestres. 

El incremento poblacional en las últimas décadas ha elevado el riesgo, haciendo necesaria esta investigación profunda. Sismovega se presenta así como un laboratorio natural único para el estudio de las geociencias modernas. La base tecnológica de dicho proyecto reside en el uso innovador de 50 kilómetros de fibra óptica ya instalada. Mediante la tecnología de detección acústica distribuida, conocida como DAS (por sus siglas en inglés), se registrarán vibraciones continuas. Esta técnica láser permite convertir los cables de telecomunicaciones convencionales en una red densa de sensores virtuales. Gracias a este despliegue, es posible monitorizar el subsuelo a gran escala y con una resolución excepcional. El sistema ofrece una herramienta rentable y avanzada para captar las “vibraciones invisibles” de la corteza. 

Se espera que esta densa malla de sensores proporcione datos sin precedentes sobre la actividad tectónica regional. La precisión espaciotemporal del método DAS representa un salto cualitativo respecto a los sistemas de medición tradicionales. De este modo, la infraestructura de comunicación se pone al servicio de la seguridad ciudadana científica. El procesamiento de la ingente cantidad de información recogida dependerá, además, de métodos avanzados de cómputo e inteligencia artificial. Estas herramientas digitales permitirán analizar de forma continua las propiedades sísmicas de la corteza terrestre en Alicante. La Inteligencia Artificial es fundamental para identificar cambios sutiles o anomalías precursoras antes de un terremoto

La región seleccionada es conocida por su alta peligrosidad sísmica, habiendo sufrido un devastador terremoto en el año 1829

Al procesar datos masivos en tiempo real, los investigadores buscan patrones que podrían pasar desapercibidos para humanos. El objetivo principal es generar conocimiento clave sobre lo que ocurre bajo tierra antes de un seísmo. Esta tecnología no solo observa el presente, sino que aspira a descifrar señales de la naturaleza que anuncien fracturas. Sismovega combina así la física del terreno con la potencia del aprendizaje automático más actual. El resultado será una comprensión mucho más profunda de la mecánica interna de nuestras fallas.

El proyecto cuenta con un presupuesto asignado de 300.000 euros y una duración estimada de tres años. La financiación proviene de una Ayuda de Excelencia RYC-MaX concedida por el propio CSIC español. Este respaldo económico asegura que la Vega Baja del Segura sea un referente en geología mundial. Társilo Girona, investigador Ramón y Cajal en Geociencias Barcelona, es quien lidera este ambicioso equipo multidisciplinar, quien destaca que la zona es una de las de mayor peligrosidad sísmica en España. El crecimiento demográfico de la región exige medidas de prevención y estudio mucho más rigurosas. Por ello, Sismovega no solo es un reto técnico, sino un compromiso con la estabilidad social. 

La ejecución de Sismovega es posible gracias a una estrecha colaboración con empresas privadas de telecomunicaciones locales. Compañías como Elanta y Avatel, operando bajo su marca Vega Fibra, aportan la infraestructura necesaria. El uso de cables de fibra óptica de última generación es vital para el éxito del experimento. Esta alianza público-privada demuestra cómo los recursos industriales pueden potenciar el avance del conocimiento científico. La responsabilidad social corporativa se traduce aquí en una herramienta directa para la monitorización del riesgo. Es un modelo de cooperación que optimiza los recursos existentes para beneficio de toda la sociedad.

Ciencia abierta

Uno de los pilares fundamentales de esta iniciativa del CSIC es el fomento de la ciencia abierta. Los datos generados por el sistema DAS estarán disponibles en tiempo real para investigadores de todo el mundo. Esta apertura promueve un debate internacional sobre los métodos de análisis e interpretación de los registros. Cualquier experto nacional o extranjero podrá participar en el estudio de las señales detectadas en Alicante. Se busca crear un entorno de trabajo colaborativo que maximice la calidad de los resultados finales. La transparencia informativa permite que Sismovega no sea un proyecto cerrado, sino una plataforma global. El intercambio de ideas entre científicos es esencial para descifrar la complejidad de los terremotos. Así, la Vega Baja se sitúa en el epicentro de la comunidad geocientífica internacional.

El proyecto también contempla la creación de infraestructuras permanentes para la monitorización sísmica en el área. En la localidad de San Fulgencio se instalará el Centro para el Análisis y Monitorización (Campo). Este espacio servirá como base de operaciones para el control de los procesos detectados por fibra. Además de su función técnica, el centro albergará iniciativas pioneras de divulgación y educación científica. Docentes especializadas han diseñado actividades para atraer a los grupos escolares, con el objetivo de que el alumnado aprenderá geociencias resolviendo enigmas y desafíos en un entorno de investigación real. Se pretende que los jóvenes comprendan los fenómenos naturales extremos mediante el ingenio y el equipo. La educación se convierte en una pieza clave para convivir con el riesgo sísmico.

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