Entrevista
González Laya, exministra de Exteriores: “Aumentar el gasto en defensa en Europa no ha comprado más fidelidad de EEUU”
Arancha González Laya (1969), exministra de Exteriores de España entre enero de 2020 y julio de 2021, reflexiona en su libro Solos en el mundo (Arpa) sobre el futuro de la Unión Europea en un mundo en el que “EEUU amenaza, Rusia hace la guerra y China reconstruye un imperio”.
La actual decana de la Paris School of International Affairs de Sciences Po defiende la necesidad de aumentar el gasto en defensa —pese a que la suma del gasto de los países miembros de la UE es más del doble que Rusia— como uno de los pilares fundamentales para construir una “comunidad de fuerza” en la UE, pero critica el debate del 5%, que considera una imposición de EEUU para demostrar su dominación sobre el resto de socios OTAN con una “cifra aleatoria” que ni siquiera Washington va a cumplir.
En el primer capítulo, 'Cómo se jodió Europa', describe un escenario muy pesimista en el que Rusia ha tomado Ucrania, China se ha hecho con Taiwán, las fuerzas ultras dominan el Consejo de Seguridad de la ONU... ¿Cree que ese es el camino al que nos dirigimos a falta de un giro determinante en la UE?
El primer capítulo es distópico. No es una predicción, pero sí es un futuro posible que hay que imaginarse si Europa no toma sus responsabilidades hoy. No podemos obviar que somos una criatura frágil y mortal. Solo existimos con nuestra voluntad de existir.
¿Cuáles son esas acciones qué debe emprender la Unión Europea para evitar dicho escenario?
La más importante es ser consciente de su fragilidad y movilizar su voluntad. Somos la suma de las voluntades de los ciudadanos todos los días y hoy necesitamos mucho más de voluntad ciudadana. Lo que tenemos enfrente de nosotros es la necesidad de integrar a aquellos sectores de la economía y de la defensa que son la cara norte de la Unión Europea, aquellos en los que no hemos conseguido hacerlo hasta ahora porque se necesitaba mucha energía política y se necesitaba, quizás, la amenaza a la que tenemos que mirar.
No menciona en ese primer capítulo el genocidio en Gaza como uno de esos elementos que contribuyen a 'joder' Europa. ¿Cree que la respuesta de la UE ha estado a la altura?
Lo trato en el capítulo donde hablo de esa dificultad que estamos teniendo para casar intereses y valores. La Unión Europea no es solamente intereses desnudos y tampoco es solamente valores. Lo que hemos visto en el caso de Gaza es un choque muy claro entre nuestros intereses y nuestros valores. Cuando esto ocurre, en vez de pretender que estamos respondiendo al Tratado de la Unión Europea, quizá sería mejor aceptar que hay momentos difíciles donde los intereses y los valores chocan. Ser más honesto con lo que ha ocurrido.
Hemos intentado hacer como si fuera normal y los ciudadanos han visto que lo que estaba ocurriendo ahí no era normal. Hubiera sido mejor reconocerlo y explicar esa incoherencia de la Unión Europea.
Europa tiene una relación ambivalente con la fuerza porque es el producto de rechazar la fuerza como modo de organizar la vida en común. Pero hay que constatar que las certezas que nos han acompañado en las últimas décadas han quedado atrás. Si hoy la UE no tiene fuerza, incluida militar, no va a ser capaz de disuadir a sus enemigos y defender su proyecto de paz
Esto pasa factura internamente porque los ciudadanos han visto lo que estaba ocurriendo ahí. Ha sido una reacción absolutamente desproporcionada a un ataque que ciertamente hay que condenar. Toda la UE estuvo en el mismo barco a la hora de condenar el ataque sobre Israel [del 7 de octubre de 2023], pero no hemos estado en el mismo barco a la hora de decir que la respuesta de Israel ha sido totalmente desproporcionada.
Habla de la dicotomía en la UE entre una comunidad de fuerza y una comunidad de valores. ¿Puede la UE ser una comunidad de fuerza cuando ni siquiera tiene una política exterior común?
Está claro que la Unión Europea vive mejor en un orden internacional, pero la cuestión hoy no es orden o desorden, sino si Europa va a tener la fuerza suficiente para ser capaz de defender un orden.
Los aliados de la UE esperan de la Unión que sea capaz de defender un orden. Pero para eso Europa necesita fuerza y Europa tiene una relación ambivalente con la fuerza porque ella misma es el producto de rechazar la fuerza como modo de organizar la vida en común. Pero hay que constatar que las certezas que nos han acompañado en las últimas décadas han quedado atrás. Si hoy la Unión Europea no tiene fuerza, incluida militar, no va a ser capaz de disuadir a sus enemigos y defender su proyecto de paz.
Uno de sus argumentos principales es esa necesidad de construir la capacidad de disuasión aumentando el gasto en defensa. Pero parece que el debate se ha quedado en llegar a un 5% para no enfadar a Trump. ¿Es este el camino correcto?
Hay que aumentar el gasto en defensa, y en eso yo soy muy clara. Lo que no podemos es reducir la discusión de la disuasión a una cifra de gasto. Eso es una trampa. ¿Y por qué es una trampa? Primero, porque esa cifra es aleatoria. Segundo, porque sale de un país miembro de la OTAN que busca, con esa cifra, mostrar su poder sobre el resto de sus aliados. Ni Estados Unidos va a gastar ese 5%. En tercer lugar, porque, como dice la canción de The Beatles, el dinero no compra el amor. El aumento del gasto de defensa que han hecho todos los Estados miembros de la OTAN no ha comprado más fidelidad estadounidense con la Alianza. De hecho, estamos viendo cómo Estados Unidos claramente acepta retirar parte de sus capacidades de la defensa del espacio euroatlántico.
Necesitamos un poco más de lucidez: más gasto europeo, sí, pero con términos europeos. Y en segundo lugar, más gasto en común y más sinergias de los 27 Estados miembros. En tercer lugar, no es solo una cuestión de gasto, es también una cuestión de doctrina. ¿Qué doctrina militar vamos a adoptar?
El aumento del gasto militar, que sabemos que lo tenemos que hacer, ha sido secuestrado por una discusión entre Estados Unidos y sus aliados en la OTAN para que el presidente de EEUU pueda mostrar su capacidad de obligar a los socios de la OTAN a seguirlo. No se puede fiar todo a cuál va a ser el estado de humor de la Administración estadounidense.
¿Pasa por desacoplarse un poco de la OTAN y reforzar la política de defensa común europea?
No, yo creo que pasa por apropiarse más de la defensa de la OTAN, que es lo que estamos haciendo ahora. Cuando Estados Unidos dice que va a reducir sus capacidades en la OTAN, hay una serie de países, incluido España, que han dicho que incrementan sus medios para intentar cubrir ese espacio que queda vacío.
Construir algo al margen de la OTAN es costoso y lento. No podemos esperar. Lo que sí podemos hacer es apropiarnos más, tomar más responsabilidades de la OTAN e incluso estar dispuestos en algún momento a tomar el comando de la OTAN en Europa, que está en manos de Estados Unidos.
Usted defiende la necesidad de gastar más pese a que la suma de los 27 ya es más del doble que el gasto en defensa de Rusia y superior al de China. Este es un argumento que se utiliza a menudo para rechazar la necesidad de incrementar ese gasto.
Necesitamos aumentar el gasto, que es lo que hemos hecho todos los Estados miembros de la Unión Europea, incluido España, que ha pasado en el espacio de tres años de gastar 0,7% a gastar el 2%. Eso es lucidez.
Ahora bien, no vamos a construir capacidad de disuasión europea con 27 capacidades de disuasión europeas. Ahí es donde el gasto tiene que ser también más mancomunado, porque eso nos va a dar más eficiencia, como nos dio más eficiencia en el gasto cuando mancomunamos la salida de la covid con el plan de recuperación. Ese tiene que ser cada vez más el camino de la UE para ser más capaces de proyectar fuerza.
Actualmente, hay huecos importantes en nuestras capacidades de disuasión: el espacio como nuevo teatro de operaciones, como lo hemos visto en Ucrania e Irán; las capacidades de inteligencia; la capacidad de repostaje en el aire... todo eso son capacidades en las que la Unión Europea es deficitaria. En definitiva: gastar más, sí; pero también discutamos cómo gastarlo.
Actualmente, ese aumento del gasto, además, lo estamos destinando en gran parte a compras estadounidenses y estamos generando una nueva dependencia. ¿Está de acuerdo con esa lectura?
Sí y no. Hay por ejemplo un espacio muy claro entre los nórdicos y bálticos donde se están mancomunando las capacidades de la industria de la defensa y están integrando sus industrias de la defensa para depender menos de compras de países terceros que a la postre generan nuevas dependencias, pero también para hacer mayores sinergias entre defensa, capacidades industriales, empleo y crecimiento. Ahí hay un gran espacio donde jugar.
¿Cuál es su análisis de la situación entre Estados Unidos e Irán, el memorándum de entendimiento y las negociaciones?
Es una derrota de la Administración estadounidense. EEUU no va a poder alcanzar los términos del acuerdo que existió en 2015 entre China, Estados Unidos, Rusia, Rusia, Francia, Reino Unido, Alemania e Irán. Entonces fue la Unión Europea la que lideró el esfuerzo de negociación en una secuencia de varios años.
El acuerdo que se pudiera alcanzar ahora —que ni siquiera está todavía negociado—, no va a llegar a tener el nivel que tuvo el de 2015, que incluía cláusulas de verificación internacional muy sólidas. Ahora lo que tenemos sobre la mesa no es un acuerdo de paz, sino un cese de hostilidades a cambio de una reapertura del estrecho de Ormuz y un levantamiento de sanciones hacia Irán. Es decir, volver a la situación anterior a la guerra, regalándole a Irán un levantamiento de sanciones.
Lo que ha quedado claro en este conflicto es que el tener la capacidad de mayor precisión de bombardear un país no equivale a doblegar a ese país y no equivale a ganarle en el campo de batalla. Igual que hemos visto que esta capacidad de arrasar y “cortar el césped”, como lo llama Israel, no le trae la paz.
No podemos es reducir la discusión de la disuasión a una cifra de gasto. Eso es una trampa. Es una cifra aleatoria y sale de un país miembro de la OTAN que busca mostrar su poder sobre el resto de sus aliados. Ni Estados Unidos va a gastar ese 5%
¿Ha cambiado el equilibrio o el orden regional en Oriente Medio después de esto?
Tampoco tenemos una idea muy clara de lo que está ocurriendo dentro de Irán, pero hay una señal que ya vemos y es el fortalecimiento de las fuerzas más radicales y la Guardia Revolucionaria. Vemos también un aumento de la represión hacia la población civil, otro de los dramas de este conflicto. La realidad es que, hoy, la población civil sigue sometida a una represión aún mayor que al inicio de este conflicto.
En cuanto a la reordenación de la región, empiezan a verse dos orientes próximos: uno de liderazgo claramente saudí que mira más hacia China y Pakistán; y otro con un liderazgo emiratí que mira más hacia Israel e India. También hay otras potencias en la región, como Turquía, que quieren seguir jugando un papel clave. Lo que vemos es una fragmentación de Oriente Próximo, ya suficientemente torturado por episodios anteriores.
En la invasión rusa de Ucrania estamos viendo un aumento de la escalada militar y unos ataques que no veíamos desde hace muchos meses, incluso desde el inicio del conflicto. Paralelamente, la UE o algunos Estados miembros se plantean por primera vez sentarse a negociar con Putin. ¿Qué posible salida ve al conflicto y cómo analiza la posición de la Unión?
Veo a una Rusia debilitada que no ha conseguido en casi cinco años de guerra doblegar Ucrania. Su objetivo era acabar con la independencia y la soberanía de Ucrania como país y no lo ha conseguido a pesar de su clara superioridad en el campo de batalla. Hay un patriotismo ucraniano muy claro y hay un apoyo de Europa, incluso cuando Estados Unidos se ha cansado, que ha resultado ser de acero inoxidable.
Lo que estamos viendo ahora es un debilitamiento de Putin en el campo de batalla. Yo creo que la etapa siguiente tiene que ser que se abra una negociación y creo que la Unión Europea haría bien en prepararse para ese momento. Tenemos que evitar quedarnos fuera de esa foto y que Rusia se lleve el agua a su molino. Putin se lleva el agua a su molino cuando esta negociación se intermedia por Estados Unidos.
A usted le tocó lidiar con la Administración Trump, que fue más caótica, más desorganizada. ¿Cómo fue aquella interacción? ¿Le sorprende el Trump del segundo mandato?
La primera Administración fue muy caótica, pero la gran diferencia, que a mí sí me ha sorprendido, es que en la primera había pesos y contrapesos sobre el presidente. Había una serie de personas alrededor de la mesa y cercanas al presidente, pero que entendían que eran republicanos tradicionales y que de alguna manera ejercían de freno sobre los instintos más dramáticos por parte del presidente.
En este segundo mandato, el presidente, que ha entendido cómo funciona el juego, ha decidido rodearse de personas que no le hacen de contrapeso, sino que amplifican sus peores instintos, como es el caso del secretario de Guerra. Si el presidente dice diez, el secretario de Guerra lo amplía a 110.
En esta nueva Administración no hay un interés para negociar, acordar y converger. Hay un deseo de imponer.
¿Trump escuchaba a sus interlocutores en su primer mandato?
Lo escuchaban o, los que tenían más responsabilidades ministeriales, buscaban la manera de salirse con la suya. Cuento la anécdota de cómo su propio equipo le dio gato por liebre cuando quiso salirse del acuerdo con Corea. Eso es claramente un adulto en la reunión que entiende que esto sería catastrófico.
Hoy, desgraciadamente, hay mucho menos de esto. Además, tenemos dentro de la mesa del Consejo de ministros a dos posibles candidatos a su sucesión y como esto es como la serie El Aprendiz, donde él les puede premiar o mandar a su casa, tienen mucho cuidado de no posicionarse contra los deseos del presidente. Aunque también vemos cómo en los momentos más complicados suelen desaparecer de la escena.
no vamos a construir capacidad de disuasión europea con 27 capacidades de disuasión europeas. Ahí es donde el gasto tiene que ser también más mancomunado, porque eso nos va a dar más eficiencia, como nos dio más eficiencia en el gasto cuando mancomunamos la salida del COVID con el plan de recuperación
¿Es más peligroso el vicepresidente J.D. Vance que Trump?
Vance es mucho más ideológico y Trump es mucho más transaccional. Buscar una transacción sobre la destrucción de Gaza es bastante chocante, igual que lo es en el caso de la existencia misma de un país llamado Ucrania, pero al final hay un precio.
Usted negoció sobre Venezuela. ¿Le sorprendió que en enero entrasen y se llevasen a Maduro por la fuerza?
En aquel momento, la línea era muy dura con el objetivo de acabar con el régimen. La estrategia primero fue intentar una incursión militar que no funcionó. Después, fue intentar imponer un candidato y luego fue intentar dar credibilidad a eso como la respuesta internacional. Y la verdad es que, en aquel momento, desde la Unión Europea, la estrategia era impulsar una negociación y un cambio de régimen pactado.
Lo chocante ahora es este giro de guion donde se saca a Maduro, habría que preguntarse con qué connivencias interiores, a cambio de mantener el régimen. Había un precio en esta transacción y era hacerse con una economía venezolana muy dependiente del petróleo y que Estados Unidos quiere controlar para poder mantener la hegemonía energética en el mundo. Digamos que parece que la democracia le importa bastante menos.
Sorprende incluso la crudeza del lenguaje, casi de un protectorado colonial.
La democracia no es el objetivo. El objetivo es hacerse con una esfera de influencia, hacerse con un pastel económico jugoso y controlar un hemisferio. Es volver a una época neocolonial.
El actual Gobierno de España se ha erigido en buena parte del mundo como un modelo o baluarte por su posición en Gaza y su firmeza frente a Trump a diferencia de otros líderes europeos, pero a nivel interno ha sido muy criticado por el giro en el Sáhara en favor de Marruecos. ¿Qué opinión le merece?
Siempre que hay una disputa de esta naturaleza –sobre la existencia o no de un Estado o la forma que tiene que tener un modelo de autogobierno en una descolonización que no se ha terminado–, la manera de hacerlo es el pacto. La negociación es la forma de hacerlo porque eso es lo que va a dar solidez al resultado final. No he cambiado de opinión con respecto a esto. Siempre he sido agnóstica con respecto al modo que tenga que tener la solución final. No defiendo una salida concreta, sino el método. Si no se resuelve el problema de fondo, sigue habiendo un conflicto.