De Mladic a Netanyahu y de la Gran Serbia al Gran Israel: cómo glorificar un genocidio
Ratko MladiÄ, el infame carnicero de Bosnia, murió la semana pasada a los 84 años en su celda en La Haya, donde cumplía cadena perpetua por genocidio. Horas después, una oleada de conmemoraciones por el difunto general criminal de guerra recorrió las calles de Serbia y la República Srpska, la región serbia de Bosnia. ¿Cuándo un genocida se convierte en héroe?
“General, gloria eterna. Gracias”, rezaba una pancarta de los aficionados del Estrella Roja de Belgrado en un partido el jueves por la noche contra el Viktoria Plzen. El equipo publicó en sus redes la foto de la pancarta con los aficionados haciendo el saludo militar. Por todo el país han aparecido carteles y grafitis honrando al “héroe” e incluso algunos de sus seguidores han desfilado cantando su nombre en las mismas calles donde Mladic cometió los peores crímenes y enalteciendo el genocidio: “Cuchillo, alambre de púas, Srebrenica”.
MladiÄ lideró el largo y sangriento asedio de Sarajevo de 1.425 días, hasta entonces el más largo en la historia salvaje de la guerra moderna y que dejó más de 13.000 muertos. Poco después entró victorioso en la ciudad de Srebrenica. Sus soldados repartían chocolatinas a los niños y las cámaras le grabaron acariciando la cabeza de uno de esos niños, Izudin Alic. Paralelamente, las fuerzas de MladiÄ daban caza y asesinaban al padre de Alic y a otros 8.000 menores y adultos, la mayoría musulmanes, en la peor masacre cometida en suelo europeo desde el holocausto.
El general era la pata militar de un triángulo compuesto por Slobodan MiloševiÄ y Radovan KaradžiÄ. MiloševiÄ, presidente de Serbia, había resucitado la idea de la Gran Serbia, una suerte de nacionalismo fascista expansionista, y KaradžiÄ, presidente de la República Srpska, era su socio político en Bosnia. El primero murió mientras estaba siendo juzgado en La Haya y el segundo fue condenado y cumple condena por genocidio y otros crímenes de guerra.
Victimismo
Serbia demuestra que la justicia no es el fin del círculo. Los líderes criminales fueron juzgados y ya quedan pocos con vida, pero detrás de sus barbaridades hay algo mucho más amplio que pervive, el proyecto de la Gran Serbia y su nacionalismo irredentista. Su caso sirve de ejemplo para Israel, salvando todas las distancias. Si algún día Netanyahu y los suyos son condenados por genocidio y crímenes de guerra, nada cambiará en los territorios ocupados si las élites del país siguen manteniendo su ideología ultranacionalista e irredentista del Gran Israel.
En Serbia, el proyecto ultra fue derrotado —dejando decenas de miles de muertos a sus espaldas— y hoy trata de resucitarlo una nueva generación nacionalista y una clase política que lo usa con intereses electorales y que hace equilibrios imposibles para no apoyar abiertamente ante el resto del mundo crímenes de guerra.
En Israel, sin embargo, es esta ideología la que dirige la política del país desde hace décadas. Para muchos, desde su mismo nacimiento. Ya se lo explicaba David Ben Gurion, el que sería el primer jefe de gobierno del país, en una carta a su hijo, quien estaba decepcionado con el plan de partición de Palestina por insuficiente. “Mi hipótesis es que un Estado judío que ocupe solo una parte del territorio no es el final, sino el principio [...] La creación de un Estado, aunque solo sea en una parte del territorio, supone un poderoso impulso a nuestros esfuerzos históricos por liberar todo el país”, escribió. Netanyahu también ha mostrado abiertamente su adhesión al proyecto del Gran Israel, que evidentemente pasa por deshacerse de los palestinos y ocupar los países árabes vecinos.
Hace dos años estuve escribiendo varios reportajes desde Serbia. En la Plaza de la República, principal punto de encuentro de Belgrado, había aparecido un inmenso grafiti: “El único genocidio cometido en los Balcanes fue contra los serbios”. Justo encima había decenas de pintadas con el rostro de Mladic. El mensaje refleja el victimismo que sirve como uno de los pilares del proyecto de la Gran Serbia, impulsado por el famoso Memorando de la Academia Serbia de las Ciencias y las Artes que recogía en los años 80 toda una lista de agravios contra el pueblo serbio.
Un victimismo que se aplica también en el caso israelí, que alega que tiene que expandirse y ocupar al resto como única manera de garantizar su seguridad. Si uno cambia Israel por Serbia en el grafiti, queda el argumento que repite el Gobierno de Netanyahu cada vez que se le acusa de genocidio en Gaza.
“Bombardead hasta que estén al borde de la locura”
La idea del Gran Israel es un concepto que se remonta prácticamente a los orígenes del movimiento sionista, pero que el gobierno más radical de la historia del país ha reimpulsado con fuerza. Hace una interpretación geográfica expansionista del Israel bíblico y se basa en la supremacía étnica judía en el territorio, tal y como ha reflejado el Ejecutivo actual con su infame ley del Estado nación judío. Este fin de semana, Netanyahu repetía en televisión: “Este es el Estado nación del pueblo judío. Otros tienen derechos, pero ante todo este es nuestro Estado nación”.
Mientras tanto, se continúan cometiendo barbaridades en nombre de una ideología radical. Los conocidos crímenes de los francotiradores en Sarajevo no distan tanto de la caza de civiles en Gaza con francotiradores y con drones. Entre las órdenes infames de Mladic, varias han pasado a la historia: “Atacad a los barrios musulmanes; allí no viven muchos serbios. Bombardeadlos hasta que estén al borde de la locura”. Bombardear a todo un pueblo para doblegarlo, como en Gaza. Es precisamente su fanatismo lo que hoy ha convertido a Mladic en un héroe. El mismo fanatismo que hoy domina la política israelí.
“Como especialista en atrocidades masivas, creo que debemos tener cuidado con la forma en que intentamos comprender o explicar las acciones de los autores de estos crímenes. Los medios de comunicación retratan a MladiÄ como un monstruo, un loco y el ‘carnicero de Bosnia’. Pero creo que es importante señalar que no era un psicópata”, escribe Olivera Simic, una de las mayores expertas en derecho internacional y los Balcanes. “Caracterizarlo de esa manera minimiza su responsabilidad penal, así como las estructuras que hicieron posibles sus crímenes”.
“Comprender cómo personas como MladiÄ pudieron cometer estos crímenes es clave si queremos aprender a evitar que vuelvan a ocurrir en el futuro. Un aspecto importante de todo ello fue la enorme infraestructura militar que lo rodeaba. Él solo no podría haber cometido todas las atrocidades de la guerra. Contaba con un ejército de personas que respaldaban sus decisiones y actuaban siguiendo sus órdenes”, escribe Simic.
El mundo no ha aprendido la lección.
Tienes que escuchar…
A Tupac Shakur. Hace unos días, Marco Rubio (sí, Marco Rubio) tuvo el descaro de decir en una entrevista que su rapero favorito de todos los tiempos es Tupac. O Rubio no ha escuchado a Tupac o no tiene vergüenza, pero el rapero cantaba contra todo eso que el secretario de Estado representa.
Ahí os dejo un fragmento del tema Changes.
I see no changes can't a brother get a little peace [no veo ningún cambio, es que un hermano no puede tener un poco de paz?]
It's war on the streets & the war in the Middle East [hay guerra en las calles y guerra en Oriente Medio]
Instead of war on poverty they got a war on drugs [en lugar de guerra contra la pobreza tienen una guerra contra las drogas]
so the police can bother me [para que la policía pueda molestarme]
[...]
I'm tired of bein' poor & even worse I'm black [estoy harto de ser pobre y, lo que es peor, de ser negro.]
my stomach hurts so I'm lookin' for a purse to snatch [me duele el estómago, así que estoy buscando un bolso que robar]
Cops give a damn about a negro [a la policía le importa una mierda un negro]
pull the trigger kill a nigga he's a hero [aprieta el gatillo, mata a un negro y es un héroe]
Give the crack to the kids who the hell cares [dale crack a los críos, ¿a quién coño le importa?]
one less ugly mouth on the welfare [una boca fea menos que vive de la ayuda social]
Gracias por llegar hasta aquí.
Hasta la semana que viene