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Salvini, en la cuerda floja: el ministro ultra de Italia sufre una rebelión interna ante el posible descalabro de su partido

El vicepresidente de Italia, Matteo Salvini, en un acto el 22 de agosto en Pinzolo.

Joan Mas Autonell

Roma —
31 de agosto de 2026 21:30 h

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Matteo Salvini, líder de la Lega y una de las caras más visibles de la ultraderecha italiana de estos años, vive sus peores días desde que asumió el liderazgo del partido a fines de 2013. Afectado por la reciente escisión del militar Roberto Vannacci, quién fundó una nueva fuerza supremacista que le podría quitar muchos votos, Salvini se enfrenta a una crisis interna en su formación mientras crecen las críticas de líderes leguistas del norte del país, bastión histórico del partido.

Muchos piden al vicepresidente y ministro de Transportes de Italia un cambio de rumbo que devuelva la Lega a su espíritu original, basado en defender el federalismo y las regiones norteñas. Tras más de una década sin casi ver puesto en cuestión su liderazgo, el malestar es tal que algunos piden su relevo, una renovación profunda o una estructura de mando menos centrada en su persona.

A menos de un año para comicios generales, previstos para 2027, los sondeos pronostican un descenso que podría convertir a la Lega en fuerza residual, con apenas el 5% de los votos, lejos de sus máximos históricos de 2019, cuando obtuvo más del 34% de sufragios y fue la formación más votada en las elecciones al Parlamento europeo. Aquel fue el punto álgido de Salvini, quién se perfiló cómo figura de ultraderecha dura y mutó los fundamentos de la formación. La Lega había dejado atrás su regionalismo septentrional para ampliar su presencia en el centro y sur de Italia, transformándose en una fuerza ultranacionalista, euroescéptica y con contundente retórica antimigratoria y defensora de la seguridad, una deriva que no gustó a sectores del partido en el norte.

La Lega en la que yo milité quería el federalismo y tuvo guiños independentistas, pero Salvini la convirtió en una fuerza centralista

Roberto Castelli Exministro y exmilitante de la Lega

Ante el declive que muchos temen, son justo estos los que presionan para lograr un giro que evite el desastre. “La Lega siempre fue un partido centrado en el líder, también con Salvini, que colocó a sus hombres leales en puestos clave, pero los rebeldes del norte tienen la fuerza de la protesta y causan mucho ruido. Ahora mismo hay una guerra abierta en la Lega que rara vez se vio”, dice a elDiario.es Alessandro Braga, reportero de Radio Popolare en Milán, experto en la formación ultra y autor del libro “Verdenero: el presente y futuro de la Lega”.

Las trifulcas del partido habían sido muchas históricamente, pero Salvini dio un giro de 180 grados. “Abandonó la defensa del norte y cambió de línea política. ”La Lega en la que yo milité quería el federalismo y tuvo guiños independentistas, pero Salvini la convirtió en una fuerza centralista“, considera en declaraciones a elDiario.es Roberto Castelli, exministro de Justicia en el Gobierno de Silvio Berlusconi entre 2001 y 2006, y miembro de la vieja guardia de la Lega que en 2022 dejó el partido al oponerse a la deriva de Salvini.

Auge y declive de un líder

Salvini llegó a su cúspide de popularidad entre 2018 y 2019, cuando Giorgia Meloni era aún una política secundaria, como ministro del Interior en un gobierno junto al Movimiento 5 Estrellas (M5S). Entonces copó el protagonismo por decisiones como el bloqueo de la entrada de migrantes desde el Mediterráneo central, con una política de prohibición de acceso a puertos italianos de barcos de rescate de organizaciones como la catalana Open Arms. El polémico caso culminó en un proceso judicial en el que fue finalmente absuelto.

Aun así, la credibilidad de Salvini cayó tras cometer errores de cálculo, entre ellos su ruptura con el Ejecutivo de Conte en verano de 2019, cuando quiso aprovechar su pico de popularidad para forzar la convocatoria de elecciones, mientras el M5S le acusaba de priorizar intereses partidistas. Al final, los comicios se evitaron con un nuevo Gobierno entre M5S y el Partido Demócrata, que relegó a Salvini a la oposición. Su imagen ultra también se vio dañada al entrar en el Gobierno de unidad nacional de Mario Draghi en 2021, en plena pandemia. El Ejecutivo caería en 2022 y medidas como los confinamientos o controles sanitarios no ayudaron a la Lega a ganar apoyos.

Salvini está en un callejón sin salida. Es el período más oscuro de su carrera política

Alessandro Braga Reportero experto en la Lega

Según los analistas, la extensión del ultraderechismo que Salvini contribuyó a normalizar allanó el camino para el ascenso posterior de Meloni, quién ganó los comicios de 2022 con Fratelli d’Italia (FdI), fuerza posfascista que vencía con 26% de los votos, ante el escaso 8,8% de la Lega. Desde entonces, Meloni fue figura preeminente de la extrema derecha y Salvini quedó en segundo plano. Pasó a ser parte de su coalición como vicepresidente, pero no pudo recuperar Interior, y estos años ejerció como ministro de Transportes, sin la misma proyección.

“Salvini está subordinado a Meloni. Ella domina la coalición. Él perdió peso por los problemas de la Lega y su falta de apoyo interno”, cuenta Braga. “La única opción para recuperar influencia sería su vuelta al Ministerio de Interior, cómo piden sus partidarios, dónde podría gestionar materias como migración o seguridad”, pero Meloni “no quiere cambiar su equipo de gobierno” a poco tiempo de los comicios. “Esto hace que Salvini esté en un callejón sin salida. Es el período más oscuro de su carrera política”, dice el reportero, experto en la Lega.

De Vannacci a la rebelión del norte

Con todo, la estocada final a Salvini se produjo este año y vino de su número dos, el exgeneral Roberto Vannacci. El líder leguista le fichó como candidato para los comicios europeos de 2024, con la idea de reforzar el partido después de que el militar publicara un libro convertido en bestseller con enfoques racistas y reaccionarios. En las urnas, Vannacci logró más de 500.000 votos y escaño en Bruselas, y Salvini le catapultó como vicesecretario.

Pero la jugada le salió mal: Vannacci, aprovechando su notoriedad cómo líder ultra, marcó perfil propio y dejó la Lega en febrero para crear su propio partido, Futuro Nazionale, con el que busca presionar por la derecha a Salvini y Meloni abogando por posturas supremacistas, identitarias y antimigración aún más contundentes. De hecho, las encuestas indican que podría obtener más del 7% de votos en las próximas elecciones, logrando el sorpasso a la propia Lega, lo que destapó la caja de los truenos contra Salvini dentro de la propia formación.

Pese a su expansión esta última década por toda Italia, el centro neurálgico de la Lega sigue siendo el norte, dónde muchos líderes —ya reacios en su momento a dar espacio a Vannacci— cuestionan el liderazgo de Salvini. Entre los exponentes de la disensión están el exgobernador del Véneto, Luca Zaia, de línea liberal, que aboga por un liderazgo más colegiado del partido, así como el jefe del partido en el Senado, Massimiliano Romeo, o el gobernador de Lombardía, Attilio Fontana, miembro de la vieja guardia leguista y activo desde los inicios.

Entre los exponentes de la disensión están el exgobernador del Véneto, Luca Zaia, así como el jefe del partido en el Senado, Massimiliano Romeo, o el gobernador de Lombardía, Attilio Fontana, miembro de la vieja guardia

“No se puede descartar de antemano ninguna solución. La Lega no teme la renovación”, dijo Fontana en una entrevista este agosto con el periódico Il Corriere della Sera, dejando abierta la posibilidad de relevar a Salvini. “Pedimos revisar la estructura del partido”, agregó el dirigente, quién encabeza las críticas junto a Romeo. Este último publicó hace poco un libro donde aboga por los valores de base de la Lega, que, a su entender, debe mantenerse como partido nacional, pero proteger “las identidades territoriales” y convertir Italia en una República federal.

Los díscolos quieren que se llegue a un pacto antes de la tradicional reunión anual del partido, el 20 de septiembre en Pontida. Las informaciones de prensa indican que este sector amenaza con exigir la convocatoria de un congreso extraordinario si no hay avances. Salvini, por su parte, aseguró que no quiere modificar estatutos ni celebrar otro congreso. “No hay necesidad de cambiar reglas. Celebramos congreso el año pasado, no podemos hacer uno todos los años”, alegó. Aun así, para Braga, no tiene más opción que negociar si quiere que el partido recupere fuerzas.

“Salvini debe decidir cuánto ceder a los disidentes. Ambas partes tienen necesidad de hallar una solución. Probablemente, ahora trabajen entre bastidores para alcanzar un compromiso”, cree el experto, que no augura la caída inmediata del líder. “Un cambio de liderazgo drástico, a poco tiempo de los comicios, podría tener consecuencias aún peores, por eso creo que buscarán una forma de mantenerse unidos”, comenta. Sin embargo, “si las elecciones no le van bien, Salvini quedará inhabilitado y tendrá que dimitir”, alerta Braga.

De la Padania de Bossi al nacionalismo 'salviniano'

Desde su fundación en 1989 por Umberto Bossi —quien murió este 2026—, la Lega marcó la política italiana con su defensa de lo que denominó Padania, un espacio que engloba el norte industrial del país en torno al río Po, contrapuesto a un sur menos desarrollado, que era blanco de sus ataques. Durante años, los leguistas despreciaron al Mezzogiorno, incluso con reproches xenófobos, por la supuesta carga económica que suponía la zona sur.

La Lega también popularizó eslóganes insignia como “Roma Ladrona”, que denunciaba el pretendido expolio fiscal por parte del Estado central para cubrir los gastos del sur a expensas del norte. A su vez, ideó lemas como “Primero el norte”. Sin embargo, su aroma antisistema se diluyó con sus alianzas con Silvio Berlusconi. La Lega fue socia en las cuatro coaliciones que este lideró, asumiendo ministerios clave en el mismo Ejecutivo central.

La carrera de Salvini, nacido el 1973, se fraguó en este contexto. Se unió a la Lega con solo 17 años, y en 1993 fue elegido concejal en Milán. Durante dos décadas fue escalando en el organigrama hasta alcanzar el liderazgo- Ya en la cúpula, cuando convirtió el partido en una fuerza ultranacionalista o anuló el nombre original de Lega Nord, Bossi lo consideró un traidor. Salvini también abandonó el eslogan “Primero el norte” y popularizó la alternativa “Primero los italianos”, un giro que los líderes del norte ahora quieren deshacer. Según Braga, parten con algo de ventaja para ello.

“El proyecto nacional de la Lega en Italia parece muerto. Los votos que mantiene son en el norte, dirigido por disidentes de Salvini”, lo que hace que deba aceptar parte de sus demandas. “Si no lo hace, se enfrentará a un conflicto abierto. O retoma las ideas originales de la Lega o está acabado”, concluye el especialista.

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