Perder una guerra sin perder una batalla: qué dice el manual de defensa de Irán y cómo ha atrapado a EEUU en su propio fuego
Trump tiene una manera curiosa de ganar guerras: mientras canta victoria en Irán, pide a sus aliados que le ayuden a desbloquear el estrecho de Ormuz. En Washington no se esperaban la respuesta iraní en este punto estratégico ni sus ataques masivos en la región.
Unos días antes de la ofensiva, Bloomberg preguntó al secretario de Energía qué pasaría en caso de guerra. “Si miras lo que ocurrió en la guerra de los 12 días del año pasado, fue un conflicto grave con un gran productor de petróleo, pero los precios subieron ligeramente y luego volvieron a bajar”. Esta afirmación demuestra lo perdidos que estaban en Washington.
La escalada horizontal resulta especialmente atractiva como estrategia para las partes más débiles en un enfrentamiento militar. En lugar de intentar derrotar de frente a un adversario más fuerte, la parte más débil multiplica los ámbitos de riesgo
Una vez iniciado el conflicto, Pete Hegseth, secretario de Guerra de Trump, confesó que no esperaban este nivel de respuesta de Irán con los misiles y drones en la región: “No puedo decir que anticipáramos necesariamente que iban a reaccionar exactamente así, pero sabíamos que era una posibilidad. Creo que es una muestra de la desesperación del régimen”.
Ese es el problema. Lo que para EEUU es “una muestra de la desesperación del régimen”, en realidad es una estrategia perfectamente calculada de Teherán que, por el momento, está consiguiendo arrastrar a EEUU a un conflicto más largo de lo esperado. Se llama escalada horizontal y consiste en cambiar las reglas del juego de un conflicto ampliando su alcance y duración, en lugar de intensificar la violencia de manera vertical en un único escenario (que sería Israel). Esto explica los ataques masivos a más de una decena de países en la región y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
“La escalada horizontal resulta especialmente atractiva como estrategia para las partes más débiles en un enfrentamiento militar. En lugar de intentar derrotar de frente a un adversario más fuerte, la parte más débil multiplica los ámbitos de riesgo, involucrando a otros Estados, sectores económicos y opiniones públicas nacionales en el ámbito del conflicto. Irán no puede derrotar a Estados Unidos ni a Israel en un enfrentamiento militar convencional. Tampoco lo necesita. Su objetivo es ganar mayor influencia política”, explica el académico Robert Pape en un artículo en Foreign Affairs.
Daniel Levy, exnegociador israelí y actual presidente del US/Middle East Project, me comentaba que EEUU se está viendo obligado a lidiar con una lógica de escalada diseñada por Irán. “Irán ya puede considerar que ha logrado ejercer una disuasión considerable y ha impuesto un alto coste al aventurerismo estadounidense, yendo más allá de limitarse a ganar por no perder”, dice.
La estrategia de escalada horizontal altera el cálculo y aumenta el coste-beneficio de atacar un país. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con Irán. En enero de 2020, unos días antes de dejar la Casa Blanca tras su primer mandato, Trump ordenó un ataque con drones para asesinar al general Qasem Soleimani, uno de los principales líderes de la Guardia Revolucionaria. Irán respondió días más tarde lanzando 12 misiles balísticos contra una base estadounidense en Irak, pero avisó de antemano a las autoridades del país para evitar una escalada descontrolada. Israel también bombardeó el país el 26 de octubre de 2024 sin grandes consecuencias por parte de Teherán.
Unos meses más tarde, en junio de 2025, EEUU e Israel lanzaron una amplia campaña de ataques contra Irán en la conocida como guerra de los 12 días. Washington atacó instalaciones nucleares y los bombardeos mataron a decenas de comandantes y altos cargos del Ejército iraní, que respondió con oleadas de misiles contra Israel y un ataque final contra la principal base militar estadounidense en Oriente Medio, situada en Qatar. Una vez más, Irán avisó de antemano de su ataque para evitar una mayor escalada y el conflicto terminó con un alto el fuego.
EEUU estaba convencido de que esta vez ocurriría lo mismo.
De Vietnam a Irán: lecciones (no) aprendidas
La estrategia de paciencia estratégica de Irán —la misma que mantuvo a Teherán durante meses en el marco del acuerdo nuclear pese a la salida estadounidense en 2018— de los últimos años no ha servido para contener a EEUU. “En Washington, muchos creían que Irán era un tigre de papel, que el régimen era frágil y podría derrumbarse con un solo empujón más y que un enfrentamiento militar tendría un coste relativamente bajo”, me escribe Sina Toossi, investigador del Center for International Policy.
“Irán llevaba mucho tiempo desarrollando esta capacidad de respuesta, de ahí la dispersión de la capacidad de lanzamiento de misiles entre tantas unidades independientes repartidas por todo el país. Tras reevaluar su situación de seguridad nacional después de junio de 2025 (y, en cierta medida, antes, dado el debilitamiento de Hizbulá y la caída de Asad en Siria), al parecer llegó a la conclusión de que, en circunstancias de grave amenaza, la respuesta de Irán estaría diseñada para restablecer un alto grado de disuasión, lo que generaría costes prohibitivos y caos en toda la región”, dice Levy.
Como señala Pape, autor de Bombing to win: Air Power and Coercion in War, esta estrategia de escalada horizontal ya ha funcionado en otras ocasiones contra EEUU: Vietnam y Serbia. “En 1967, EEUU había lanzado sobre Vietnam del Norte un tonelaje de bombas tres veces superior al utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. Washington poseía una enorme superioridad aérea y un dominio aparente de la escalada, lo que significaba que Vietnam del Norte no podía esperar igualar golpe por golpe a EEUU”, escribe Pape. EEUU había devastado los centros y arterias cruciales de comunicación, militares e industriales, pero las fuerzas norvietnamitas y del Vietcong lanzaron ataques coordinados contra más de 100 ciudades y pueblos de todo Vietnam del Sur.
“Aunque la ofensiva resultó costosa para las fuerzas comunistas, destrozó la percepción de que la victoria de Vietnam del Sur y EEUU estaba cerca. La lección no fue que los bombardeos fracasaran tácticamente. Fue que Hanói intensificó el conflicto de forma horizontal, ampliándolo más allá de los campos de batalla rurales hacia las ciudades y los centros neurálgicos políticos de Vietnam del Sur, transformando una contienda militar en una agitación política a escala nacional y modificando los cálculos internos en Washington”, dice Pape. “En Vietnam, Estados Unidos nunca perdió una batalla, pero aun así perdió la guerra”, añade.
Guerra de desgaste (y de reservas)
EEUU dice que ha golpeado 15.000 objetivos en Irán, que su volumen de misiles se ha reducido un 90% y el de drones, un 95%. Sin embargo, Teherán y sus aliados continúan lanzando ataques en toda la región.
“La capacidad de Irán para mantener esta situación se ha basado en que una parte suficiente de su capacidad de lanzamiento de misiles sobreviviera a las oleadas de ataques estadounidenses e israelíes, consciente de que un número relativamente reducido de misiles iraníes en vuelo basta para hacer que las otras partes paguen el precio de este conflicto” dice Levy. “Irán parece haber utilizado inicialmente drones y misiles relativamente baratos y de baja calidad con el objetivo de que los EEUU e Israel agoten sus existencias de misiles interceptores. Esto ha supuesto un reto para quienes iniciaron esta guerra”, añade.
Irán ya puede considerar que ha logrado ejercer una disuasión considerable y ha impuesto un alto coste al aventurerismo estadounidense, yendo más allá de limitarse a ganar por no perder
“También está quedando claro que Irán se ha preparado para un conflicto más prolongado y ha reservado parte de su capacidad de misiles más potentes. El hecho de que el movimiento hutí en Yemen, aliado de Irán, aún no se haya sumado a la contienda sugiere además que Irán cuenta con una capacidad de apoyo que no se está utilizando en esta fase inicial y que se mantiene en reserva”, explica el exnegociador. “Ese activo sin explotar añadiría una nueva dimensión a su capacidad para cerrar las rutas marítimas en el mar Rojo, hacia donde se han desviado algunas exportaciones energéticas del Golfo. Por supuesto, Irán ha estado sufriendo duros golpes en el frente interno, sin que estos provoquen un escenario que se acerque al colapso”, añade.
Solo en los primeros cinco días de guerra, el Pentágono dijo que Irán había disparado más de 500 misiles balísticos y 2.000 drones. Según un informe publicado en diciembre por el Center for Strategic and International Studies, Estados Unidos lanzó entre 100 y 250 misiles interceptores durante la guerra de junio, lo que supuso entre el 20% y el 50% de las existencias del Pentágono de este tipo de proyectiles (THAAD). El ejército estadounidense también utilizó 80 misiles SM-3, casi una quinta parte de sus reservas, según el informe.
Esta vez el esfuerzo requerido es mucho mayor y los suministros de munición serán fundamentales para el futuro de la guerra.
La defensa mosaico
“Hemos tenido dos décadas para estudiar las derrotas del Ejército de EEUU en nuestro entorno inmediato al este y oeste y hemos incorporado las lecciones oportunas. Los bombardeos en nuestra capital no tienen impacto en nuestra habilidad de llevar a cabo la guerra. Una defensa mosaico descentralizada nos permite decidir cuándo y cómo terminará la guerra”, advertía el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, inmediatamente después de comenzar la guerra.
Propaganda al margen, la defensa mosaico es una doctrina de supervivencia iraní ante una guerra prolongada frente a un enemigo superior. Se trata de mantener en funcionamiento la toma de decisiones y las unidades operativas ante la posible muerte de comandantes y líderes. Consiste en organizar la defensa en múltiples capas regionales semiindependientes y es un concepto asociado en un inicio a la Guardia Revolucionaria bajo el comandante Mohammad Ali Jafari, que lideró el cuerpo de 2007 a 2019.
Si se rompe la cadena de mando o las comunicaciones, esas capas tienen la autoridad y la capacidad de actuar. Así ocurrió tras la guerra de junio de 2025, cuando murieron decenas de altos mandos; y así está ocurriendo en el conflicto actual. Esta doctrina hace realmente complicado desmantelar a la fuerza la defensa del país pese a la debilidad relativa frente al adversario.
La defensa mosaico es el pilar que permite la escalada horizontal. Las claves de la doctrina militar iraní son la resistencia, las reservas, la descentralización y el desgaste. Según Pape, EEUU tiene dos opciones:
La primera es intensificar la campaña de bombardeos para suprimir las capacidades de lanzamiento y dominar los cielos, lo que puede llevar a la necesidad de “una contención y un control militar agresivos y permanentes del espacio aéreo iraní”. “La ocupación aérea permanente no conduce al control político, y sin un mayor control político, Irán seguirá representando una amenaza real para los intereses estadounidenses”, escribe.
En Washington, muchos creían que Irán era un tigre de papel, que el régimen era frágil y podría derrumbarse con un solo empujón más y que un enfrentamiento militar tendría un coste relativamente bajo
La segunda es terminar el compromiso militar declarando que los objetivos se han cumplido, lo que le costaría graves críticas internas. Esta salida es similar a la adoptada en junio de 2025. “Teniendo en cuenta estas circunstancias, lo más sensato para Estados Unidos podría ser aceptar una pérdida limitada ahora, en lugar de arriesgarse a que las pérdidas se agraven más adelante”.
Trump dio alguna pista el pasado viernes, cuando afirmó que tiene “una potencia de fuego sin igual, munición ilimitada y mucho tiempo” por delante para combatir a la “escoria demente” que lidera Irán.
La conclusión de Levy es clara: “Como era de esperar, Estados Unidos (incapaz de aprender de la historia) ha vuelto a descubrir que el poder aéreo abrumador tiene una relación muy débil con el colapso político de un adversario. No hay ningún escenario fácil de cambio de régimen o capitulación, ningún Venezuela 2.0 a la vista”.
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Hoy vengo con un clásico del que hablamos el otro día en la redacción cuando comentábamos cómo era posible un fallo de prospectiva tan grave como el que ha cometido ahora EEUU en Irán.
Se trata de Legado de cenizas: historia de la CIA (2007), del periodista Tim Weiner, ganador del Premio Pulitzer, y basado en más de 50.000 documentos desclasificados y centenares de entrevistas con miembros de la agencia.
El comunicado de la CIA tras su publicación quizá te anime a leerlo: “Gracias a una amplia variedad de fuentes, Tim Weiner tuvo la oportunidad de escribir una historia equilibrada sobre un tema complejo e importante. Pero no lo hizo. Su parcialidad eclipsa su rigor académico. No se puede conocer la verdadera historia de la CIA a través de Legado de Cenizas”.
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Hasta la semana que viene!