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REINO UNIDO

El país que odia a sus políticos

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —
6 de mayo de 2026 22:07 h

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Dos años después de llegar al Gobierno con una mayoría parlamentaria abrumadora, el laborista Keir Starmer se enfrenta a la peor derrota electoral de su partido en décadas. El Partido Conservador, ya hundido a niveles nunca vistos, puede dejar de tener representación en regiones enteras. El principal beneficiario, Reform, está liderado por uno de los políticos más detestados del país. Las alternativas por la izquierda pueden cosechar éxitos, pero sus jefes despiertan dudas.

Las elecciones locales y regionales de este jueves en Inglaterra, Gales y Escocia apuntan a la misma fragmentación de los últimos meses y sobre todo reflejan el imparable descontento ciudadano que se puede llevar a otro primer ministro por delante. 

En las municipales en Inglaterra, el Partido Laborista puede perder más de 1.500 concejales de los 5.000 que están en juego en ciudades que incluyen Londres, Manchester, Birmingham, Leeds y Newcastle. Los principales beneficiarios de las caídas laboristas son la extrema derecha de Reform y, por la izquierda, el Partido Verde y los liberaldemócratas.

“Las elecciones en Inglaterra son unas elecciones de ruptura, con el derrumbe total de los dos principales partidos, y el rechazo de la gente al statu quo, con la idea de que ninguno de los dos supone gran diferencia para sus vidas”, explica Luke Tryl, director de la encuestadora More in Common en el Reino Unido, especializada en grupos de entrevistas conjuntas con ciudadanos para comentar sus preocupaciones. “En Escocia, son unas elecciones que se podrían resumir en 'bah'. En Gales son las elecciones del cambio”.

En la votación al Parlamento de Gales, el Partido Laborista puede perder el Gobierno por primera vez desde la creación de la asamblea autónoma galesa, en 1999, y después de un siglo siendo la primera fuerza política en la región. La competición en Gales está ahora entre el partido nacionalista galés, Plaid Cymru, y Reform.

En los comicios para el Gobierno en Escocia, el hundimiento de los laboristas ayudará a que el partido nacionalista escocés SNP siga en el poder después de dos décadas y pese a los escándalos de corrupción de los últimos años. O, como dice Tryl, las elecciones del aburrido “bah”.

En todo caso, considerando las estimaciones disponibles, los resultados pueden estar “entre los peores de la historia para el Partido Laborista”, según explica Tryl, que pone como marca de referencia el derrumbe en las elecciones locales de los conservadores en 1995, cuando perdieron unos 2.000 concejales dos años antes de la llegada de Tony Blair al poder. “Puede sobrepasar eso”.

Carrera laborista

Los rivales en el Partido Laborista de Starmer ya se están preparando para una posible sustitución del primer ministro que, en teoría, fue elegido por los ciudadanos hasta 2029. 

En un artículo este domingo en el semanario The Observer, Starmer pidió unidad para evitar que “las luchas internas” hundan al Gobierno como sucedió con los conservadores. Esto coincide con movimientos explícitos de los aspirantes a sucederle dentro del partido y, por lo tanto, según las reglas parlamentarias, al frente del ejecutivo.

Los aliados de Andy Burnham, el popular alcalde de Manchester, aseguran que puede volver pronto a ser diputado, requisito necesario para ser candidato al liderazgo del partido, ya que algún parlamentario está dispuesto a dimitir para que él pueda presentarse en cuestión de semanas. Los partidarios de Angela Rayner, la ex viceprimera ministra que dimitió por una investigación sobre sus impuestos aun sin resolver, y el ministro de Sanidad, Wes Streeting, aseguran tener listo el apoyo de los 80 diputados necesarios para desafiar a Starmer. 

El primer ministro Starmer y algunos ministros leales piden a los laboristas que no caigan en el caos de los tories, que pasaron por tres primeros ministros en dos años hasta llevar a su partido al abismo del descontento.

Starmer asegura que cumplirá con su mandato, pero según el nivel de catástrofe del resultado este jueves puede verse presionado para diseñar una estrategia de salida ordenada de aquí a finales de septiembre, cuando se celebra el congreso del Partido Laborista en Liverpool. 

Varios ministros, según el diario The Guardian, llevan días intentando calmar los ánimos de los diputados y contrarrestar los movimientos de algunos rivales de Starmer, aunque reconocen que todo es posible ante los malos resultados y la impopularidad del primer ministro.

“Los que estamos en nuestro sano juicio no queremos en realidad ninguna carrera por el liderazgo ni un calendario de salida para Keir que debilite la posición del partido, pero reconocemos que, cuando el ambiente está crispado, las cosas pueden descontrolarse”, dice un ministro al diario.

El ex primer ministro conservador, John Major, desaconsejó hace unos días la rebelión contra Starmer por la experiencia de su propio partido: “No creo que sea una buena idea seguir cambiando de primer ministro”, dijo en la BBC. “La mayoría de los problemas del país son a largo plazo”.

Impopulares políticos

Starmer es ya tan impopular como Boris Johnson, Rishi Sunak y Liz Truss. Apenas el 19% de los ciudadanos tiene una opinión favorable sobre él, según Ipsos, y la mitad de la población quiere que dimita. Entre sus rivales laboristas, sólo Burnham destaca ligeramente para bien aunque la mayoría prefiere a “ninguno”. 

El otro político más detestado del país es Nigel Farage pese a ser el líder del partido que tiene la intención de voto más alta en las encuestas generales, Reform, antes llamado Partido del Brexit. La mayoría de los británicos tienen una opinión negativa sobre Farage: además de Starmer, sólo otro político británico tiene una valoración tan negativa, Jeremy Corbyn, el exlíder del Partido Laborista. Cuando se da a elegir entre Farage y Starmer para liderar el país suele ganar el laborista igual que entre un gobierno laborista en lugar de uno de Reform.

“La aprobación de Farage está en caída constante desde otoño del año pasado”, explica Tryl, de More in Common. “El principal asunto es su relación con Trump. Pero también estamos viendo en grupos de ciudadanos inclinados a la derecha que empiezan a percibirlo como parte del establishment y a dudar de que realmente vaya a hacer algo diferente”.

También comenta que la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, tiene ahora mejor valoración que otros políticos, pero eso no se ha notado en la intención de voto de su partido. “Tiene menos valoraciones negativas, es percibida como más auténtica... Pero mucha gente no está dispuesta a mirar a los tories de nuevo después de los últimos 14 años”.

Sólo hay un político que es más impopular y detestado que todos estos en el Reino Unido, pero no es británico: Donald Trump. Starmer, de hecho, se había recuperado algo en las encuestas por su oposición a la guerra de Irán y su resistencia a las demandas de Trump, pero ha vuelto a caer por la gestión del nombramiento de Peter Mandelson, el exembajador británico en Washington y quien sigue investigado por la policía por su relación con el pederasta Jeffrey Epstein. 

Además, la última ola de protestas contra Starmer ha sido de la comunidad judía tras el apuñalamiento de dos hombres judíos en un ataque investigado como terrorismo en Golders Green, un barrio al norte de Londres. 

Después del ataque, Starmer fue recibido en el barrio entre gritos y pancartas que lo acusaban de odiar a los judíos o de ser un “ayatolá”. La esposa de Starmer es judía practicante y, aunque el primer ministro no se identifica con ninguna religión, acude con ella a una sinagoga en Londres.

En todo caso, el mayor motivo del descontento de los británicos es económico visto el nimio crecimiento del país tocado en cada crisis más que otros vecinos europeos y renqueante por los daños del Brexit, con precios disparados de la comida, la energía y la vivienda. La valoración de la economía está en la peor marca en 48 años, según los datos de Ipsos. El pesimismo ha aumentado en los últimos meses: cinco de las diez peores marcas de la historia han pasado durante este Gobierno laborista. 

Descontento general

Las alternativas no terminan de convencer a los ciudadanos. Los verdes están desafiando a los laboristas en algunos barrios de Londres, aunque el alcalde del partido de Starmer, Sadiq Khan, sigue siendo popular y eso puede ayudar a los concejales de su partido (las elecciones a alcalde son aparte y no se celebran hasta 2028).

El líder verde, Zack Polanski, ha pasado los últimos días dando explicaciones sobre una crítica suya a la policía durante el arresto del asaltante en Golders Green entre otras polémicas. Polanski ha recibido críticas en su propio partido por no ser más contundente frente a los comentarios de algunos candidatos verdes a favor de Hamás o del incendio de sinagogas y que el líder sí condenó. El líder verde asegura que se trata de casos aislados y se queja de que él mismo, que es judío, ha sido objeto de una viñeta que considera antisemita en The Times.

En la última semana, Polanski ha bajado unos 14 puntos en el nivel de aprobación, según los datos de More in Common, en parte porque han subido las opiniones desfavorables sobre él y en parte porque algunos de votantes jóvenes –esencial para su base– han pasado a tener una opinión de positiva a “neutral” sobre él. Sigue siendo poco conocido, pero uno de los datos de su biografía que ha calado, según las encuestas, es su pasado como terapeuta que utilizaba la hipnosis y lo sugirió para una paciente (en realidad, periodista del tabloide The Sun) que quería aumentar sus pechos.

Los verdes lograron una victoria simbólica importante en Manchester este febrero, en un escaño históricamente laborista. En todo caso, el principal problema de Polanski es que hay más personas que desconocen quién es de las que tienen una opinión favorable o desfavorable sobre él, que espera consolidarse como la alternativa de gobierno por la izquierda a los laboristas en los próximos dos años. El partido está reescribiendo su programa para eliminar ideas como la abolición de la monarquía o bajar el límite de velocidad en las carreteras, según Politico.

El Partido Liberaldemócrata ha sido habitualmente la alternativa a los laboristas más próxima por ideología en las elecciones locales, pero tiene las mismas dificultades que los demás para entusiasmar a la población. Su líder, Ed Davey, que ha destacado por su oposición vehemente a Trump, ha mejorado a ojos de los ciudadanos en las últimas semanas, pero la opinión pública sigue dividida sobre él y los vecinos son escépticos en los ayuntamientos que gobierna su partido.

Cuando se interroga a los ciudadanos sobre qué partido puede liderar mejor su ayuntamiento, escuchar a los vecinos, establecer el nivel correcto de impuestos o hacer la ciudad un lugar mejor para vivir, la respuesta más habitual es que ninguno, según las encuestas de Ipsos, con datos de este abril. 

Incluso en lugares donde se espera más claramente un cambio, como en Gales, los ciudadanos no tienen esperanza de que haya una diferencia significativa en el rumbo de los servicios o la vida pública. La respuesta más repetida entre los galeses es que ningún partido conseguirá mejorar la sanidad pública, hacer que la economía local crezca, contener los precios o reducir la inmigración. El partido nacionalista galés SNP es el favorito para representar los intereses de Gales, y apenas el 13% cree que los laboristas merezcan ser reelegidos. 

En Escocia, aunque le vayan a votar, la mayoría de los ciudadanos creen que el Gobierno del SNP liderado por John Swinney no va a conseguir mejorar sus vidas en ningún aspecto. Las expectativas están especialmente bajas en la reducción del coste de la vida. 

“Nadie convence a la mayoría”, explica Gideon Skinner, el director del área de política británica de Ipsos, en la presentación de la encuesta. “Lo que se ve con más claridad es una caída clara de los laboristas y conservadores desde las elecciones generales de 2024 mientras que hay una subida del 10% de Reform y los verdes, con lo que el resultado es un entorno político fracturado y multipolar”. 

Fragmentación

En las elecciones locales ya es habitual que haya más partidos representados más allá de los dos que se han repartido el poder nacional durante más de un siglo. Pero la fragmentación a izquierda y derecha se está pareciendo cada vez más a la de España y otros países europeos.

“La gran pregunta que ha estado planeando sobre el Reino Unido desde 2024 es, ¿estamos presenciando el final del sistema bipartidista?”, explica John Curtice, el gurú de las encuestas de la BBC y catedrático de la Universidad de Strathclyde, en Glasgow, Escocia. “El desafío es si Reform y los verdes representan un cambio duradero en lugar de una burbuja temporal y pueden consolidarse dentro del sistema político del país”, dice Curtice, que también recuerda cómo construir una estructura local es la clave para movilizar la base de cualquier partido, ya que los concejales suelen ser los principales activistas en el terreno.

Cree que ambos están avanzando en ese sentido, como ya demuestran sus candidaturas: Reform, que en otras elecciones ha tenido dificultades para encontrar candidatos, se ha presentado en el 99% de las circunscripciones, más que cualquier otro partido, y los verdes, en el 90%, más que los liberaldemócratas, que suelen ser los más activos en las elecciones locales y la alternativa habitual a los laboristas.

“El hecho de que tantos candidatos estén dispuestos a presentarse es una señal de que están empezando a construir una base activa”, explica Curtice. “Si el Partido Verde y Reform logran obtener un número significativo de concejales, podrían convertirse en los partidos con la base de activistas más fuerte. Si consolidan ese progreso, conservadores y laboristas podrían sufrir un daño serio, y el sistema bipartidista tendría muchas menos probabilidades de recuperarse”.

El futuro de la Unión

Emily Gray, la directora de Ipsos en Escocia, también recuerda que con este panorama de descontento y fractura, el futuro de la Unión también está en disputa. Los nacionalistas van a gobernar en Gales y en Escocia, y es posible que también suceda en las elecciones en Irlanda del Norte en 2027.

El partido nacionalista escocés ya ha dicho que si gana volverá a pedir un referéndum, que tendría que autorizar el Parlamento nacional, ahora algo improbable. 

La independencia en Escocia divide a la población y ha perdido apoyo en la última década, pero eso podría cambiar si hay un Gobierno nacional donde esté la extrema derecha. “Eso podría marcar la diferencia en el apoyo a la independencia”, explica Gray. “Un Gobierno de Reform hace más probable que los escoceses voten sí en el caso de un referéndum”.