Primeras críticas dentro del PP europeo por el apoyo a la coalición italiana liderada por la ultraderecha

Andrés Gil

Corresponsal en Bruselas —

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Ya se oyen las primeras críticas dentro de la familia política conservadora. Está ocurriendo en Alemania, país de origen del bávaro Manfred Weber, presidente del PP europeo y jefe de filas de su familia política en la Eurocámara. Alemania, además, es un país en el que tradicionalmente los conservadores han evitado pactos con la extrema derecha: la excanciller alemana Angela Merkel fue durante su mandato una abanderada de esta posición, hasta el punto de renunciar a que su partido gobernara una de las regiones alemanas porque, para hacerlo, debían pactar con Alternativa por Alemania. Aquel Gobierno, del land de Turingia, acabó en manos de Die Linke, la izquierda alemana.

Una Italia empobrecida y desilusionada se entrega al experimento de un Gobierno de la ultraderecha

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Pero Weber no solo está rompiendo con la tradición alemana sino, también, con su antecesor en el cargo, el polaco Donald Tusk, quien cuando era preguntado por los pactos entre Partido Popular y Vox para gobernar Castilla y León decía que suponían una “capitulación” y que ojalá fueran “un incidente” y no “una tendencia”. Pero ahora el polaco Tusk ya no está al frente de la principal familia política europea y la respuesta de Weber está siendo bien distinta.

Una respuesta distinta incluso a lo expresado antes de las elecciones italianas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien comanda el Ejecutivo comunitario en virtud del pacto entre populares, socialistas y liberales: “La democracia necesita a todos y cada uno. La democracia es un trabajo constante en progreso. Nunca terminamos. También tuvimos elecciones en Suecia. Mi enfoque es que cualquier gobierno democrático que esté dispuesto a trabajar con nosotros, trabajaremos juntos. No eres solo un país miembro que viene y dice: 'Quiero, quiero, quiero'. Sino que estás en el Consejo Europeo y te das cuenta de que mi futuro y mi bienestar también dependen de los otros 26. Esa es la belleza también de la democracia, que a veces es lenta. Veremos. Si las cosas van en una dirección difícil, ya he hablado de Hungría y Polonia, tenemos herramientas”.

Weber hizo campaña por Silvio Berlusconi, eterno líder de Forza Italia, que concurrió a las elecciones en coalición con dos partidos de extrema derecha: Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, ganadora de las elecciones; y la Lega, de Matteo Salvini.

Y después de semanas de silencio, Markus Söder, presidente de Bavaria y líder de la CSU, el partido de Weber, se ha pronunciado en contra de Berlusconi y, por tanto, de la posición de su colega de partido y presidente del PP europeo.

Según cuenta el diario alemán Süddeutsche Zeitung (SZ), Weber fue duramente criticado por la dirección de su propio partido en una reunión interna tras las elecciones del domingo, en la que Söder calificó su apoyo a Berlusconi como un “error estratégicamente grave”.

“Siempre hemos dejado claro que estamos construyendo un cortafuegos frente a los grupos neofascistas, esa es la opinión mayoritaria en la CSU”, aseguró Söder este lunes tras la reunión de la dirección de la CSU en Múnich.

Según participantes de la reunión citados por SZ, el líder del grupo regional de la CSU, Alexander Dobrindt, pidió a Weber que deseche alianzas con partidos posfascistas. Después de la reunión, Dobrindt dijo a la televisión pública que el centroderecha nunca debería apoyar a “aquellos que sostienen los estribos de los nacionalistas de derechas en Europa”.

Las críticas de Söder se explican también por haber vivido en carne propia el coqueteo con los discursos de extrema derecha. Hace unos años fue él mismo quien acercó a la CSU a posiciones propias de la AfD, lo que terminó por espantar a muchos votantes y llevó a la CSU a su hundimiento en las elecciones bávaras de 2018.

Söder lo describió después como una “experiencia política cercana a la muerte” que no quería volver a vivir. Esto también explica por qué Söder ahora se está distanciando de Weber públicamente y expresando su oposición a “facilitar gobiernos de extrema derecha”.

El papel de Forza Italia

En una entrevista en la cadena de televisión ARD, Weber intentaba explicar los motivos de su apoyo: “Forza Italia es miembro del PPE, que presido, desde hace 25 años. Y mi trabajo ha sido reforzar una fuerza europeísta como Forza Italia. Ahora habrá que esperar el siguiente paso: Sergio Mattarella, el presidente, tiene que decidir a quién encarga formar Gobierno”.

Weber trataba de responder así a las críticas internas: “Por supuesto que necesitamos cortafuegos precisamente por nuestra experiencia alemana. Con AfD, soy el primero en ponerlo. Pero Forza Italia es miembro del PPE y europeísta, de eso no hay duda. Y ya veremos cómo será el nuevo Gobierno. Pero la Lega gobierna Italia desde hace cinco años, antes junto con el M5S y ahora con [Mario] Draghi, y acaban de sacar un 9%. No puedes, no debes, comparar el sistema italiano con el alemán. Entiendo que Markus Söder pone el acento desde un punto de vista bávaro, desde un punto de vista alemán. Pero yo tengo responsabilidades europeas y quiero que mantengamos a Italia a bordo, que mantengamos a Italia en un rumbo proeuropeo, y de ahí nuestro apoyo a Forza Italia”.

El propio Berlusconi defendía la misma tesis que Weber en el Corriere della Sera: “Tenemos una golden share [acción de oro], pero seguro que nunca tendremos que usarla. Si realmente pensara que hay riesgo de derivas populistas, el Gobierno ni siquiera arrancaría. Es más, ni siquiera estaríamos aliados con los otros dos partidos de nuestra coalición”.

“Espero que Forza Italia, que forma parte del PPE, pueda garantizar que el camino europeo de Italia pueda continuar. Los italianos son buenos europeos, conocen su lugar”, afirmaba el alemán Michael Gahler (CDU), coordinador del PPE en la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo.

En este sentido, Manfred Weber se esforzaba por diferenciar la extrema derecha alemana de la italiana: “En Alemania nos preocupa sacar a la AfD de todos los parlamentos en la medida de lo posible, como partido antieuropeo. Pero Italia es Italia, y no Alemania, y por eso hay que aproximarse a cada país con una perspectiva diferente. Tenemos que ver que el Gobierno que ahora llega al poder, esta coalición, también tenga claros acentos europeístas, que quiera la profundización de Europa, fortalecerla, apoyar a Ucrania. Meloni, por ejemplo, dejó claro que se deben aplicar sanciones a Rusia. Los ciudadanos han votado, han hecho su elección. Y ahora le toca a Mattarella construir un Gobierno sensato”.

Pero esa estrategia de cooperar con la extrema derecha para suavizarla no ha funcionado en el PPE con Fides, el partido de Viktor Orbán, finalmente expulsado de la familia conservadora. ¿Por qué debería funcionar esto ahora? “Lo intenté durante mucho tiempo porque creo que en Europa tenemos que construir alianzas y debemos mostrar un poco más de respeto hacia Italia en la discusión alemana. La democracia ha funcionado. La izquierda italiana ha sido castigada. Y nosotros, como Partido Popular Europeo, democratacristiano, tenemos principios claros: hay que ser europeísta y pro Ucrania. No hay grises, estás a favor de Putin o en contra de él; defiendes el Estado de derecho o no. Y aplicaremos estos criterios para evaluar si el Gobierno italiano va por el buen camino. Y ante el invierno de crisis que se avecina, con inflación y recesión, cualquiera que asuma la responsabilidad en Italia sabe que el centro debe estar en el Gobierno y moldear las cosas”.

“Soy alguien que está sobre el terreno”, dice Weber, “y que mantiene conversaciones para mantener a Italia a bordo. Como país del G7, Italia es muy importante especialmente para los alemanes”.

¿Qué significa para Europa esta victoria en Italia y el resultado de la extrema derecha en Suecia? “En primer lugar, que la izquierda ya no hace ofertas para los ciudadanos, ya casi no existen en Europa Central y Oriental, han sido castigados en Italia y en Francia han desaparecido. Es decir, la alternativa de la izquierda no existe. Y, para nosotros, como democratacristianos, significa que nuestra oferta es una manera de abordar mejor las preocupaciones de los votantes que a veces están abiertos a propuestas populistas. Pero Meloni también sabe que solo obtendrá el dinero de los fondos de recuperación si se implementan los pasos de reforma que ha prometido Draghi. No tengo absolutamente ninguna duda de que el nuevo Gobierno también quiere abordar reformas. Pero ahora toca esperar y ver qué pasa, respetar la democracia, respetar a los italianos con el resultado de las elecciones y ahora construir un nuevo Gobierno anclado en el espectro europeo. Veo posibilidades de que funcione”.

Ya se oyen las primeras críticas dentro de la familia política conservadora. Está ocurriendo en Alemania, país de origen del bávaro Manfred Weber, presidente del PP europeo y jefe de filas de su familia política en la Eurocámara. Alemania, además, es un país en el que tradicionalmente los conservadores han evitado pactos con la extrema derecha: la excanciller alemana Angela Merkel fue durante su mandato una abanderada de esta posición, hasta el punto de renunciar a que su partido gobernara una de las regiones alemanas porque, para hacerlo, debían pactar con Alternativa por Alemania. Aquel Gobierno, del land de Turingia, acabó en manos de Die Linke, la izquierda alemana.

Una Italia empobrecida y desilusionada se entrega al experimento de un Gobierno de la ultraderecha

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Pero Weber no solo está rompiendo con la tradición alemana sino, también, con su antecesor en el cargo, el polaco Donald Tusk, quien cuando era preguntado por los pactos entre Partido Popular y Vox para gobernar Castilla y León decía que suponían una “capitulación” y que ojalá fueran “un incidente” y no “una tendencia”. Pero ahora el polaco Tusk ya no está al frente de la principal familia política europea y la respuesta de Weber está siendo bien distinta.

Una respuesta distinta incluso a lo expresado antes de las elecciones italianas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien comanda el Ejecutivo comunitario en virtud del pacto entre populares, socialistas y liberales: “La democracia necesita a todos y cada uno. La democracia es un trabajo constante en progreso. Nunca terminamos. También tuvimos elecciones en Suecia. Mi enfoque es que cualquier gobierno democrático que esté dispuesto a trabajar con nosotros, trabajaremos juntos. No eres solo un país miembro que viene y dice: 'Quiero, quiero, quiero'. Sino que estás en el Consejo Europeo y te das cuenta de que mi futuro y mi bienestar también dependen de los otros 26. Esa es la belleza también de la democracia, que a veces es lenta. Veremos. Si las cosas van en una dirección difícil, ya he hablado de Hungría y Polonia, tenemos herramientas”.

Weber hizo campaña por Silvio Berlusconi, eterno líder de Forza Italia, que concurrió a las elecciones en coalición con dos partidos de extrema derecha: Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, ganadora de las elecciones; y la Lega, de Matteo Salvini.

Y después de semanas de silencio, Markus Söder, presidente de Bavaria y líder de la CSU, el partido de Weber, se ha pronunciado en contra de Berlusconi y, por tanto, de la posición de su colega de partido y presidente del PP europeo.

Según cuenta el diario alemán Süddeutsche Zeitung (SZ), Weber fue duramente criticado por la dirección de su propio partido en una reunión interna tras las elecciones del domingo, en la que Söder calificó su apoyo a Berlusconi como un “error estratégicamente grave”.

“Siempre hemos dejado claro que estamos construyendo un cortafuegos frente a los grupos neofascistas, esa es la opinión mayoritaria en la CSU”, aseguró Söder este lunes tras la reunión de la dirección de la CSU en Múnich.

Según participantes de la reunión citados por SZ, el líder del grupo regional de la CSU, Alexander Dobrindt, pidió a Weber que deseche alianzas con partidos posfascistas. Después de la reunión, Dobrindt dijo a la televisión pública que el centroderecha nunca debería apoyar a “aquellos que sostienen los estribos de los nacionalistas de derechas en Europa”.

Las críticas de Söder se explican también por haber vivido en carne propia el coqueteo con los discursos de extrema derecha. Hace unos años fue él mismo quien acercó a la CSU a posiciones propias de la AfD, lo que terminó por espantar a muchos votantes y llevó a la CSU a su hundimiento en las elecciones bávaras de 2018.

Söder lo describió después como una “experiencia política cercana a la muerte” que no quería volver a vivir. Esto también explica por qué Söder ahora se está distanciando de Weber públicamente y expresando su oposición a “facilitar gobiernos de extrema derecha”.

El papel de Forza Italia

En una entrevista en la cadena de televisión ARD, Weber intentaba explicar los motivos de su apoyo: “Forza Italia es miembro del PPE, que presido, desde hace 25 años. Y mi trabajo ha sido reforzar una fuerza europeísta como Forza Italia. Ahora habrá que esperar el siguiente paso: Sergio Mattarella, el presidente, tiene que decidir a quién encarga formar Gobierno”.

Weber trataba de responder así a las críticas internas: “Por supuesto que necesitamos cortafuegos precisamente por nuestra experiencia alemana. Con AfD, soy el primero en ponerlo. Pero Forza Italia es miembro del PPE y europeísta, de eso no hay duda. Y ya veremos cómo será el nuevo Gobierno. Pero la Lega gobierna Italia desde hace cinco años, antes junto con el M5S y ahora con [Mario] Draghi, y acaban de sacar un 9%. No puedes, no debes, comparar el sistema italiano con el alemán. Entiendo que Markus Söder pone el acento desde un punto de vista bávaro, desde un punto de vista alemán. Pero yo tengo responsabilidades europeas y quiero que mantengamos a Italia a bordo, que mantengamos a Italia en un rumbo proeuropeo, y de ahí nuestro apoyo a Forza Italia”.

El propio Berlusconi defendía la misma tesis que Weber en el Corriere della Sera: “Tenemos una golden share [acción de oro], pero seguro que nunca tendremos que usarla. Si realmente pensara que hay riesgo de derivas populistas, el Gobierno ni siquiera arrancaría. Es más, ni siquiera estaríamos aliados con los otros dos partidos de nuestra coalición”.

“Espero que Forza Italia, que forma parte del PPE, pueda garantizar que el camino europeo de Italia pueda continuar. Los italianos son buenos europeos, conocen su lugar”, afirmaba el alemán Michael Gahler (CDU), coordinador del PPE en la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo.

En este sentido, Manfred Weber se esforzaba por diferenciar la extrema derecha alemana de la italiana: “En Alemania nos preocupa sacar a la AfD de todos los parlamentos en la medida de lo posible, como partido antieuropeo. Pero Italia es Italia, y no Alemania, y por eso hay que aproximarse a cada país con una perspectiva diferente. Tenemos que ver que el Gobierno que ahora llega al poder, esta coalición, también tenga claros acentos europeístas, que quiera la profundización de Europa, fortalecerla, apoyar a Ucrania. Meloni, por ejemplo, dejó claro que se deben aplicar sanciones a Rusia. Los ciudadanos han votado, han hecho su elección. Y ahora le toca a Mattarella construir un Gobierno sensato”.

Pero esa estrategia de cooperar con la extrema derecha para suavizarla no ha funcionado en el PPE con Fides, el partido de Viktor Orbán, finalmente expulsado de la familia conservadora. ¿Por qué debería funcionar esto ahora? “Lo intenté durante mucho tiempo porque creo que en Europa tenemos que construir alianzas y debemos mostrar un poco más de respeto hacia Italia en la discusión alemana. La democracia ha funcionado. La izquierda italiana ha sido castigada. Y nosotros, como Partido Popular Europeo, democratacristiano, tenemos principios claros: hay que ser europeísta y pro Ucrania. No hay grises, estás a favor de Putin o en contra de él; defiendes el Estado de derecho o no. Y aplicaremos estos criterios para evaluar si el Gobierno italiano va por el buen camino. Y ante el invierno de crisis que se avecina, con inflación y recesión, cualquiera que asuma la responsabilidad en Italia sabe que el centro debe estar en el Gobierno y moldear las cosas”.

“Soy alguien que está sobre el terreno”, dice Weber, “y que mantiene conversaciones para mantener a Italia a bordo. Como país del G7, Italia es muy importante especialmente para los alemanes”.

¿Qué significa para Europa esta victoria en Italia y el resultado de la extrema derecha en Suecia? “En primer lugar, que la izquierda ya no hace ofertas para los ciudadanos, ya casi no existen en Europa Central y Oriental, han sido castigados en Italia y en Francia han desaparecido. Es decir, la alternativa de la izquierda no existe. Y, para nosotros, como democratacristianos, significa que nuestra oferta es una manera de abordar mejor las preocupaciones de los votantes que a veces están abiertos a propuestas populistas. Pero Meloni también sabe que solo obtendrá el dinero de los fondos de recuperación si se implementan los pasos de reforma que ha prometido Draghi. No tengo absolutamente ninguna duda de que el nuevo Gobierno también quiere abordar reformas. Pero ahora toca esperar y ver qué pasa, respetar la democracia, respetar a los italianos con el resultado de las elecciones y ahora construir un nuevo Gobierno anclado en el espectro europeo. Veo posibilidades de que funcione”.

Ya se oyen las primeras críticas dentro de la familia política conservadora. Está ocurriendo en Alemania, país de origen del bávaro Manfred Weber, presidente del PP europeo y jefe de filas de su familia política en la Eurocámara. Alemania, además, es un país en el que tradicionalmente los conservadores han evitado pactos con la extrema derecha: la excanciller alemana Angela Merkel fue durante su mandato una abanderada de esta posición, hasta el punto de renunciar a que su partido gobernara una de las regiones alemanas porque, para hacerlo, debían pactar con Alternativa por Alemania. Aquel Gobierno, del land de Turingia, acabó en manos de Die Linke, la izquierda alemana.

Una Italia empobrecida y desilusionada se entrega al experimento de un Gobierno de la ultraderecha

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Pero Weber no solo está rompiendo con la tradición alemana sino, también, con su antecesor en el cargo, el polaco Donald Tusk, quien cuando era preguntado por los pactos entre Partido Popular y Vox para gobernar Castilla y León decía que suponían una “capitulación” y que ojalá fueran “un incidente” y no “una tendencia”. Pero ahora el polaco Tusk ya no está al frente de la principal familia política europea y la respuesta de Weber está siendo bien distinta.