Tres edificios españoles que prueban que la vivienda pública puede ser excepcional
El acceso a la vivienda es la principal preocupación de los españoles, y los datos explican por qué: solo el 3,4% del parque es vivienda pública (según datos del INE), frente al 17% de Francia o el 30% de Países Bajos (según el Boletín Especial Vivienda Social 2024 del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana). Mientras tanto, el debate público se agota en discusiones sobre precios y legislación. Pero hay otra conversación que merece atención: la de los arquitectos que están construyendo vivienda protegida de calidad.
La construcción de vivienda protegida creció un 62,4% en 2024, hasta las 14.371 nuevas unidades —la mejor cifra en una década–. Con un déficit estimado entre 400.000 y 600.000 viviendas (en datos del Banco de España y CaixaBank Research), el reto sigue siendo enorme. Pero junto a la pregunta de cuánto construir, emerge otra igual de relevante: cómo hacerlo. Tres proyectos recientes ofrecen algunas claves: las Viviendas Sociales 2104 de H Arquitectes en Palma, GREENH@USE de Peris+Toral en Barcelona y las viviendas de Vivas Arquitectos en la calle Josep Togores de Palma.
Construir con los escombros del pasado
En una parcela del norte de Palma donde se alzaba una escuela en desuso de tres plantas, H Arquitectes ha llevado a cabo un experimento de economía circular que cuestiona los fundamentos mismos de cómo construimos. El proyecto, finalista en los Premios de Arquitectura CSCAE 2025 y seleccionado para el Pabellón de España en la Bienal de Venecia 2025, planteaba una pregunta: ¿qué pasaría si en lugar de enviar los escombros a un vertedero, los convirtiéramos en la estructura del nuevo edificio?
El resultado son 25 viviendas para personas mayores levantadas mediante lo que el estudio barcelonés denomina “minería urbana”. Los 140 metros cúbicos de restos cerámicos y de hormigón del antiguo colegio se vertieron en los pozos de cimentación y muros del semisótano. El marés, la piedra calcárea característica de Baleares, se transformó en bloques prefabricados de hormigón ciclópeo de cal que forman los muros estructurales del edificio. Estos bloques, de hasta 135 centímetros de longitud y grosor variable según la altura de 64 a 34 centímetros, se redujeron 10 centímetros en cada planta, permitiendo el apoyo directo de forjados de madera contralaminada sin necesidad de vigas intermedias.
¿Qué pasaría si en lugar de enviar los escombros a un vertedero, los convirtiéramos en la estructura del nuevo edificio?
“La estrategia diferencial del proyecto fue el aprovechamiento del material del derribo como recurso para construir el nuevo edificio”, explican desde H Arquitectes. El proceso no solo reduce drásticamente la huella de carbono al eliminar el transporte de materiales y la extracción de nueva materia prima, sino que reconecta la arquitectura contemporánea con las tradiciones constructivas mallorquinas, donde las casas de marés definían estructuralmente el paisaje de la isla.
Pero más allá de este detalle técnico, el proyecto plantea una cuestión de valores. En un contexto de crisis climática donde la construcción representa el 40% de las emisiones globales de CO2, la lógica extractiva debe dar paso a ciclos cerrados.
140 viviendas organizadas en torno al vacío
En el corazón del distrito 22@ de Barcelona, sobre un solar que responde a la trama del Ensanche Cerdá, Marta Peris y José Manuel Toral han construido un edificio de ocho plantas que alberga 140 viviendas de tipologías mixtas: alojamientos temporales en planta baja, viviendas de alquiler social de dos dormitorios entre la primera y cuarta planta, y viviendas dotacionales de un dormitorio para personas mayores en las tres últimas.
La complejidad del programa, que cuenta con tres modelos habitacionales con gestión y accesos independientes, se resuelve mediante una estrategia espacial que consiste en esponjar el interior del volumen con una secuencia de cinco patios que, en las plantas superiores, se cubren con una gran cubierta de vidrio.
El resultado es un atrio bioclimático de escala doméstica que funciona como captador de calor en invierno y chimenea solar en verano, reduciendo la demanda energética de forma pasiva. Pero el atrio es mucho más que un dispositivo termodinámico. Esa verticalización programática permite cualificar los espacios intermedios, transformando la pasarela central de acceso en una “calle elevada” que atraviesa la secuencia de patios y rellanos.
Todo está medido para que ese vacío central atemperado funcione como verdadero habitáculo intermedio
Cada rellano concentra cuatro accesos formalizados mediante cajas de celosía de madera que tamizan vistas y aire, regulando la privacidad y fomentando la apropiación del espacio. En la octava planta, se encuentra el programa compartido de las viviendas: lavandería comunitaria, tendederos, solárium y huertos urbanos que logran activar un espacio colectivo que expande el modo de habitar más allá del perímetro de la vivienda individual.
La materialidad del proyecto subraya esta lógica de gradientes entre lo público y lo privado: estructura prefabricada de hormigón para la inercia térmica, revestimiento de madera para la absorción acústica, revoco en los patios para la higroscopicidad. Todo está medido para que ese vacío central atemperado funcione como verdadero habitáculo intermedio.
Bloques de tierra local para 38 viviendas en Palma
En la calle Josep Togores de Palma, también promovido por el Instituto Balear de la Vivienda (IBAVI), el estudio Vivas Arquitectos ha optado por otro material autóctono: bloques de tierra comprimida producidos localmente en Mallorca. Las 38 viviendas distribuidas en dos edificios emplean muros portantes de bloques de tierra comprimida combinados con forjados de madera prefabricados y recrean, desde la contemporaneidad, el sistema constructivo tradicional donde la propia estructura define y alberga los espacios habitables.
Este material ofrece múltiples ventajas. Al no requerir cocción a altas temperaturas, su producción tiene un bajo consumo energético. Su naturaleza porosa permite la transpiración de los muros, mejorando la calidad del aire interior y evitando condensaciones. Su elevada inercia térmica absorbe y libera calor de manera gradual, manteniendo temperaturas interiores estables y reduciendo la necesidad de climatización artificial. Su producción local reduce las emisiones asociadas al transporte y apoya la economía de la isla.
Trabajar con tierra es una apuesta por la permanencia y el arraigo frente a la especulación y la renovación acelerada
El proyecto organiza las viviendas en torno a patios interiores con pasarelas exteriores cubiertas, una disposición que facilita la ventilación cruzada y genera espacios de encuentro vecinal. La galería multifuncional en fachada suroeste actúa como filtro térmico y visual: captador solar en invierno, protección y ventilación en verano.
El uso de tierra comprimida introduce una dimensión temporal diferente frente a la obsolescencia programada que caracteriza gran parte de la edificación contemporánea. Trabajar con tierra significa recuperar una lógica material de larga duración, donde los ciclos de vida de los edificios se miden en décadas o siglos, no en años. Es una apuesta por la permanencia y el arraigo frente a la especulación y la renovación acelerada.
Tres estrategias compartidas
Estos tres proyectos comparten líneas de trabajo comunes. La primera es la atención al material y su procedencia. H Arquitectes, Peris+Toral y Vivas Arquitectos trabajan con materiales locales o reciclados: escombros del derribo, madera de proximidad, tierra comprimida producida en la isla. Esta elección reduce la huella de carbono del transporte y recupera tradiciones constructivas adaptadas al clima mediterráneo.
La segunda estrategia común es entender la eficiencia energética como resultado de decisiones arquitectónicas básicas: orientación, ventilación cruzada, inercia térmica de los muros, espacios intermedios que amortiguan la temperatura. Los tres edificios prescinden de sistemas mecánicos complejos y apuestan por soluciones pasivas que reducen el consumo energético de las viviendas.
La tercera es la complejidad espacial. Los tres proyectos incorporan patios, pasarelas, galerías y espacios comunitarios que enriquecen la experiencia doméstica. Frente a la repetición de tipologías estandarizadas, estas viviendas exploran gradientes de privacidad, espacios de transición y áreas de encuentro vecinal.
Del proyecto singular a la política de vivienda
Estos proyectos no son casos aislados. Forman parte de una generación de arquitectura residencial en España que, desde hace una década, ha renovado los estándares de la vivienda protegida.
El problema es que la escala de estos proyectos ejemplares contrasta con la dimensión del problema habitacional. El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, dotado con 7.000 millones de euros (según anunció el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana en septiembre de 2025), representa el mayor esfuerzo inversor hasta la fecha, pero probablemente será necesario sostener esta inversión durante al menos dos décadas para aproximarse a los estándares europeos.
Esa dimensión política de la vivienda entendida como práctica material es precisamente lo que estos tres edificios reivindican.
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