Cómo consiguen los arquitectos que un piso de 40 metros parezca el doble
Vivir en 40 m² se ha convertido en una condición habitual en las grandes ciudades españolas, donde el mercado residencial tiende hacia superficies cada vez más reducidas mientras las formas de vida siguen exigiendo luz, flexibilidad y calidad espacial. Según el Censo de Población y Viviendas 2023 del INE, el 75,3% de las viviendas en España se sitúa entre 45 y 105 m², y las de menos de 45 m² representan ya el 8,5% del parque residencial. En los entornos urbanos más densos, esa presencia se intensifica: distintos estudios sobre el tamaño de los pisos indican que, en ciudades de más de medio millón de habitantes como Madrid o Barcelona, aproximadamente uno de cada cuatro apartamentos tiene menos de 60 m², lo que reduce la superficie disponible sin disminuir necesariamente la diversidad de usos que se le exige a la vivienda.
En este contexto, el piso mínimo deja de ser solo un indicador de precio o de escasez de oferta para convertirse en un escenario donde se pone a prueba la habitabilidad cotidiana, con metros cada vez más ajustados que tensionan la vida doméstica. Frente a esta realidad, empiezan a generalizarse soluciones que van desde eliminar tabiques y pasillos residuales hasta organizar servicios y almacenaje en pocos núcleos compactos, con el objetivo de aprovechar al máximo el perímetro habitable sin perder calidad de uso.
El núcleo central como liberador de espacio
Es lo que ocurre en Viviendas siete vidas, el bloque entre medianeras que Anna & Eugeni Bach levantan en el casco antiguo del barrio de Horta, en Barcelona, donde cada planta dispone únicamente de 40 m² de superficie útil. Ante esa escasez, el proyecto concentra escalera, cocina y baño en un volumen central compacto que permite liberar dos espacios iguales, uno hacia la calle y otro hacia el patio de manzana, sin particiones fijas. Esta disposición hace posible varias configuraciones de uso: dormitorio en una fachada y salón-comedor en la otra, inversión de esos usos, o incluso una vivienda compartida con dos ámbitos simétricos. Sumando las distintas combinaciones, el estudio habla de siete maneras de vivir en tres viviendas, demostrando que, en 40 m², el espacio no se multiplica en planta sino en la capacidad de cambiar de función a lo largo del tiempo.
Altura, luz y menos tabiques
En otros casos, como la transformación de una pequeña vivienda con patio en Lavapiés, el trabajo se centra en retirar tabiquería innecesaria y falsos techos para recuperar altura, luz y continuidad visual, apoyándose en la estructura existente como recurso espacial. La cocina, abierta al estar y vinculada al exterior, actúa como pieza de relación más que como cuarto independiente, de modo que el espacio se organiza en torno a unas pocas decisiones estructurales y materiales en lugar de acumular soluciones decorativas.
El trabajo se centra en retirar tabiquería innecesaria y falsos techos para recuperar altura, luz y continuidad visual
El espejo como trampa espacial
En Madrid, NULA.STUDIO ha aplicado otra estrategia en un ático de 60 m² para un fotógrafo que vive solo: desnudar completamente el espacio para crear una secuencia de estancias interconectadas que regulan sus niveles de intimidad mediante grandes elementos de división. Así, un pasillo que es a su vez habitación y estudio se divide por una pared corredera con acabado en espejo que duplica la sensación espacial. El dormitorio puede habitarse en situación de máxima privacidad o, por el contrario, abrirse al resto de la vivienda. La cocina es salón y es terraza, y viceversa, en un espacio donde solo el mobiliario puede articular las funciones domésticas.
Este espacio neutro se interrumpe únicamente con la creación de dos volúmenes que articulan y organizan la vivienda: el baño, que abraza la cocina y distribuye sus instalaciones, y el almacenamiento, imprescindible en estas dimensiones. Se retiran todos los revestimientos para uniformar suelos, paredes y techos con acabados de mortero y yeso desnudos. Esta cámara uniforme acoge posteriormente una serie de elementos comisariados por el propietario, que contrastan con la uniformidad y relegan la intervención a un segundo plano. Al fondo, se rescata una terraza originalmente cerrada para enfatizar las vistas hacia la Plaza de España y el Parque del Oeste.
Como explican desde el estudio, en este tipo de viviendas el recurso clave puede ser una sola pieza bien pensada: una puerta corredera de gran formato que funciona a la vez como tabique del dormitorio y como espejo amplía visualmente la casa; al abrirla, el pasillo se suma al dormitorio y absorbe esos metros, haciendo que el espacio parezca mayor e incorporando las ventanas.
Hornacinas, curvas y metros ganados
La arquitecta murciana Laura Ortín propone en su proyecto Casa LAB una solución específica para uno de los espacios que más superficie consume en viviendas pequeñas: el baño. En lugar de concentrar todas las funciones en una única estancia rectangular, diseña lo que denomina un “baño atomizado” donde cada uso tiene su propia geometría.
La autora lo resume así: diseñado como una serie de hornacinas a gran escala, cada función del baño tiene su forma propia; las geometrías orgánicas y el color evocan el fluir y el frescor del agua. Es también un juego de privacidades: puertas curvas y cortinas se convierten en recursos arquitectónicos que matizan qué se muestra y qué se oculta.
Este enfoque permite que el baño no sea un volumen cerrado que resta metros al resto de la vivienda, sino un sistema de piezas que pueden integrarse parcialmente en otros espacios o compartir circulaciones, liberando superficie útil y evitando rincones residuales.
Criterios para espacios reducidos
Paola Bagna, arquitecta catalana con estudio en Berlín, ofrece una serie de principios que cualquier usuario puede adaptar a su vivienda sin necesidad de acometer reformas integrales. Subraya que cada caso es distinto, pero identifica algunas constantes: “Cada espacio tiene sus particularidades, por lo que resulta difícil ofrecer recetas universales. Aun así, hay criterios que ayudan a que un espacio pequeño sea más confortable y se perciba como más amplio. La luz natural es uno de los factores más determinantes: un espacio bien iluminado gana en calidad. Favorecer visuales largas, mediante puertas correderas, divisiones que no llegan al techo o particiones textiles, permite una lectura más continua del espacio”.
También sitúa en el centro la gestión de los objetos: la organización de las pertenencias personales es clave. Decidir qué se muestra y qué se guarda, escenificar lo que se quiere destacar y almacenar lo superfluo contribuye a una mayor tranquilidad visual y a una curaduría consciente del interior.
Cada espacio tiene sus particularidades, por lo que resulta difícil ofrecer recetas universales. Aun así, hay criterios que ayudan a que un espacio pequeño sea más confortable y se perciba como más amplio. La luz natural es uno de los factores más determinantes
En cuanto a materiales y mobiliario, apunta que la simplificación y la continuidad en los materiales refuerzan la sensación de unidad: cuantos menos materiales intervienen, más clara y coherente resulta la lectura del conjunto. A esto se suma el uso de mobiliario multifuncional, diseñado a medida o no, que permite que menos piezas cumplan más funciones.
Y, cuando la sección lo permite, sugiere trabajar también en vertical, Paola indica que si la altura lo permite, elevar algunos usos dentro del volumen como el descanso o el almacenamiento es una estrategia eficaz para aprovechar mejor el espacio disponible.
Gestos sencillos que hacen crecer la casa
Estos ejemplos muestran un cambio de enfoque: el metro cuadrado deja de ser un dato abstracto de catastro para convertirse en una unidad de diseño que se estira, se solapa o se comparte según la franja horaria del día. La estadística enmarca el problema, pero es la arquitectura la que responde a la tensión entre viviendas cada vez más pequeñas y vidas que siguen necesitando trabajar, descansar, cocinar o recibir invitados.
Algunos recursos se repiten en la práctica profesional cuando el objetivo es que un piso mínimo se perciba significativamente más generoso. Uno de los más eficaces es eliminar tabiques innecesarios para convertir la vivienda en una secuencia de ámbitos conectados, en lugar de un pasillo que reparta habitaciones diminutas. En Viviendas siete vidas, la concentración de los servicios en un núcleo central permite liberar las fachadas como franjas abiertas que el usuario puede decidir si son dormitorio, sala de estar o espacio mixto. En la vivienda reformada en Lavapiés, la liberación de la estructura existente, la eliminación de falsos techos y la apertura hacia el patio se combinan para ganar altura, luz y continuidad visual.
Otro mecanismo clave es el tratamiento del suelo y de los revestimientos: cuando se usa un pavimento continuo, de gran formato y con pocas juntas, la superficie parece más extensa porque la mirada no se detiene en líneas de interrupción. Si, además, se repite el mismo material o tono en suelo y parte de la pared, el límite horizontal se difumina y el plano del suelo 'sube', generando una sensación de caja unitaria. En el ático de NULA.STUDIO, la decisión de uniformar suelos, paredes y techos con mortero y yeso desnudos crea esa cámara neutra donde los objetos personales destacan sin que el espacio compita con ellos.
Aplicaciones para el usuario sin reforma integral
Para quien se acaba de comprar o alquilar un piso de unos 40 m², muchas de estas estrategias son materializables incluso sin acometer una reforma integral. Una primera intervención accesible consiste en reorganizar el mobiliario para recuperar una pieza central que articule la casa: una mesa que pueda funcionar como zona de trabajo durante el día y como comedor por la noche, colocada en el espacio más luminoso, y a su alrededor un perímetro libre que facilite la circulación.
Reducir el número de muebles independientes y apostar por elementos transformables —sofás cama, camas abatibles, mesas extensibles, módulos de almacenaje integrados hasta el techo— ayuda a que los metros disponibles se adapten al uso horario: la misma franja de suelo puede ser dormitorio por la noche y área de trabajo por la mañana.
Reducir el número de muebles independientes y apostar por elementos transformables ayuda a que los metros disponibles se adapten al uso horario
También es posible reinterpretar la idea de 'tabique' sin levantar muros: cortinas gruesas, paneles correderos o estanterías ligeras pueden funcionar como separadores temporales que aportan privacidad cuando hace falta y desaparecen cuando se busca un espacio más amplio. En viviendas mínimas, casi cualquier objeto fijo se convierte en una decisión estructural: un armario apoyado en medio del salón actúa como muro, mientras que una banda de almacenaje continua adosada a una sola pared libera el resto de la superficie para usos cambiantes.
La lógica es similar a la de los proyectos de Bach, la reforma en Lavapiés, NULA.STUDIO o Casa LAB, pero aplicada a escala doméstica y con materiales más modestos: concentrar lo que no se mueve —instalaciones, almacenaje, cocina— en pocas franjas y dejar el máximo posible de superficie libre para lo que cambia a lo largo del día.
En paralelo, el contexto estadístico recuerda que estos ajustes no responden a una moda pasajera, sino a un parque de vivienda que, en las grandes ciudades, se vuelve progresivamente más compacto. En ese escenario, decisiones como concentrar los servicios en un núcleo, simplificar materiales o recurrir a mobiliario transformable dejan de ser un gesto accesorio y pasan a formar parte de una manera precisa y consciente de administrar cada metro cuadrado.
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