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Rusia recupera la fe en Trump tras su choque con Zelenski: “Aprovechemos para devolver Ucrania a la Edad de Piedra”

Putin saluda al enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, este miércoles.

Albert Sort Creus

Moscú —
21 de octubre de 2026 21:53 h

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Los dos peores momentos en la relación entre Donald Trump y Volodímir Zelenski han tenido un denominador común: ambos han llegado precedidos por una conversación telefónica del presidente de Estados Unidos con Vladímir Putin, en la que el líder del Kremlin le ha prometido grandes negocios conjuntos. Ocurrió en febrero de 2025, antes de la disputa pública entre el mandatario norteamericano y el ucraniano en el Despacho Oval de la Casa Blanca, y ha vuelto a suceder ahora, a raíz del acuerdo para que Moscú venda diésel con el permiso de Washington, que ha cogido a Kiev desprevenido y ha desatado una tormenta de reproches.

El presidente ruso ha sabido ofrecer a Trump en todo momento lo que deseaba, persuadirlo con sus argumentos, atraerlo a sus posiciones y enfrentarlo a Zelenski. En menos de dos semanas, Putin ha visto cómo el líder norteamericano suspendía la imposición de sanciones a Rusia, exigía la dimisión del presidente ucraniano, presionaba a Kiev con restricciones temporales de las comunicaciones en el campo de batalla y de la inteligencia militar, exculpaba al Kremlin por haber ayudado a Irán a combatir contra Estados Unidos e instaba a Europa a reanudar la compra de gas ruso.

Ahora bien, si con este apaciguamiento Trump pretendía ablandar la postura negociadora de Putin, ha conseguido justo lo contrario. Moscú considera que debe aprovechar la tensión entre Ucrania y Estados Unidos para pisar el acelerador en el campo de batalla y endurecer sus condiciones para la paz. Por eso, una vez más, la visita a Rusia del enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, ha terminado sin acuerdos de calado ni concesiones por parte del Kremlin.

Un Trump indulgente con Putin

Justo antes de la discusión entre Trump y Zelenski en la Casa Blanca en 2025, Putin había propuesto a su homólogo explotar conjuntamente las tierras raras rusas de los territorios ucranianos ocupados. Esta y otras oportunidades de cooperación económica se perfilaban como un horizonte muy provechoso para Estados Unidos, que también estaba a punto de firmar un acuerdo para extraer minerales raros de Ucrania.

El presidente estadounidense interpretó aquella predisposición rusa como una señal de la voluntad del Kremlin de alcanzar un acuerdo de paz. Así, imaginó una resolución fácil del conflicto, un primer éxito para su mandato y el fin del gasto millonario en armamento para Ucrania. Zelenski, sin embargo, advirtió a Trump y a su vicepresidente, J.D. Vance, de que Putin había incumplido acuerdos anteriores y no tenía intención alguna de detener los combates; el aviso se recibió como una negativa ucraniana a explorar la vía diplomática.

Con el acuerdo del diésel, el líder del Kremlin ha convencido a Trump de que la situación vuelve a ser la misma: un Zelenski recalcitrante, que no está dispuesto a dejar de bombardear refinerías y que, por tanto, se convierte en un obstáculo para la política interna de Estados Unidos. Putin, en cambio, se presenta como un líder mundial constructivo, abierto al diálogo y con quien se pueden cerrar tratos.

Por primera vez, lo que ofrece Trump beneficia realmente a Rusia

Dmitri Popov — Columnista en Moskovski Komsomólets

Entre los proyectos que están debatiendo rusos y norteamericanos figuran iniciativas relacionadas con la energía, la logística, el aluminio, los fertilizantes, las tierras raras e incluso los centros de datos, según el negociador ruso Kirill Dmítriev, que este miércoles ha sido el primero en reunirse con Witkoff en San Petersburgo. Poco después, Putin ha afirmado que está interesado en restablecer la cooperación económica y que está preparado para suministrar grandes cantidades de fertilizantes a los agricultores de EEUU.

Previamente, Trump había intentado corresponder a ese gesto suspendiendo las sanciones que el Congreso de Estados Unidos había aprobado contra Rusia y que se esperaba que entraran en vigor a finales de la semana pasada. Las medidas incluían nuevas restricciones a la economía rusa y aranceles contra los países que importaran petróleo y gas rusos.

Moscú ha recibido positivamente el gesto. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, considera que revela “un enfoque serio” para crear “las condiciones necesarias” con las que avanzar en el deshielo entre ambos países.

Al mismo tiempo, según The New York Times, los emisarios de la Casa Blanca han propuesto a responsables europeos y ucranianos reactivar las compras de gas ruso y el tránsito a través de Ucrania como parte de un posible acuerdo de paz. El aumento de los ingresos energéticos, argumentan las fuentes citadas por el diario, podría incentivar a Putin a poner fin a la guerra.

“Vivimos tiempos increíbles”

En los últimos días, la prensa rusa afín al poder se ha mostrado casi incrédula ante el giro de Trump. El diario gubernamental Rosískaya Gazeta afirma que el acuerdo del diésel “solo comporta ventajas” para el Kremlin; Komsomólskaya Pravda apuesta por “llenar la caja, seguirle el juego a Trump y conseguir que Zelenski salga perdiendo pase lo que pase”, y el columnista Dmitri Popov, en Moskovski Komsomólets, concluye: “Vivimos tiempos increíbles: por primera vez, lo que ofrece Trump beneficia realmente a Rusia”.

Según Román Anin, uno de los mejores periodistas de investigación rusos, que lleva 15 años indagando en los servicios secretos y el crimen organizado ruso, Putin está aplicando a Trump el manual de los gánsteres y los siloviki –los agentes de los servicios de seguridad– para conseguir que haga lo que más le conviene al Kremlin. Según ese manual, Trump es un bariga, una palabra de la jerga delictiva rusa que describe a un hombre de negocios codicioso y sin escrúpulos, que antepone el beneficio propio a cualquier principio o norma. Y el objetivo del presidente ruso es convertirlo en un loj, un forastero que desconoce los códigos de ese submundo y al que engañan para que acabe sirviendo a los intereses del clan.

Y el principal interés del presidente ruso es un cambio de régimen en Kiev que lo haga más favorable a los designios del Gobierno ruso, el propósito que lo llevó a lanzar la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. No es casual, pues, que tanto ahora como en febrero del año pasado Trump haya arremetido contra Zelenski, acusándolo de perpetuarse en el poder sin pasar por las urnas. Entonces lo calificó de “dictador sin elecciones” y ahora ha ido más allá al afirmar que “es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente” y sugerir que debería ser alguien capaz de llegar a un acuerdo.

Lavrov se ha apresurado a respaldar su petición. “Zelenski entiende que cualquier acuerdo aceptable para Rusia y Estados Unidos significaría el fin de su régimen y el suyo propio”, ha dicho esta semana.

Trump y Zelenski se reúnen antes del funeral del Papa, su primer encuentro desde la bronca en la Casa Blanca

En Moscú han visto una oportunidad para azuzar el enfrentamiento entre el líder ucraniano y el estadounidense. Volviendo a la semiótica mafiosa, Andréi Uglanov, periodista de Argumenti Nedeli, escribe: “Se podría decir que Trump le ha enviado a Zelenski un pescado muerto envuelto en papel de periódico. En la jerga de la mafia italiana y norteamericana de los años treinta del siglo pasado, eso significa que le han lanzado una advertencia: lo han condenado a ser eliminado”.

Otro objetivo que Putin espera alcanzar es que Washington deje de armar a Kiev. Últimamente, en plena campaña para las elecciones de medio mandato, Trump no ha dejado de expresar su malestar por haber invertido “miles de millones de dólares” en Ucrania “a cambio de nada”.

Aunque Zelenski confirmó el martes que Estados Unidos había reanudado el intercambio de inteligencia para alertar de los bombardeos rusos contra ciudades ucranianas, las restricciones impuestas al ejército ucraniano en el uso de la red de satélites Starlink ya se han dejado notar en el campo de batalla. El bloguero militar ruso Vladímir Románov señala que los ataques con drones ucranianos de medio alcance contra la principal ruta de suministro rusa en el frente sur se han detenido casi por completo debido a la limitación del uso del sistema de comunicaciones de la empresa de Elon Musk.

Trump justifica todos estos gestos de presión sobre Zelenski y de indulgencia hacia Putin como una estrategia para poner fin al conflicto. “Estoy negociando la paz en la guerra entre Rusia y Ucrania y no quiero hacer nada que aleje imprudentemente a Rusia de la mesa de negociaciones”, dijo recientemente.

De este modo, como ya sucedió durante los primeros meses de su mandato, el inquilino de la Casa Blanca ha vuelto a hacer suyo el relato del Kremlin. Da por hecho que Moscú lleva la iniciativa en el frente porque es “una gran máquina” que “avanza sin parar” y, al mismo tiempo, minimiza la destrucción causada por los ataques rusos contra Ucrania. “Rusia se ha portado bastante bien en Ucrania, no ha hecho gran cosa”, declaró.

Otro ejemplo de las consideraciones del presidente estadounidense es la benevolencia ante el apoyo ruso a su enemigo, Irán. Pese a que Moscú ha admitido haber prestado ayuda militar a Teherán, Trump no ha querido incidir en ello. “Rusia está haciendo muy poco, si es que está haciendo algo, para ayudar a Irán, en comparación con lo que podría estar haciendo”, se defiende el líder norteamericano.

Putin endurece sus condiciones de paz

Algunos analistas rusos creen que es precisamente gracias a la resistencia del régimen iraní que el presidente estadounidense se ve ahora obligado a acercarse de nuevo a Rusia, con la esperanza de presentar cartas ganadoras a su electorado. “Trump no es amigo nuestro, ni mucho menos. Simplemente, ahora mismo le conviene presionar a Zelenski. Hay que aprovecharlo, pero sin hacerse ilusiones”, escribe Popov en Moskovski Komsomólets.

En este sentido, Mijail Rostovski, en el mismo periódico, advierte de que, tras la cumbre de Alaska entre Trump y Putin, en agosto de 2025, el presidente de EEUU se distanció repentinamente de Rusia. “Cuando Trump ve que no le siguen el juego, tiende a cambiar de rumbo político, a veces incluso para adoptar una postura diametralmente opuesta”, señala.

De hecho, muchos políticos rusos son partidarios de rebajar el optimismo. Según el expresidente Dmitri Medvédev, quienes se han dejado llevar por la euforia harían bien en “poner los pies en el suelo”. “Solo nuestros muchachos, los misiles balísticos y los drones Geran nos acercan a la Victoria”, asegura.

Washington interpreta la disposición de Moscú a debatir posibles vías de cooperación económica como un gesto para avanzar hacia la paz, pero para el Kremlin son dos cuestiones independientes. “Rusia está dispuesta a alcanzar acuerdos económicos, pero no hará ninguna concesión política por amor a esos acuerdos”, afirmó Lavrov el martes.

Popov escribe que “los negocios son los negocios, y la guerra es la guerra”. El analista añade en otro artículo: “Hay que aprovechar esta ventana de oportunidad para hundir a Ucrania en la Edad de Piedra y obligarla a aceptar la paz en los términos de Rusia”.

Por eso, aunque, al comienzo de la reunión, Witkoff se ha mostrado optimista y ha hablado de un “impulso” para reactivar las conversaciones y lograr un alto el fuego, Putin no quiere ni oír hablar de una tregua. “La posición de Moscú sobre el alto el fuego energético con Ucrania no ha cambiado; Rusia necesita paz, no un alto el fuego”, ha insistido esta mañana el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Putin no sólo no ha rebajado sus exigencias para poner fin a la guerra, sino que las ha elevado. A finales de la semana pasada, dio a entender por primera vez que, además de reclamar toda la región del Donbás, ahora tampoco está dispuesto a renunciar a los territorios del norte de Ucrania que el ejército ruso controla.

El corresponsal de guerra de Komsomólskaya Pravda, Aleksandr Kots, lo resume así: “Parece que la zona de amortiguación en las regiones de Járkov, Sumi y Dnipropetrovsk está condenada, tarde o temprano, a convertirse en territorio de la Federación Rusa. Cuyas fronteras, como bien se sabe, no terminan en ninguna parte”.

Yuri Ushakov, asesor de política internacional del Kremlin, en una imagen de archivo.

Ucrania es consciente de que el Kremlin intenta convencer a los norteamericanos de que su victoria es inevitable. Por eso denuncia que el ejército ruso reivindica conquistas que son falsas, como las de la ciudad fortaleza de Dobropilia, en Donetsk, y otras cuatro localidades: Kupiansk, Limán, Kostiantínivka y Oríjiv.

Putin ha presentado a Witkoff una imagen “objetiva” de la situación de la línea de contacto, donde “la iniciativa recae completamente en las tropas rusas”, ha informado el asesor presidencial ruso presente en la reunión, Yuri Ushakov.

En cambio, Kirilo Budánov, jefe de gabinete de Zelenski, advierte: “En este momento difícil, es esencial que todas las partes adopten una actitud comedida, lo que incluye una evaluación realista de la situación y la comunicación de información veraz”.

Este empecinamiento ruso ha imposibilitado cualquier avance tangible en la reunión entre Putin y el enviado de Trump. La petición ucraniana, respaldada por Estados Unidos, de celebrar una cumbre trilateral de líderes para desbloquear la cuestión territorial no figura en la agenda de Moscú. Para el Kremlin, una cita así solo tiene sentido para firmar un acuerdo de paz definitivo. Además, Putin siempre ha dejado claro que no considera a Zelenski un líder legítimo y espera que lo aparten para rubricar la rendición de Ucrania con un dirigente más dócil.

Rusia ha calificado las propuestas ucranianas y europeas de “poco provechosas” y solo se ha abierto a recuperar el formato de conversaciones a tres bandas con la mediación de Estados Unidos. Este tipo de reuniones habían permitido ciertos avances técnicos antes de quedar interrumpidas por la guerra en Oriente Medio. Aun así, habían resultado insuficientes para resolver el principal escollo, la cuestión territorial. Ushakov ha declarado que podrían retomarse durante la primera mitad de noviembre.

La Casa Blanca también ha querido ver en la liberación de Stephen Hubbard, un profesor estadounidense encarcelado en Rusia tras ser capturado en Ucrania al comienzo de la invasión, un indicio de las buenas intenciones de Putin. “Usted es un humanitario”, le dijo Witkoff al darle las gracias. Trump ha puesto en valor que el Kremlin haya aceptado sacar a Hubbard de prisión sin necesidad de un intercambio, una decisión “sin precedentes”.

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