Los errores fatales de Cameron contra la inmigración amenazan el futuro de Reino Unido

Si Reino Unido vota a favor de abandonar la Unión Europea este jueves, será sobre la base de promesas de políticos de élite que serán imposibles de cumplir. Y habremos llegado al Reino Unido del Brexit, en gran medida, porque David Cameron ha hecho exactamente lo mismo.

Que Steve Hilton (exjefe de estrategia de David Cameron) se vuelva contra su antiguo jefe de forma tan agresiva e intente destruir su carrera es increíble. Pero sus “revelaciones” –que funcionarios del Gobierno advirtieron hace cuatro años a Cameron de que sus objetivos en imigración no se podían cumplir– no tienen nada que ver. No hace falta un máster para saber esto. Olvidémonos de la libertad de movimiento en la UE: llegan más inmigrantes a Reino Unido desde fuera de la Unión que desde dentro; incluso son más cada año. Las necesidades de inmigración a menudo se deben a los fracasos gubernamentales: por ejemplo, el año pasado, uno de cada cuatro enfermeros que contratábamos venía del extranjero, después de los recortes del Gobierno a las plazas de formación en enfermería año tras año.

Que los políticos prometan medidas que no pueden llevar a cabo socava de forma desastrosa la fe en el sistema democrático. Esa falta de confianza está alimentando al bando del Brexit. Pero las promesas de Cameron también han alentado el sentimiento anti-inmigración. Ha descrito la inmigración masiva como un enorme problema que necesita una solución radical: un objetivo que habría logrado una reducción drástica en la cifra de personas que entran al país. “Durante demasiado tiempo, la inmigración ha sido demasiado alta”, dijo en 2011. Añadió que el fracaso en la integración de los inmigrantes había provocado “malestar y desarticulación” en las comunidades.

En la víspera de las elecciones generales de 2015, Cameron advirtió de que un gobierno laborista implicaría un “regreso de la inmigración descontrolada”. “La inmigración masiva y descontrolada dificulta mantener la cohesión social, pone presión sobre los servicios públicos y hace bajar los salarios”, dijo el ministro de Inmigración de Cameron, James Brokenshire.

¿Qué ocurre cuando un primer ministro dice a su país que la inmigración es demasiado alta, que es el origen de muchos de los problemas del país, que hay que reducirla de forma significativa y luego la inmigración sigue en el mismo nivel? Ahora lo sabemos: es lo que está ocurriendo delante de nosotros, lo que coloca un gran interrogante sobre el futuro de nuestro país.

Los charlatanes del lado del Brexit ahora remueven e incitan al fanatismo por conveniencia política. Sueltan demonios que luego será difícil contener sea cual sea el resultado del referéndum. Pero también están cometiendo el mismo pecado que Cameron. Es muy improbable que se dé una reducción considerable de la inmigración, una que la gente pueda notar de verdad, salvo que el desastre económico tras el Brexit sea tan grande que la gente huya de nuestras costas.

Reino Unido ya tiene el control de la mayoría de la inmigración. Si hubiera, pongamos, 10.000 inmigrantes menos, eso significaría 16 personas menos –o cuatro familias– llegando a cada circunscripción. ¿Quién va a notar eso? La delincuencia estuvo reduciéndose durante muchos años, pero las encuestas mostraron que la mayoría de la gente seguía creyendo que aumentaba. La falta de vivienda asequible y trabajo seguro, el estancamiento de la calidad de vida, los recortes que hacen tambalear a los servicios públicos... Son problemas sociales que alimentan el sentimiento anti-inmigración, y solo irían a peor.

Hay cosas que el Gobierno podría haber hecho. Eliminó el fondo de impacto sobre la migración, que daba recursos extra a las comunidades con mayores niveles de inmigración. En lugar de eso, podría haberlo ampliado: los migrantes europeos aportan más de lo que reciben y ese dinero se podría haber destinado a una iniciativa así. En lugar de dejar sin suficientes recursos a los centros de aprendizaje de inglés, podría haberlos financiado de forma adecuada. Se puede lidiar con las preocupaciones sobre la inmigración, sin hacer promesas imposibles.

¿Apretará Reino Unido el botón de salida este jueves? Si lo hace, será la consecuencia más dramática de hasta qué punto se ha socavado la fe de la gente en la política, y todos sufriremos por ello.

Traducción de Jaime Sevilla Lorenzo