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The Guardian en español

Xi Jinping llega con las mejores cartas a su primera partida con Donald Trump

La reunión se celebra este jueves y viernes en el complejo de Mar-a-Lago, Florida.

Benjamin Haas / Julian Borger

En el marco de una reunión secreta del Partido Comunista Chino, los más altos cargos del partido, hombres de mediana edad y con trajes oscuros reunidos en torno al símbolo de la hoz y el martillo dorados, levantaron la mano al unísono para declarar al presidente Xi Jinping 'camarada', el máximo líder del país.

Esta reunión, celebrada en octubre pasado, sirvió para encumbrar a Xi y situarlo al mismo nivel que al líder de la revolución china, Mao Zedong. Se hizo evidente que el presidente ha consolidado con éxito su control sobre el país más poblado del mundo.

Xi está en Mar-a-Lago, el complejo de Trump en Florida, para participar en una reunión durante este jueves y viernes que marcará el tono de una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo.

En contraste con la autoridad indiscutible de Xi, la posición de Donald Trump es mucho más débil. Él y su equipo están siendo investigados por su supuesta relación con Rusia durante la campaña presidencial y no han sido capaces de impulsar las medidas que prometieron durante la campaña.

El presidente de Estados Unidos también tendrá que tranquilizar a sus fieles aliados, entre ellos Japón, Corea del Sur y Australia, que desconfían del rápido ascenso de China y esperan que sea precisamente Estados Unidos el país que equilibre el peso de China en la región.

China es estable y Estados Unidos está dividido

“El equipo de Trump está sometido a mucha tensión, se está encontrando con mucha resistencia en el Congreso de Estados Unidos y con protestas”, indica Zhang Haibin, un profesor de relaciones internacionales de la Universidad Peking, en Pekín. “La situación nacional de los dos líderes no se parece: Xi Jinping es el líder máximo del país y China es un país muy estable. Trump aún no ha conseguido imponerse y Estados Unidos es un país muy fragmentado”, señala.

En opinión de Zhang, la estrategia de Trump con respecto a China aún no se ha concretado y la nueva administración carece de asesores que conozcan el continente asiático en profundidad. En vistas a la reunión con Xi, Trump ha creado el caldo de cultivo necesario para una confrontación en torno a las relaciones comerciales y a la seguridad. Trump ha vaticinado en Twitter que las negociaciones serán muy complicadas y el domingo pasado el Financial Times publicó una entrevista en la que Trump reprendía a China por no haber podido frenar el programa nuclear de Corea del Norte.

“Creo que el presidente se ha expresado con claridad al señalar la importancia de que China y Estados Unidos trabajen de forma coordinada y de que China utilice su enorme influencia económica para conseguir una solución pacífica a ese problema”, señala un alto cargo de la administración estadounidense. Esta fuente indica que China representa cerca del 90% del comercio exterior de Corea del Norte. “Así que aunque hayamos podido oír que la influencia política de China ha disminuido, es obvio que su influencia económica no lo ha hecho. Es considerable”, indica. “Nos gustaría coordinar con China la estrategia a seguir con Corea del Norte”, añade.

“Durante 20 años hemos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance para que la península sea un lugar seguro y desnuclearizado. Así que esta cuestión pone a prueba nuestra relación con China”, indica.

La administración Trump no ha dudado en calificar los esfuerzos de las anteriores administraciones de “fracaso” y ha prometido una nueva estrategia. De hecho, el intento de engatusar a China para que presione a su problemático y empobrecido vecino con una implementación más vigorosa de sanciones de la ONU representa una política continuista con respeto a la estrategia de Obama.

El secretario de Estado, Rex Tillerson y otros altos cargos de la administración han afirmado que contemplan “todas las opciones” y algunas fuentes del Gobierno afirmaron el martes por la noche que “se está acabando el tiempo para una solución diplomática”.

Sin embargo, muchos analistas militares señalan que cualquier ataque preventivo o represivo contra Pyongyang podría tener consecuencias desastrosas y podría propiciar un ataque de Corea del Norte con misiles contra Seúl y que el régimen decida hacer uso de sus cabezas nucleares.

“Xi no necesita grandes logros”

Trump ha dejado claro que quiere que China haga algún gesto que ayude a reducir el déficit comercial de Estados Unidos con ese país y que quiere que Estados Unidos y China cooperen para frenar a Corea del Norte. Sin embargo, Xi no ha expresado qué quiere obtener de esta reunión, en parte porque en los últimos meses ya ha luchado por conseguir que Estados Unidos haga algún gesto político. Tras la victoria electoral de noviembre, Trump indicó que utilizaría el estatus de Taiwán, una democracia con un gobierno propio que China considera parte de su territorio, como una moneda de cambio. Sin embargo, en su primera conversación telefónica con Xi, Trump accedió a respetar la política de “una única China”, un pacto diplomático en virtud del cual Washington no opina sobre las reivindicaciones territoriales de China.

“Xi no necesita obtener grandes logros, el simple hecho de que se reúna con Trump ya le hace ganar puntos en China”, indica Bonnie Glasier, directora de un programa sobre la política exterior y seguridad de China del Center for Strategic and International Studies, un think tank en Washington. “Demuestra que tiene una buena relación con el nuevo presidente y que es capaz de mantener una relación estable con Estados Unidos. Xi no tiene grandes peticiones mientras que Trump sí las tiene”.

Lo más probable es que Xi opte por no sacar a relucir cuestiones que puedan molestar a Trump y que haya tomado nota de la conversación telefónica que mantuvieron Trump y el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, en la que todo parece indicar que un intercambio de opiniones en torno al reasentamiento de refugiados propició que Trump colgara el teléfono.

El presidente chino se prepara para una importante reunión del Partido Comunista que tendrá lugar a finales de año y en la que podrían cambiar muchos altos mandos. Es poco probable que impulse grandes reformas económicas antes de esa reunión. Todo parece indicar que Xi acude al complejo de Mar-a-Lago con propuestas para cerrar acuerdos que puedan crear nuevos puestos de trabajo o reducir la cantidad de acero que se vierte en Estados Unidos.

China no se ha fijado ningún objetivo concreto, así que lo más probable es que esta reunión solo sea una misión de exploración y una oportunidad para que Xi demuestre que no se doblega ante Trump.

“China necesita entender la actitud de Estados Unidos, las intenciones reales de Trump y utilizar esta información para construir la base de las relaciones entre ambos países”, indica Li Yonghui, un experto en las relaciones entre Estados Unidos y China de la Universidad de Relaciones Diplomáticas de Pekín. “En estos momentos, hay mucha incertidumbre en torno a la relación, y ambos países necesitan que esta reunión sirva para encontrar una base común”, explica. “En lo relativo a la economía, tal vez China podría hacer alguna concesión, pero todavía es difícil saber hasta dónde estará dispuesta a llegar”, añade.

Sin partida de golf

En opinión de Li, la decisión de Trump de celebrar la reunión con el líder chino en su club privado y no en un marco más formal en Washington es un reflejo de su deseo de tener una conversación franca y abierta con su homólogo chino. “Tendrán tiempo para conocerse de una forma menos protocolaria, especialmente durante el primer día y también durante la cena”, indica un alto cargo de la administración estadounidense. Sin embargo, el hecho de que a Xi no le interese el deporte favorito de Trump [el golf] supone que el presidente estadounidense no podrá utilizar su táctica habitual para romper el hielo.

“Creo que puedo decir sin riesgo a equivocarme que no jugarán al golf”, señala esta misma fuente. “Es probable que den algún paseo cuando ya estén más relajados pero nada formal y nada que tenga que ver con palos de golf”. Los dos líderes ya tienen algunos puntos en común. “Los dos tienen una voluntad de acero y mucha confianza en sí mismos”, señala Glaser.

Desde la toma de posesión en enero, la administración Trump ha demostrado que prefiere contar con redes de asesores de su confianza, una tendencia que se asemeja a la cultura política de China.

Supuestamente, el yerno de Trump, Jared Kushner, tiene buenas relaciones con altos cargos chinos y ha ayudado a organizar el encuentro. Se cree que en lo relativo a política exterior, Kushner tiene un mayor peso que el secretario de Estado, Rex Tillerson.

Según ha aparecido en los medios, Anbang Insurance Group, una compañía con vínculos muy estrechos con la élite política de Pekín, estaba negociando una inversión de 4.000 millones de dólares con Kushner y la compañía inmobiliaria de su familia. El acuerdo no prosperó, ya que podría haber generado un conflicto ético.

“A los chinos nos encanta el amiguismo, somos muy buenos tejiendo este tipo de relaciones”, indica Zhang. “Durante miles de años, los chinos han estado utilizando sus contactos sociales y sus relaciones con personas influyentes para cerrar acuerdos políticos y comerciales”.

Si bien Xi ha intentado desmarcarse de cualquier práctica de nepotismo –ha impulsado una campaña para luchar contra la corrupción–, se ha publicado que sus familiares se han enriquecido a medida que él ha ido ganando poder político.

En muchos aspectos, el primer encuentro entre los dos líderes podría definir el papel que desempeñarán ambos países en la esfera internacional: muchos aliados de Estados Unidos temen que Trump no esté interesado en liderar el orden liberal, como ha hecho Estados Unidos durante décadas. Por otra parte, Xi no ha hecho ni el mínimo esfuerzo por disimular que quiere revertir este orden.

Zhang señala que “los dos tienen ambiciones muy diferentes en este momento: Xi Jinping quiere liderar el mundo y Trump todavía tiene que solucionar los problemas que tiene a nivel nacional”.

Traducido por Emma Reverter

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