CLAVES
Fin al último tratado de control de armas nucleares entre EEUU y Rusia: qué es, por qué importa y qué puede pasar ahora
La vuelta a escena de Donald Trump y su sacudida al tablero global adquieren una nueva dimensión este jueves 5 de febrero: es el día en el que expira el New START, el último tratado que pone límites a las armas nucleares estratégicas de las grandes potencias atómicas, Rusia y Estados Unidos.
Su vencimiento acaba con más de medio siglo de control sobre el desarrollo de armamento nuclear, desde que en 1969 empezaran las conversaciones entre soviéticos y estadounidenses para acabar con la amenaza latente de la “MAD”, las siglas en inglés para la Autodestrucción Mutua Asegurada.
Tras suspender su participación, un año después de invadir Ucrania, Vladímir Putin lleva meses ofreciendo a la Casa Blanca prorrogar un año más el tratado, pero Trump ha ignorado sus llamamientos, temeroso de una China que no tiene intención de abandonar la producción de ojivas nucleares.
Los expertos aseguran que el mundo se adentra en una era desconocida, pero, ¿supone esto el inicio de una nueva carrera armamentística? ¿Hay razones para la alarma? ¿Un nuevo tratado es posible?
¿Qué es el tratado New START y por qué ha sido fundamental?
El New START (acrónimo en inglés para Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) lo firmaron en el año 2010 el presidente estadounidense Barack Obama y Dmitri Medvédev, entonces presidente ruso y, 15 años después, un halcón de la retórica nuclear. Entró en vigor en 2011 y tenía una validez de diez años, pero, en 2021, Joe Biden y Putin optaron por prorrogarlo cinco años más.
El tratado establece límites a las armas atómicas estratégicas, es decir, aquellas que cada bando utilizaría para golpear los centros políticos, militares e industriales clave del oponente en caso de una guerra nuclear. Acota el número de cabezas desplegadas a 1.550 por cada país, con un máximo de 800 sistemas de lanzamiento (misiles terrestres, submarinos con misiles cargados y bombarderos), de los cuales solo 700 pueden estar activos y operativos.
Una de las bases del New START es el sistema de inspecciones in situ, con poca antelación, que debería permitir a cada gobierno cerciorarse de que la otra parte cumple el acuerdo. Además, en teoría, unos y otros compartirían una base de datos con información sobre la localización de todas las bases con lanzadores nucleares, los números de serie de todas las ojivas y misiles o las características técnicas de los diferentes sistemas.
¿Las partes lo han cumplido?
En 2020, a raíz de la pandemia de coronavirus, las inspecciones presenciales se cancelaron, lo cual obligó a extremar la confianza en el intercambio de datos y en las notificaciones rutinarias.
Un año después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, en 2023, Putin anunció que suspendía la participación de Rusia en el tratado por el apoyo norteamericano a Kiev y las sanciones occidentales. Aquello decisión puso fin también a la frágil base de datos compartida y dejó a ambas potencias a oscuras, dependiendo únicamente de los propios informes de inteligencia y de las observaciones por satélite.
Sin embargo, durante este tiempo, ningún bando ha acusado al otro de infringir los límites de ojivas, que siguen vigentes. Tal y como explica Nikolai Sokov, exnegociador de armas nucleares de la URSS y Rusia en un artículo para el Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación, “el tratado ha perdido gran parte de su propósito original”. Y añade: “Si bien los límites numéricos todavía proporcionan cierta transparencia, el elemento más crítico, el régimen de verificación, se ha congelado”.
Según datos de septiembre de 2022, Rusia contaba con 1.549 cabezas nucleares estratégicas, una por debajo del límite, mientras que Estados Unidos tenía 1.420. Eso sí, a enero de 2025, el Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI), estimaba en 1.830 adicionales las ojivas almacenadas por Washington, y en 1.114 las de Moscú.
¿Por qué Estados Unidos no ha querido prorrogar el tratado?
Entre los políticos y expertos estadounidenses se ha ido extendiendo el consenso de que ha llegado el momento de ampliar el arsenal estratégico norteamericano. Los principales argumentos son los supuestos incumplimientos rusos y el miedo al desarrollo nuclear chino.
Esta posición la resumía recientemente Rebeccah Heinrichs, investigadora del think tank Hudson Institute, en X: “Rusia ya está construyendo armas nucleares nuevas y exóticas. Y supera en número las armas nucleares del teatro norteamericano [en una relación de] 10 a 1. Rusia suspendió el tratado cuando invadió Ucrania y muchos de nosotros creemos que ya está por encima de los límites del New START. Estados Unidos debe adaptar su fuerza para disuadir a China y a Rusia”.
Algunos sectores piensan que, si ganaron la carrera armamentística con la Unión Soviética, también la van a ganar con China
La Casa Blanca cree que debe ser capaz de disuadir a la vez a Pekín y a Moscú, es decir, que debe tener el potencial para atacar ambas capitales simultáneamente. A pesar de que Estados Unidos y Rusia concentran el 86% de las cabezas nucleares mundiales, se calcula que China ha duplicado la fabricación de estas armas en los últimos años, y es poco probable que Xi Jinping esté dispuesto a aplicar límites a su arsenal atómico hasta que alcance la paridad con Washington.
“Rusia y China han estado ampliando significativamente sus arsenales estratégicos a pesar de la moderación por parte de Estados Unidos. Si se trata de una carrera armamentística nuclear, Estados Unidos está perdiendo; y si aún no es una carrera armamentística, pero se convierte en una, Estados Unidos empieza desde atrás”, escribe Heather Williams, directora del Proyecto sobre Cuestiones Nucleares (PONI), en la web del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Según explica a elDiario.es Pavel Podvig, uno de los mayores expertos rusos en armamento nuclear, los argumentos estadounidenses son en gran medida “ideológicos”. “Simplemente, hay gente que quiere eliminar cualquier limitación impuesta a EEUU y quieren aprovechar el momento”. El experto cree que la Administración Trump quiere mandar “un mensaje de firmeza a China”, pero advierte: “Se arrepentirán. Algunos sectores piensan que, si ganaron la carrera armamentística con la Unión Soviética, también la van a ganar con China. Buena suerte”.
¿Por qué Rusia insiste en que EEUU acepte su oferta?
Desde otoño, el Kremlin ha desplegado una campaña de presión hacia la Casa Blanca con la oferta de alargar un año el tratado vigente. “Para evitar provocar una nueva carrera armamentista estratégica y garantizar un nivel aceptable de previsibilidad y moderación, creemos que está justificado intentar mantener el statu quo establecido por el New START durante el actual período bastante turbulento”, decía Putin.
Estas últimas semanas, el entorno del presidente ruso ha intensificado su discurso. “En tan solo unos días, el mundo estará en una posición más peligrosa que nunca”, afirmaba el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, mientras que Medvédev, en una entrevista con las agencias Reuters y TASS, añadía: “No quiero decir que esto signifique inmediatamente una catástrofe y que comenzará una guerra nuclear, pero aun así debería alarmar a todos”.
El acuerdo propuesto por Putin sería en gran medida simbólico, (...) ambas partes ya están planificando o implementando programas que eventualmente alterarán el equilibrio estratégico
Las razones de Putin son simples: a Rusia le conviene el tratado. En declaraciones al Financial Times, Vasily Kashin, profesor de la Escuela Superior de Economía de Moscú, explica que el país tiene poco interés en aumentar su arsenal mientras mantenga la paridad estratégica con Estados Unidos. “Nos sentimos cómodos con la situación actual y nuestra seguridad ya está garantizada. ¿Por qué deberíamos iniciar una carrera armamentística y gastar más dinero en ella? No es necesario porque ya tenemos una ventaja”, apunta Kashin.
“Las armas nucleares de China son problema de Trump, no nuestro”, añade Kashin. “Esta afirmación de que Estados Unidos necesita ser tan fuerte como Rusia y China juntas es lo que podría desencadenar una nueva carrera armamentística”.
Para Podvig, Rusia quiere demostrar que es “un Estado nuclear responsable” y que quiere mantener una relación “razonable” con Estados Unidos. Además, a ojos del Kremlin, “no hay ninguna desventaja” en continuar con el tratado, ya que no necesita más ojivas, añade el experto.
¿La propuesta de Putin es una solución?
La iniciativa rusa de extender un año la vigencia del tratado no soluciona el problema fundamental de la verificación. Putin pretende prorrogar el acuerdo en las mismas condiciones en las que se estaba aplicando después del anuncio de la suspensión por parte de Rusia.
“La oferta de Moscú no es ideal”, asegura Podvig. “Me encantaría que Estados Unidos respondiera proponiendo restaurar algunos de los elementos del New START”. Desde su punto de vista, sería “perfectamente factible” reanudar el intercambio de datos. En cualquier caso, cree que la versión degradada del tratado también sería un buen remedio al preservar el consenso de que el aumento de los arsenales nucleares es incorrecto.
Sin el New START hay un peligro real de que la carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia se acelere (…) y otras potencias nucleares se sientan presionadas a seguir esa tendencia. Esto hace que cada crisis sea más peligrosa y aumenta el riesgo de cometer errores y cálculos erróneos
Para Sokov, “el acuerdo propuesto por Putin sería en gran medida simbólico”, ya que “ambas partes ya están planificando o implementando programas que eventualmente alterarán el equilibrio estratégico”.
¿Se abre una nueva carrera armamentística?
Una vez decaiga el tratado, sobre el papel, cada bando tendrá libertad para incrementar su número de misiles y desplegar cientos de ojivas estratégicas adicionales. Sin embargo, esto plantea desafíos técnicos y logísticos y no ocurriría de la noche a la mañana; se necesitaría al menos casi un año para lograr cambios significativos.
A largo plazo, la preocupación es que se desate una carrera armamentista descontrolada, en la que cada Estado seguiría añadiendo armas a su arsenal basándose en las peores suposiciones sobre las acciones del otro.
La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), coalición de la sociedad civil que obtuvo el premio Nobel de la Paz en 2017, ha reclamado a Washington y Moscú que reabran conversaciones para el desarme nuclear y reducir “significativamente” su arsenal. “Sin el New START hay un peligro real de que la carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia se acelere (…) y otras potencias nucleares se sientan presionadas a seguir esa tendencia. Esto hace que cada crisis sea más peligrosa y aumenta el riesgo de cometer errores y cálculos erróneos”, ha señalado la directora ejecutiva de ICAN, Melissa Parke, en un comunicado.
Nikolai Sokov escribe: “Las potencias nucleares, no solo Estados Unidos y Rusia, han entrado en una fase de carrera armamentística cualitativa y, aunque menos, cuantitativa. En ausencia del último tratado de control de armas nucleares, esta competición puede devenir crecientemente desestabilizadora”.
En cambio, Podvig, si bien no es optimista, tampoco opina que el mundo se encuentre ante un escenario catastrófico. “No estamos en una situación en que Estados Unidos vaya a duplicar el número de misiles o de submarinos. Bastantes problemas tienen con el programa [antibalístico terrestre] Sentinel, que supera con creces el presupuesto. Y Rusia, igual”, apunta.
En el caso de China, también ve limitaciones para que se lance a una carrera nuclear. “No es esperable una expansión significativa. Pero incluso en el peor escenario, si consiguen tener 1.000 ojivas en 2030, comparadas con las que tienen ahora Rusia y Estados Unidos, no es realmente una carrera armamentística”, concluye.
¿Qué pasa con las nuevas super armas nucleares?
Ya antes de la expiración del tratado, el Kremlin había desatado el fantasma de la escalada nuclear con varios gestos. Desde el principio de la guerra en Ucrania, Putin recurrió con frecuencia a la amenaza atómica para disuadir a Occidente de apoyar a Volodímir Zelenski. En 2024, Rusia actualizó su doctrina nuclear ampliando los supuestos en los que podría utilizar este tipo de armas. Por ejemplo, en caso de ataque con misiles occidentales de largo alcance contra territorio ruso.
El expresidente Medvédev llegó a amenazar con reducir a “cenizas radioactivas” las ciudades europeas, y se convirtieron en diarias las advertencias de los principales propagandistas de la televisión rusa hacia los ciudadanos occidentales.
En los últimos meses, la desconfianza generada por la suspensión de las inspecciones y la guerra en Ucrania se ha visto agravada por la aparición de nuevas armas no contempladas en el acuerdo actual. Rusia está desarrollando sistemas de lanzamiento nuclear avanzados, como el misil de crucero de propulsión nuclear Burevéstnik y el sumergible nuclear Poseidón, así como armas convencionales hipersónicas como el misil balístico Oreshnik.
En octubre, el Kremlin sacó pecho de haber probado con éxito estos artefactos, lo cual llevó a Trump a ordenar el reinicio de las pruebas nucleares en igualdad de condiciones con Rusia y China. Washington no precisó si se trataba de ensayos con explosiones nucleares o con sistemas de lanzamiento capaces de llevar ojivas nucleares.
Paralelamente, la Casa Blanca ha impulsado el proyecto de la Cúpula Dorada, un escudo antimisiles de última generación, que tampoco estaría limitado por el New START. Su objetivo es proteger a Estados Unidos de ataques con misiles balísticos, hipersónicos y otras amenazas avanzadas. Esta iniciativa inquieta a Pekín y a Moscú ya que entienden que desharía el equilibrio estratégico global.
¿Es posible un nuevo acuerdo?
En enero, Trump, en una entrevista con el New York Times, quitó importancia al fin del tratado. “Si expira, expira. Haremos uno mejor”, dijo. La obsesión norteamericana es que este nuevo acuerdo incluya a China, pero los expertos ven improbable que sea una realidad.
“Soy muy escéptico”, afirma Podvig. Según el estudioso, la única vía para forjar un nuevo pacto de control nuclear es la mejora de los lazos entre Estados Unidos, China y Rusia. “Cualquier tratado es reflejo del estado general de las relaciones”, señala.
El Kremlin, por su parte, afirma que las fuerzas nucleares de Reino Unido y Francia, miembros de la OTAN, también deberían ser objeto de negociación, algo que estos países rechazan. Ambos Estados pueden lanzar misiles nucleares desde submarinos o utilizar aviones de combate para ello, pero carecen de misiles balísticos intercontinentales terrestres.
De ahí que la prolongación del New START sea percibida como una solución de compromiso en un momento en el que, a pesar del deshielo entre Putin y Trump, las relaciones entre las grandes potencias nucleares siguen siendo complicadas.
“El equilibrio estratégico es muy resistente, y estos y otros programas [de desarrollo nuclear] no tendrán un impacto tangible durante varios años. En este contexto, la propuesta de Putin aún podría proporcionar un modesto, aunque muy pequeño, grado de previsibilidad durante los próximos dos a cinco años”, escribe Sokov.
Podvig incluso va más allá y sugiere que el New START podría ser la base para un futuro tratado en caso de mejorar la relación entre potencias. “Prácticamente tiene todo lo necesario y, con un par de ajustes menores, podrías tenerlo rápidamente a punto”.
“Todos los países con armas nucleares deben reconocer que el control de armas por sí solo ya no es suficiente. Estas armas deben eliminarse antes de que se vuelvan a utilizar, y la forma de hacerlo es a través del Tratado de las Naciones Unidas sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, que la mayoría de los países ya han firmado o ratificado solo cinco años después de su entrada en vigor”, concluye Parke, de la coalición ICAN.