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La ultraderecha de Suecia atribuye su revés electoral a la teoría conspirativa del “gran reemplazo”

Òscar Gelis Pons

Copenhague —
20 de septiembre de 2026 22:25 h

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Según el recuento final de las elecciones generales en Suecia, el bloque progresista se impuso al conservador por poco más de 50.000 votos de diferencia, en unos comicios en los que votaron 6,3 millones de personas. Con este resultado, los partidos de la izquierda ya han comenzado las negociaciones para formar gobierno bajo el liderazgo de la socialdemócrata Magdalena Andersson. Pero teniendo en cuenta las líneas rojas planteadas por las diferentes formaciones, las negociaciones se esperan largas y complicadas.

En el bloque de la derecha ha llegado la hora de hacer balance de la derrota electoral de los tres partidos que integraban la coalición gobernante desde 2022: los Moderados, los Liberales y los Demócratas Cristianos. Pero a quien más le está costando digerir el fracaso en las urnas es a los Demócratas de Suecia (SD), la formación de ultraderecha que aspiraba a entrar por primera vez en un gobierno conservador. Las urnas han defraudado sus expectativas: SD ha sido el partido del Parlamento que más apoyos ha perdido respecto a las anteriores elecciones, un retroceso de 3,1 puntos porcentuales, y ha pasado a ser la tercera fuerza política de la cámara.

Sin apenas tiempo para analizar los resultados, los dirigentes del partido ultraderechista y otros opinadores de la derecha conservadora señalaron rápidamente a un culpable: los inmigrantes. Algunos llegaron incluso a hablar de un supuesto “gran reemplazo” del electorado, una teoría según la cual el cambio demográfico por la llegada de personas inmigrantes y solicitantes de asilo en los últimos años podría dificultar las opciones de la derecha de volver a ganar en futuras elecciones.

Movilizar el “voto islamista”

En el último debate electoral televisado antes de las votaciones, el líder de SD, Jimmie Åkesson, ya dejó caer la idea de que “la inmigración musulmana” sería “determinante” en las elecciones, alimentando todo tipo de teorías de la conspiración. Según Åkesson, “mediante la inmigración a Suecia procedente de la parte musulmana del mundo, (la izquierda) se ha hecho con el poder político en Suecia”, tal y como apuntó en SVT.

Con la publicación de los resultados electorales, esta teoría ha ido circulando en las redes sociales, en los perfiles afines a SD, y también ha sido repetida por los líderes del partido de ultraderecha. “Como movimiento, somos más fuertes que nunca”, dijo Åkesson el viernes en una rueda de prensa en el Parlamento, donde volvió a atribuir la victoria de los socialdemócratas y el crecimiento del Partido de Izquierda al hecho de que “han movilizado al voto islamista”.

Por su parte, desde el Partido de Izquierda, la portavoz Maria Forsberg contestó al líder ultraderechista diciendo que “su visión es el racismo y fomentar la división. Cuando los resultados de las elecciones no les convencen, empiezan a cuestionar el proceso democrático y rechazan la idea de que el voto de todos vale lo mismo. Esto amenaza la democracia sueca”, alertó.

Los que sustentan la teoría del “gran reemplazo” electoral se aferran a la publicación de una encuesta a pie de urna, elaborada por Valu, con una muestra de 13.000 participantes y publicada por SVT antes de empezar el recuento de votos en la noche electoral. Los datos del sondeo apuntaban a que el bloque progresista obtuvo el 48% de votos entre los votantes nacidos en Suecia, frente al 67% de apoyos entre los votantes inmigrantes procedentes de países no europeos. Con la publicación de los resultados finales, se ha demostrado que esta brecha se hace todavía más evidente en algunos de los barrios más vulnerables del país, donde la población de origen inmigrante tiene un peso importante. En Rosengård, uno de los barrios de Malmö, los Socialdemócratas y el Partido de Izquierda sumaron el 95% de los votos. En Rinkeby, al noroeste de Estocolmo, ambas formaciones alcanzaron conjuntamente el 90%.

Uno de los diputados de SD que más ha mencionado la teoría del “gran reemplazo” electoral es el diputado Tobias Andersson. “Es un poco osado creer que hay elecciones completamente libres cuando podemos tener una mayoría de más del 90% en todo un distrito electoral”, afirmó en el periódico Svenska Dagbladet. Lo que obvió Andersson es que también hubo distritos electorales, como el barrio pudiente de Södra Djursholm, en Estocolmo, donde los partidos del bloque conservador obtuvieron el 88,1% de los votos.

Además, el diputado ultra reprochó a los miembros del Gobierno saliente no haber suspendido el acceso a la nacionalidad a las personas inmigrantes en otoño de 2022, cuando el primer ministro conservador, Ulf Kristersson, llegó al poder. “Si perdemos, será porque hemos concedido la nacionalidad a más de 200.000 personas y han votado a la izquierda”, reaccionó Andersson en la entrevista.

Por otra parte, el político local y antiguo diputado de SD Kent Ekeroth atribuyó el resultado electoral a una “bomba demográfica” de la que, según sostuvo, su partido lleva tiempo advirtiendo. Ekeroth aseguró que la izquierda ha logrado movilizar políticamente a una parte del electorado a través de las mezquitas y de las redes comunitarias presentes en las zonas con mayor población inmigrante. “Parece que esto ha jugado un papel decisivo en estas elecciones, que llevan a Suecia hacia un camino completamente distinto del que han elegido los mismos suecos”, afirmó. En unas declaraciones abiertamente hostiles hacia la población inmigrante, Ekeroth añadió: “Han tenido la osadía de venir aquí y poder determinar el futuro del país”.

Más allá de la ultraderecha, esta teoría también ha comenzado a circular entre algunos miembros de los Moderados, hasta ahora la principal fuerza gobernante. El diputado conservador Fredrik Kärrholm se ha añadido al coro de voces que responsabilizan a la inmigración del resultado electoral y, en un artículo publicado en la revista británica The Spectator, argumentó que “la inmigración en Suecia no solo ha provocado un aumento de la criminalidad, de los problemas sociales y del desempleo”. Y agregó: “Hoy, el Gobierno, que había comenzado a resolver estos problemas con éxito, ha sido desalojado de las urnas por culpa de esa misma inmigración”.

Los datos desmontan la teoría

El foco puesto por SD en el voto de los ciudadanos nacidos fuera de Suecia permite a la formación dejar en segundo plano otras tendencias que, según los politólogos, resultan más relevantes para entender el retroceso electoral de la ultraderecha. Por ejemplo, la caída que la formación ha sufrido en Escania, en el sur del país, considerada uno de sus principales feudos electorales. Aunque SD continúa siendo la fuerza más votada en 18 de los 33 municipios de la región, su apoyo ha disminuido de forma generalizada y el partido ha perdido más de 27.000 votos respecto a las elecciones de 2022. Otro de los datos destacados es el fuerte retroceso de SD entre los votantes más jóvenes: el partido perdió siete puntos porcentuales entre los electores de 18 a 21 años, más del doble de su caída en el conjunto del electorado, donde su apoyo se redujo en 3,3 puntos.

Según los analistas, estos resultados pueden explicarse, en parte, por el menor peso que tuvieron la inmigración y la seguridad durante la campaña electoral, desplazadas por otras cuestiones como la sanidad y la educación. Este cambio de prioridades habría contribuido a desmovilizar a parte del electorado de SD respecto a las elecciones de 2022. El politólogo de la Universidad de Lund, Anders Sannerstedt, también apunta que SD “ya no es un partido que se perciba al margen del establishment tras colaborar con el anterior Gobierno, por lo que una parte de sus votantes no han ido a votar”.

Desde la Fundación Järvaveckan, dedicada a fomentar la participación ciudadana en la democracia en las zonas más vulnerables, cuestionan la teoría del “gran reemplazo electoral” con datos que apuntan a una realidad más compleja. Su encuesta muestra que el voto en los barrios vulnerables no es necesariamente contrario a las propuestas de los partidos del bloque conservador.

Según el sondeo, entre los ciudadanos de origen extranjero de estos barrios, el 70% apoya reducir los impuestos sobre el trabajo y el 66% rebajar los impuestos de la gasolina y el diésel. Además, el 71% respalda duplicar las penas por delitos vinculados a redes criminales y el 51% apoya que se pueda encarcelar a partir de los 14 años por delitos graves. “Los partidos conservadores deben escuchar a estos votantes en las zonas más vulnerables y competir para ganarse su confianza y dejar de cuestionar la igualdad de la ciudadanía en el voto”, concluyó el fundador de la Fundación Järvaveckan, Ahmed Abdirahman.