Se busca a Lamine Yamal: el Madrid más analógico se reúne en la Meca de Panini para cambiar cromos del Mundial
Luis se había quedado despierto hasta tarde. Ordenó sus últimos cromos y completó la lista en notas del móvil, anotando nombres de jugadores que aún le faltaban y de las selecciones con más huecos por rellenar. El sueño no impidió que amaneciera puntual y se plantara a la hora prevista (poco antes de las once) en la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo. Es una de las desembocaduras del Rastro, y no es que allí los cromos sean algo extraño de ver. Pero cada cuatro años, coincidiendo con el Mundial de Fútbol y el lanzamiento de una nueva colección de Panini, este recinto al aire libre se transforma en una subasta popular multitudinaria, a la que cada uno trae sus deberes hechos.
Resguardados bajo un árbol, un padre recita a su hija los nuevos cromos que han conseguido. Ella tacha el código de cada lámina en una tabla de Excel, impresa para la ocasión. Cuando terminan, se abren paso entre la gente –más de un centenar de personas intercambiaban o exponían sus cromos ese domingo por la mañana– y allí encuentran a Luis, que justo se ha instalado a la sombra del mismo árbol. “¿Cambias cromos?”, pregunta la joven, a lo que él saca su caja de Panini y cuenta que ha viajado desde Barcelona, donde estos trueques a pie de calle también son habituales.
Pero hay un jugador de la Selección Española que se le resiste, y vio en esta escapada a Madrid una oportunidad para encontrarlo. “¿Tenéis repe a Lamine Yamal?”, se lanza, a lo que la familia revisa rápidamente entre sus dos tacos de cromos, sujetos con una goma fina. La editorial italiana, famosa por sus álbumes oficiales de fútbol, lleva casi seis décadas lanzando las colecciones exclusivas del Mundial, pero está cerca de que la licencia con la FIFA (organizadores de la Copa de Fútbol) pase a otra empresa desde el año 2030. Hasta ahora, la edición de 2026 es la más extensa de la historia, con 980 cromos en total y 68 especiales, impresos en material premium.
Para reunir tantos como los que había esa mañana había concentrados en el Rastro, la opción más sencilla es comprar sobres individuales por 1,50 euros y con siete unidades cada uno. Otras maneras pasan por adquirir cajas completas de hasta 50 o 100 sobres, por 75 y 150 euros respectivamente, o bien mediante apps habilitadas para intercambiar online y acudiendo a espacios como este. A veces son los quioscos o las librerías quienes organizan los intercambios, pero muchos ya se conocen los lugares espontáneos donde históricamente se canjean cromos de fútbol repetidos.
Aquel padre y su hija no tenían a Lamine Yamal, pero Luis continuó su ruta hasta dar con un par de amigos. Vestían camisetas blancas con logos de marcas: una de Tommy Hilfiger y la otra de Calvin Klein. El primero de ellos ya había completado su álbum del Mundial 2026 y al segundo solo le quedaban tres láminas, así que “cantan” al joven catalán los números que necesitan. Gracias a eso, consiguen el cromo especial de la Selección de Japón, pero Luis tampoco encuentra en ese intercambio su ansiada imagen de Lamine.
Junto con Pedri, mediocampista, es el único jugador de La Roja que le falta para completar el equipo. Además, comparte con Lamine Yamal que ambos son de Cataluña, y tiene ganas de conseguir su cromo. Alrededor, decenas de personas de todas las edades se organizan en la plaza madrileña: algunos aprovechan los asientos para colocar sus álbumes y captar la atención de otros aficionados, y el resto deambula por los recovecos hasta encontrar a un cómplice con el que intercambiar su mercancía. “Oye, ¿cambias?”, pregunta una voz a su espalda.
Es Miguel, un joven en la veintena que ha venido desde Parla porque ya es un parroquiano de los domingos en el Rastro. Especialmente, desde que sus calles vuelven a convertirse en la Meca de Panini. Ya ha reunido la mitad de la colección, y quedan pocos días para que España se mida con Francia en las semifinales del campeonato. Así que apura sus últimas cartas y ambos empiezan a negociar. Él ha conseguido la caja oficial de Panini, un rectángulo metálico con el logo de la FIFA. En general, pueden verse varias de ese mismo modelo entre los aficionados de la Plaza del Campillo.
Las estrategias para ser rápidos y efectivos en el intercambio, y tener que rebuscar lo menos posible entre tacos, son diversas y originales: por ejemplo, otra familia cerca de allí revisa sus estampitas guardadas en una especie de cartera diminuta, donde las tienen clasificadas por número y Selección. Una pareja mayor admite haber madrugado porque su hijo, que es “muy fan” del coleccionismo y está completando su álbum, se había quedado dormido e iba a perderse el domingo en el Rastro. Así que, adueñándose de su carpeta –donde tenía las listas con sus cromos y los que aún faltaba conseguir–, se plantaron ellos solos en la gran subasta de cromos.
Luis aprovechó la ocasión para preguntarles y compartieron sus adquisiciones. Aquí hubo un buen botín: los primeros encontraron hasta 24 cuartas que el joven tenía repetidas y faltaban en la lista de su hijo. Él, después de revisar varios equipos y hacerse con un puñado de cromos que le interesaban, dio por fin con su objetivo: la cara de Lamine Yamal se abría paso entre el resto de jugadores del taco. Entusiasmado, volvió a casa con medio centenar de láminas nuevas para su álbum y sin tener que haber pagado ni un euro.