La Fuente de la Fama y su entorno vuelven a estar abiertos al público

La reja situada alrededor del Museo de Historia de Madrid, que enjaula a la conocida Fuente de la Fama y su entorno inmediato, engaña: da por sentado que el acceso a ese espacio está vetado al público en general, pero no es así.

Desde hace casi dos años es posible acceder libremente al mismo en horario de apertura del museo. Eso sí, hay que hacerlo a través de la entrada principal de la citada institución y no desde los Jardines del Arquitecto Ribera ni desde la calle Barceló, que sería lo natural. Aunque lo de que es de libre acceso desde hace un par de años es mucho decir, dado que las obras que metro de Madrid llevó a cabo en la estación de Tribunal -primero- y la pandemia -después- no habían permitido realmente que así fuera. Para las obras se utilizó parte del patio en el que está la fuente como almacén al aire libre de distintos materiales y la pandemia cerró un tiempo el museo.

Sin embargo, ahora, acabadas unas y atenuada la otra, es el momento de anunciar claramente que este rincón vuelve a estar abierto para quien quiera disfrutarlo, algo que desde el Museo de Historia harán en breve de forma notoria, a través de algún cartel o lona que lo indique. De momento, lo que han hecho es comunicarlo a una representación de distintas organizaciones vecinales de Malasaña, las cuales, en una productiva reunión mantenida con la directora de la citada institución, Hortensia Barderas, abordaron el pasado lunes la posibilidad de que museo y barrio estrechen lazos.

Situada en los Jardines del Arquitecto Ribera, junto al metro de Tribunal, la Fuente de la Fama y el espacio verde que la rodea permanecen anexionados al museo desde tiempos de Álvarez del Manzano en la alcaldía. La razón de aquella actuación fue proteger de actos incívicos tanto la histórica fuente como las paredes del propio museo y, aunque el cierre se llevó a cabo con la promesa de que las verjas se abrirían durante el día, ese compromiso cayó en el olvido, pese a que el movimiento vecinal de Malasaña lo haya reivindicado en varias ocasiones y aún lo tenga en mente.

Desde la Asamblea Ciudadana del barrio de Universidad (ACIBU) celebran que este espacio se pueda disfrutar, al menos, durante las horas de apertura del Museo de Historia y, aunque reconocen que tras la última rehabilitación que se hizo del museo, habilitar un acceso desde los Jardines del Arquitecto Ribera resulta más complicado, no renuncian a conseguir que en un futuro sea así.

Alrededor de la Fuente de la Fama hay en la actualidad cinco bancos, uno de hierro y cuatro de piedra, y árboles de gran porte que dan una buena sombra, lo que lo convierte en un espacio ideal para descansar junto a la lámina de agua de la fuente.

Acercar el Museo de Historia al Barrio

Entre los otros asuntos que los citados representantes vecinales abordaron en la reunión mantenida con la directora del museo destaca el compromiso de realizar visitas guiadas gratuitas por parte de voluntarios del Museo de Historia para vecinos del barrio de Universidad, tanto generales como de temática específica y siempre relacionadas con la historia de Madrid.

Septiembre sería el momento a partir del cual comenzarían a realizarse esas visitas y las reservas las gestionarían las entidades vecinales, que se han mostrado encantadas por la disposición de Barderas a estrechar lazos con el vecindario, al que habría ofrecido el uso de las instalaciones del museo para la realización de actos culturales tales como presentaciones o conciertos.

Fuente de la Fama o de Antón Martín

La Fuente de la Fama se construyó por orden de Felipe V para embellecer Madrid y mejorar los suministros de agua. Proyectada por Pedro Ribera, y realizada con granito y piedra blanca de Colmenar por el maestro cantero Pedro de la Piedra, fue inaugurada en 1732. La labor escultórica hay que atribuírsela a Juan Bautista.

Es conocida también por el nombre de Fuente de Antón Martín, puesto que ese fue su emplazamiento original. Fue desmontada pieza a pieza en 1789 y guardada en un almacén municipal, hasta que en 1911 se colocó en el parque del Oeste, añadiéndosele en ese momento sillares provenientes del cuartel de San Gil. Llegada la Guerra Civil, volvió a ser desmontada y preservada en otro depósito municipal y no fue hasta el año 1941 que llegó a Malasaña.

El monumento es un canto al Carpe Diem, recordando el paso del tiempo y la fugacidad de la fama, representada por la Victoria alada -preparada para escapar- que la corona, mientras blande una trompeta triunfal. En su columna central encontramos florones, hornacinas, cuatro niños que sujetan sobre sus cabezas conchas invertidas, escudos, elementos vegetales, etc. En los lóbulos de la pileta hay cuatro delfines mitológicos, de cuya boca mana agua.