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Los octogenarios a los que la Casa de Alba intenta desalojar de sus casas en Madrid: “Llevo 53 años aquí y soy la más joven”

Diego Casado

Madrid —
21 de enero de 2026 22:40 h

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Janick lleva desde el 1973 viviendo en la calle Duque de Liria, una pequeña vía situada a escasos metros de la Plaza de España de Madrid. Llegó allí buscando piso de alquiler con su pareja, un español al que había conocido durante otra estancia en nuestro país y con el que decidió establecerse en la capital. Consiguieron su vivienda en una manzana propiedad de la Casa de Alba, que por entonces buscaba inquilinos de confianza, con intención de quedarse allí muchos años.

Medio siglo después, esta parisina que hizo su vida en Madrid sigue residiendo en la misma casa. Y así pensaba que iba a ser hasta el fin de sus días, pero el pasado mes de diciembre su vida dio un vuelco: una empresa intermediaria, Bala Investment, le remitió una carta que también hizo llegar a otros inquilinos de la manzana. En ellas aseguraba hablar en nombre de la propiedad y les anunciaba el desalojo de las viviendas por necesidades de rehabilitación. El caso lo avanzó El País a finales del mes pasado.

Janick es una de las cuatro vecinas de su bloque con contratos de renta antigua. Calcula que, sumando los del resto de edificios de la manzana, su número se eleva a una decena. Son los que más dificultades plantean a la Casa de Alba para el vaciado de los inmuebles, porque sus arrendamientos están especialmente protegidos por una antigua ley que cambió en el año 1982: los acuerdos firmados antes -como es su caso- no se pueden anular por parte de la propiedad y los inquilinos, de momento, se niegan a marcharse.

“Se han reunido conmigo amigablemente, quieren que nos vayamos por las buenas. Pero nosotros no nos vamos a ir, ni por las buenas ni por las malas”, asevera en conversación con Somos Madrid mientras repasa las edades de sus vecinos, todos octogenarios salvo uno, que ya se acerca a la centena. “Llevo 53 años aquí y soy la que tiene el contrato más joven” explica mientras indica que la inquilina más longeva de los pisos nació en el mismo edificio, hace 81 años. Del posible cambio de casa, lo que más le preocupa es su vulnerabilidad: “Por muy bien que estemos, no tenemos la mente tan clara como cuando teníamos 20 años”, imagina sobre una hipotética mudanza a su edad. “No tengo apoyo familiar ninguno, mis hijos viven en Francia”.

¿Cuántos vecinos más hay afectados por las expulsiones que ahora plantea el actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart? La Casa de Alba no lo indica, aunque el representante de comunicación de la propiedad, a preguntas de este periódico, sí que confirma “el inicio de un proceso de no renovación de contratos de alquiler” en los bloques cercanos al Palacio de Liria.

Dejando aparte de los de renta antigua, el resto de inquilinos se cuentan por decenas, pero es difícil saber su número exacto. Según datos del Registro de la Propiedad, los seis edificios de la manzana suman 88 viviendas y 10.913 metros cuadrados de suelo residencial. La mayoría de inquilinos se encuentran en los tres números que tienen acceso desde la calle Manuel, unidos por un patio interior en forma de corrala. Pero hay una pequeña parte que ocupan negocios como una academia de idiomas. Y luego está el dúplex que corona una de las esquinas y donde los vecinos aseguran que reside el hijo mayor del duque de Alba, Fernando Fitz-James Stuart y Solís, heredero de estos bienes y al que las mismas fuentes sitúan al frente de esta operación inmobiliaria.

Fernando Fitz-James Stuart está casado con Sofía Palazuelo, prima de la mujer del alcalde de Madrid, Teresa Urquijo. Ambos acudieron como invitados a su boda con José Luis Martínez-Almeida, hace casi dos años. El Ayuntamiento de Madrid es la entidad que debería dar luz verde a un posible cambio de uso en los edificios si -como temen los vecinos- decidiera dedicarlos al alquiler turístico para obtener más ingresos. De momento no hay nada confirmado en este sentido, pero desde hace unos meses está operativo en la ciudad una herramienta que facilita este paso, el Plan Reside, que permite convertir en apartamentos turísticos edificios enteros como los que posee la Casa de Alba.

“El proyecto se centra exclusivamente en esta necesidad de rehabilitación motivada por el estado actual de los edificios. No se ha tomado ninguna decisión sobre el futuro uso o destino final de las propiedades una vez concluidos los trabajos de modernización”, apuntan desde la agencia que ejerce como portavoz de la Casa de Alba. Y enmarcan los trabajos en los inmuebles en una adecuación “a la normativa vigente o la optimización en términos de eficiencia energética y accesibilidad”. De las reformas se encarga el estudio de arquitectura Touza, presente en muchos de los grandes proyectos inmobiliarios de la capital.

La conversión a fines turísticos fue lo que sucedió con otros dos inmuebles de la familia, justo al otro lado del Palacio de Liria. Los edificios, situados en los números 22 y 24 de la calle Princesa, estaban destinados a oficinas, pero fueron vaciados de sus ocupantes por una empresa, Copla City Rentals, relacionada con el hijo del expresidente José María Aznar. Actualmente se encuentran en obras para reabrir como alojamiento para visitantes. La aprobación de este proyecto inmobiliario por parte del Ayuntamiento también estuvo envuelta en polémica por el envío desde Urbanismo de una inspección ordenando el cierre de varias oficinas en medio de la negociación de los inquilinos con el duque para resolver sus contratos.

“Con la duquesa de Alba todo eran facilidades”

“Cuando vine a vivir a Madrid, la Casa de Alba alquilaba sus pisos a personas de confianza”, recuerda Janick sobre su llegada a su actual piso, que consiguieron gracias al aviso de una compañera de trabajo de su marido, cuya tía dejaba el inmueble. “Con la duquesa de Alba todo eran facilidades”, rememora al recordar el trato con los sucesivos administradores de la finca, que trabajaban para Cayetana Fitz-James Stuart. Los califica de “encantadores”. Y para la duquesa solo tiene también palabras de agradecimiento: “Su espíritu a la hora de alquilar era que los inquilinos fueran como una familia, que estuviesen allí toda la vida”, recuerda.

Con ese perfil de residentes a largo plazo que buscaba entonces la Casa de Alba surgieron muchas relaciones entre los propios vecinos: “Yo tengo amistad con los de mi escalera, a los de renta fija los conozco de toda la vida”, explica la inquilina antes de relatar cómo está acostumbrada a hacer la compra en el supermercado de la esquina, a acudir a misa en la cercana parroquia de San Marcos, de cuyo coro forma parte, o a quedar con sus amigas para jugar al bridge los lunes o pasear por el barrio todos los sábados.

Cuenta esta madrileña de adopción que, después del fallecimiento de la duquesa, el trato con la administración se volvió algo más frío, aunque la propiedad siguió cuidando los pisos. “Las ventanas me las pusieron nuevas hace tres años”, comenta Janick a la vez que muestra el perfecto estado del inmueble, con el sistema de cañerías también renovado. “Yo no veo de verdad qué es lo que quieren rehabilitar en esta finca, si hasta el ascensor funciona de maravilla, creo que eso es una excusa”.

El representante de la comunicación de la Casa de Alba, sin embargo, defiende el “compromiso social en la gestión de esta situación” y que el diálogo con los inquilinos está desarrollándose “de forma individualizada, transparente y con plena voluntad de ayuda, adaptando las soluciones a cada casuística particular”. También asegura que se ha puesto “especial atención en considerar y apoyar todas las situaciones familiares, reafirmando en todo caso nuestra disposición a que este proceso de rehabilitación de los edificios se realice con la mayor sensibilidad hacia quienes han residido en ellos”.

Pese a esta voluntad expresada por la propiedad, Janick prepara la defensa de su residencia y prepara junto a su abogado el próximo encuentro con los enviados del duque, confiando en que la operación inmobiliaria que prepara la Casa de Alba pueda revertirse. “¿Cómo nos van a desterrar de nuestro barrio?”, se pregunta. “¿Dónde vamos a encontrar algo en la zona como esto? Un contrato se tiene que respetar”, añade antes de la última pregunta de la entrevista.

— ¿Cómo espera usted que acabe todo esto?

— Yo quiero terminar mis días aquí