Un palacete del siglo XIX caído en desgracia por un incendio renace como espacio cultural para Carabanchel
La antigua Villa de San Miguel, un palacete de 1894 caído en desgracia por un incendio ocurrido hace 20 años, vuelve a incorporarse al patrimonio municipal. El Ayuntamiento de Madrid ha finalizado las obras de reconstrucción del edificio, construido en ladrillo visto a finales del siglo XIX por Miguel Rovira Montenegro. Su estilo adopta inspiraciones eclécticas y neomudéjares, y las instalaciones sirvieron en su día como zona de recreo para los aristócratas de la época.
Con el tiempo pasó a manos de la Escuela Apostólica y se convirtió en un centro educativo, de carácter religioso. Llegó a ser el escenario de rodaje en una película de los sesenta, aunque en 2006 lo devoraron las llamas y quedó prácticamente en estado de ruina. Ahora, Carabanchel ha anunciado que este inmueble renacerá como un nuevo equipamiento cultural para el distrito pero, de momento, los detalles sobre su futuro aún no se han cerrado por completo, detallan fuentes municipales a Somos Madrid.
El consistorio difundió el pasado martes un comunicado para informar de la reapertura, cuya obra ha cerrado un presupuesto total de 230.000 euros según el proyecto de la Junta de Compensación, una entidad urbanística formada por propietarios de suelo en la zona y colaboradora del Ayuntamiento. Con los trabajos concluidos, el área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad (a través de la Dirección General de Gestión Urbanística) autorizó que el inmueble se inscribiera como obra nueva en el Registro de la Propiedad.
Ese trámite se formalizó en marzo, y ahora la antigua Villa de San Miguel ha pasado a ser parte de una parcela municipal destinada a “equipamiento básico educativo”, tal y como ha señalado el Ayuntamiento de Madrid en su nota informativa; sin embargo, hasta el momento no han trascendido detalles sobre el nuevo equipamiento más allá de que será un “espacio cultural para los vecinos” y esta adscripción a una licencia para usos educativos.
En el visor urbanístico municipal, para el entorno de la parcela figura un permiso concedido el 10 de agosto de 2022 para “obras de nueva edificación especiales de reconstrucción”, y en la categoría de uso principal solo se especifica una dotación para “servicios colectivos”. El Ayuntamiento de Madrid considera esta reconstrucción como un paso para recuperar patrimonio histórico de Carabanchel y “compatibilizar la protección de edificios de valor arquitectónico con el desarrollo urbanístico del entorno”, creando nuevas instalaciones que ofrecer al distrito.
La zona sobre la que se asienta la antigua Villa de San Miguel también ha cambiado mucho con el paso de las décadas: de ser un lugar frecuentado por miembros de la realeza, familias nobles o burgueses españoles, esta parte de Carabanchel ha evolucionado a un entorno obrero que, en los últimos años, ha observado muy de cerca a barrios bohemios y adinerados como el de Montmartre, en París.
Historia y características del palacete
Frente a la sobriedad del exterior, la decoración adquiere en el interior de la villa un papel protagonista. Combina carpinterías nobles, artesonados y elementos de ebanistería con una serie de pinturas murales, papel pintado y tapices que representan escenas de caza o naturaleza. La Villa de San Miguel fue incluida en 1997 en el Catálogo de Edificios Protegidos con el nivel máximo de blindaje para este tipo de inmuebles. Aunque en ese momento ya era un recuerdo abandonado, el deterioro progresivo de los materiales y el incendio que vino después culminaron esa deriva.
Con la reciente reforma, el edificio blinda este grado de protección integral basándose en los criterios de conservación fijados por Comisión Local de Patrimonio Histórico, tal y como ha detallado el Ayuntamiento. El palacete se ubica entre las calles de Teresa Cabarrús, Antonia Rodríguez Sacristán, Duquesa de Tamames y Aguacate. Su superficie total es de 14.282 metros cuadrados, aunque la edificabilidad permite extenderse hasta los 16.729,16 m2 si es para uso residencial.
El palacete fue bautizado con el nombre de San Miguel en honor del promotor, Miguel Rovira Montenegro. La villa se construyó de nueva planta después de derribar la casa-jardín que este mismo había heredado de sus padres, Eduardo Rovira Albert y Vicenta Montenegro. Antes de albergar la futura Villa de San Miguel, la parcela y su entorno ya guardaban vínculos —según las fuentes históricas que maneja el consistorio— con otro personaje de la época: Teresa Cabarrús, socialité e hija del financiero francés Francisco Cabarrús, quien terminaría siendo ministro de Finanzas tanto de Carlos IV como de José I Bonaparte.