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Una subasta remata a Saab, la marca sueca de coches que no salvó ni China ni la defensa

Últimos coches de Saab en la fábrica de Suecia

Toni Fuentes

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La historia de Saab, uno de los fabricantes de automóviles 'premium' más icónicos de Suecia y de Europa, encara esta semana su capítulo final. La subasta de los últimos vehículos conservados en la histórica planta de Trollhättan simboliza el cierre definitivo de una marca que intentó sobrevivir a bancarrotas, cambios de propietario y ambiciosos planes de electrificación, pero que finalmente no logró encontrar un futuro ni bajo capital chino ni respaldada por su legado en la industria aeronáutica y militar, las dos fuentes de inversión más potentes en la actualidad.

Más de 75 años después de que el primer Saab saliera de la fábrica sueca, los últimos ejemplares abandonarán las instalaciones convertidos en piezas de colección. La empresa NEVS (National Electric Vehicle Sweden), heredera de los activos industriales de Saab Automobile y controlada hasta 2024 por el gigante chino Evergrande, ha puesto a subasta siete coches únicos a través de Klaravik, la mayor plataforma nórdica de subastas industriales y de vehículos. Todos parten desde un precio inicial de 0 coronas suecas y sin reserva mínima.

Puja por los últimos coches de Saab

El evento culminará el 30 de mayo con una jornada especial en el antiguo centro de diseño de Saab, en Trollhättan, donde los aficionados podrán ver por última vez los coches en el lugar donde nacieron.

La subasta incluye tres Saab 9-3 Aero de preproducción fabricados en 2014, considerados entre los últimos Saab producidos en serie antes del colapso definitivo del proyecto automovilístico. También se venden cuatro prototipos desarrollados durante la etapa de NEVS: un coche eléctrico, un vehículo autónomo, un modelo con motores integrados en las ruedas y otro equipado con extensor de autonomía.

Los vehículos, sin matricular y con kilometrajes muy bajos, ya han despertado el interés de coleccionistas y entusiastas. Uno de los Saab 9-3 Aero de preproducción acumula más de 100 pujas y supera las 170.000 coronas suecas (16.000 euros) a pocas horas del cierre.

De la aviación al automóvil

Saab nació en 1947 como una extensión civil de Svenska Aeroplan AB, fabricante sueco de aviones militares. Su primer coche, el icónico Saab 92, trasladó al automóvil parte de la filosofía aeronáutica de la compañía: aerodinámica avanzada, seguridad y soluciones técnicas poco convencionales.

Durante décadas, Saab se convirtió en una marca de culto, especialmente entre ingenieros, profesionales liberales y conductores atraídos por su diseño singular y tecnologías pioneras, como la popularización del motor turbo en vehículos de serie.

En sus mejores años, la planta de Trollhättan llegó a emplear a unas 10.000 personas y produjo millones de coches distribuidos en todo el mundo. Sin embargo, la pequeña escala de la compañía y la creciente competencia global acabaron erosionando su viabilidad.

General Motors tomó el control total de Saab en 2000, pero nunca consiguió rentabilizar la marca. La crisis financiera de 2008 aceleró el deterioro y, tras varios intentos fallidos de venta y rescate, Saab Automobile quebró oficialmente en 2011.

La apuesta china que tampoco funcionó

La esperanza de resurrección llegó un año después, cuando NEVS adquirió los activos de Saab con apoyo de inversores chinos. El objetivo era convertir la histórica marca sueca en un referente de movilidad eléctrica. NEVS retomó brevemente la producción del Saab 9-3 en Trollhättan y desarrolló prototipos eléctricos basados en la plataforma original. Incluso llegó a fabricar versiones destinadas al mercado chino.

Pero el proyecto nunca alcanzó escala industrial suficiente. Las dificultades financieras, los cambios regulatorios en China y la feroz competencia del sector eléctrico terminaron por asfixiar la iniciativa.

Además, Saab AB —la compañía original centrada hoy en defensa y aeronáutica— se negó a permitir que el nombre Saab siguiera utilizándose en los nuevos vehículos. El vínculo histórico entre la marca automovilística y la empresa militar se rompió definitivamente. Sin marca, sin financiación estable y sin producción masiva, NEVS fue reduciendo operaciones hasta convertir Trollhättan en un centro de desarrollo tecnológico residual. El grupo chino Evergrande, en una profunda crisis, intentó vender NEVS a una empresa canadiense, pero la operación no prosperó. Uno de los activos más preciados es el prototipo de deportivo eléctrico Emily GT.

Una despedida cargada de nostalgia

La subasta organizada por Klaravik ha adquirido un carácter casi ceremonial en Suecia. El programa incluye intervenciones de ejecutivos de NEVS, sorteos de objetos de colección y una exposición pública de los vehículos antes de su marcha definitiva.

“Saab sigue ocupando un lugar especial en el corazón de muchísimos automovilistas”, afirmó Nina Selander, directora ejecutiva de NEVS, al anunciar el evento. “Queremos rendir homenaje a la orgullosa historia automovilística de Suecia permitiendo que los últimos ejemplares continúen adelante con dignidad”.

La marca de vehículos Saab no corrió la misma suerte que Volvo, otra firma sueca que estuvo en apuros con la marcha de Ford pero que encontró en el grupo chino Geely su tabla de salvación.

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