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REGIÓN DE MURCIA

Función Pública: Fuerte con los débiles, débil con los fuertes

La administración regional en general y la función pública en particular se han convertido en parte del problema, cuando su papel debería ser formar parte de la solución

Trabajadores de IMIDA en en la plaza de Juan XXIII / Miguel Hernández

Trabajadores de IMIDA en en la plaza de Juan XXIII / Miguel Hernández

Si algo está demostrando la función pública en los últimos meses, es una preocupante doble vara de medir. Una organización que es capaz de sacar la ley con toda su fuerza y contundencia cuando se tratan problemas de sus trabajadores, y taparse la nariz y mirar para otro lado cuando viene una orden de arriba, lo único que consigue es alejarse cada día más de la autoridad. Pero no sólo de la legal, que se supone, sino la más importante que debe presidir la Dirección General de la Administración Regional: La autoridad moral.

Callar y permitir que existan direcciones generales sin trabajadores ni estructura administrativa que las sustenten, cuando la propia ley lo prohíbe; participar activamente en la modificación de las relaciones de puestos de trabajo para favorecer descaradamente a un grupo determinado para ingresar por la puerta de atrás en el cuerpo de intervención, o coger atajos 'alegales' para premiar a los trabajadores del Instituto de Fomento son tan sólo tres ejemplos.

Mientras tanto, no duda en aplicar la ley a rajatabla aunque ello suponga aplicar medidas injustas e innecesarias que lo único que consiguen es crear un clima laboral que termina siempre en una baja productividad, desilusión y desánimo; apostando por políticas de recursos humanos que no persiguen ni la eficacia ni la eficiencia de la organización.

Además se sigue jugando con las enfermedades que ya alcanzan de plano a muchas trabajadoras del IMAS o de Escuelas Infantiles; no se regulan las permutas, como sí lo hacen otras Comunidades autónomas, y se sigue permitiendo que haya personas que tengan que desplazarse decenas de kilómetros con el consiguiente peligro y deterioro medioambiental que ello supone simplemente por dejadez. Tampoco se cubren las bajas para ahorrarse dinero en el capítulo I, sin importarles la pérdida de la calidad del servicio que se presta: Es la segunda y definitiva prueba de que la Función Pública es fuerte, y a veces cruel, con los débiles, y débil, sumisa y vergonzosamente flexible con los fuertes.

Pero me temo que todo esto seguirá siendo así, no porque no haya alternativa sino porque no hay ni voluntad, ni preparación, ni ganas. Ahora mismo, la administración regional en general y la función pública en particular se han convertido en parte del problema, cuando su papel debería ser formar parte de la solución.

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