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Valcárcel se arrepiente…demasiados años después

Más aún. Lo hace con una modestia inaudita en su práctica política habitual, al menos la conocida en esta su Región de él, caracterizada por la petulancia cuando no el 'redichismo'

Es decir, si tan arrepentido está, puesto que reconoce públicamente que se equivocó fuertemente, debería continuar y terminar la lógica católica en la que se mueve su pensamiento y el de sus muchos, muchísimos, seguidores

Valcárcel achaca a la diplomacia de "pitiminí" de la UE que Bruselas no se "moje" con Cataluña

El expresidente de la Región de Murcia, José Luis Valcárcel

Ahora resulta que Valcárcel, don Ramón Luis, se arrepiente de sus pecados. "Porque me equivoqué fuerte con lo del ladrillo", dice en una entrevista/loa/reportaje en el digital El Español que capitanea el inefable Pedro José que diría Miguel Ángel Aguilar. Como dicen los clásicos, vaya por delante que esto de comentar escritos de otros medios no es norma de la casa, pero me voy a permitir la licencia heterodoxa.

Volviendo al asunto, cuánta casualidad junta. Justo cuando empieza a hablarse de las posibles futuras candidaturas de todos los partidos para las europeas de mayo, el expanochari aparece a bombo y platillo en una publicación de ámbito del mundo mundial, como son todas las de internet.

Más aún. Lo hace con una modestia inaudita en su práctica política habitual, al menos la conocida en esta su Región de él, caracterizada por la petulancia cuando no el 'redichismo' ––neologismo del que jamás me atribuiré la paternidad–– y la chulería panocha llevada a su máximo extremo.

Y, además, va y… ¡dice que se equivocó y que se fue pidiendo perdón! Lo nunca visto en el jamás de los jamases.

Pero, ¡ay!, la realidad es más terca que una mula. Justo dos días después del panegírico-plataforma lanzadera en el digital del susodicho gran periodista patrio, el fiscal que monta el caso de la desaladora de Escombreras insinúa que la cosa no se paraba en el sempiterno consejero valcarceliano Antonio Cerdá, sino que hay alguien más responsable y más alto en el escalafón gubernamental de la época… en la que gobernaba el ahora vicepresidente decimocuarto del Parlamento de Estrasburgo/Bruselas. El mismo que, a lo que se ve, aspira a reeditar su mandato de diputado europeo, palanca que, en su momento, le dio acceso a la alta magistratura que ostenta, ¿O habría que decir 'detenta'?

Fuera como fuere ––y al margen de que el referido escrito no tiene parangón en el periodismo estatal en cuanto a lavado de cara y alma de semejante personaje––, el caso es que el expreboste murciano debería ser fiel a sí mismo.

Es decir, si tan arrepentido está, puesto que reconoce públicamente que se equivocó fuertemente, debería continuar y terminar la lógica católica en la que se mueve su pensamiento y el de sus muchos, muchísimos, seguidores. Parejo al examen de conciencia, el dolor de corazón, el arrepentimiento y el propósito de enmienda va, en ese método metafísico de pensamiento, no solo el decir los pecados al confesor, como ya ha hecho, sino también el cumplir la penitencia.

Mas como el confesor escogido, o sea la publicación citada, no le va a imponer ninguna expiación de sus pecados, debería el expresidente murciano ser valiente y coherente con sus palabras. Y dirigirse, consecuentemente, al fiscal del caso de la desaladora de Escombreras para aliviarle la pena al pobre Cerdá, que está haciéndole de parapeto político y judicial, confesando que él y solo él es el principal responsable de ese y otros cuantos desaguisados urbanísticos, ladrilleros e hidráulicos que llevaron a esta sacrosanta y pía Comunidad al estado en que se encuentra.

Situación resumida por el propio expanotxari cuando declara, en el mismo medio, que [cuando pinchó la burbuja, o sea hacia 2008/2009], "algunos nos dimos entonces cuenta del tiempo que habíamos perdido, de lo ciegos que estuvimos por no buscar un modelo productivo de verdad". Uno se pregunta, ante semejantes palabras, de qué se ponían ciegos que no se habían dado cuenta antes del asunto, puesto que él y sus adláteres gobernaban desde aque 1995 del Señor.

"¿Arrepentido?", se le pregunta en el texto/masaje tailandés al que me refiero. "Triste", responde el padre de la patria murciana, "porque muchos jóvenes se quedaron por el camino". ¡Qué mal lo debe haber pasado el pobre Valcárcel!

Lo dicho. Habría que emular al hermano Salvatore de 'El nombre de la rosa' de Umberto Eco y espetarle bien alto y fuerte y en plena Gran Vía Salzillo si fuera menester: ¡¡¡Penitenciagite!!! Tan desolado como está, que vaya a ver al fiscal anticorrupción y desahogue sus penas, si es que siente tamaño regomello como para confesarse. Falta le hace y bien le haría a esta su Región que tanto le quiere y que tanto le debe. Vale.

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