“No son menos listos, son pobres y migrantes”: clase, origen y segregación en las aulas de la Región de Murcia
Cuando la economía familiar aprieta, a la vuelta de la esquina hay trabajo en el campo, en el almacén o en la hostelería —donde ya están los amigos, los primos, o los hermanos mayores— y, además, el aula no siempre motiva, la escuela deja de ser promesa de un futuro mejor para convertirse en un lastre.
En la Región de Murcia esa escena tiene rostro de clase trabajadora y, con demasiada frecuencia, de hijo o hija de la migración. En 2025, esta comunidad autónoma volvió a ostentar uno de los peores datos del país en abandono escolar temprano: un 20,6% frente al 12,6% de la media nacional, según datos del Ministerio de Educación.
Aquí, uno de cada cinco jóvenes de entre 18 y 24 años no ha completado el Bachillerato o la FP de Grado Medio y no sigue ningún tipo de formación. La brecha no es nueva, pero sí persistente. Y, como viene denunciando el sindicato CCOO en su informe Segregación escolar, un problema de justicia social sin resolver: análisis y propuestas (2024), el fenómeno no puede analizarse al margen de la desigualdad social estructural y de la creciente segregación del sistema educativo.
Una desigualdad que empieza antes del aula
El informe de CCOO recuerda que España es uno de los países europeos con mayores niveles de desigualdad y que la escuela, lejos de corregirla, tiende a reproducirla cuando se organiza de forma segregada.
Según datos de 2025 de la Plataforma de Organizaciones de Infancia de Murcia, esta Comunidad autónoma lidera el ranking nacional de la pobreza infantil con una tasa del 40,7%, lo que afecta a unos 122.000 menores. Un dato que supera en más de once puntos la media nacional (29,2%) y sitúa a la Región en niveles críticos de pobreza severa infantil (20,8%), en un contexto que impacta directamente en las trayectorias escolares.
Los datos de PISA 2022 son elocuentes en ese sentido: un estudiante del cuartil más bajo de renta tiene hasta 5,5 veces más probabilidades de repetir curso que uno del cuartil alto. Y la repetición, como advierte desde FUNCAS —un prestigioso centro de análisis dedicado a la investigación económica y social— el experto en políticas y reformas educativas Lucas Gortázar, “reduce notablemente las expectativas de titular en estudios medios”.
Pero en el abandono escolar aún hay brechas más profundas. Y es que cuando, además, se introduce la variable de origen, la desigualdad se agrava. Así, en la Región de Murcia, el alumnado de origen extranjero presenta tasas de desenganche escolar más altas que el autóctono, como apuntan los trabajos de los investigadores y doctores en Pedagogía Juan Navarro, Andrés Escarbajal y Pilar Arnaiz. Los datos son demoledores: tras agotar los tres años posibles en 4º de la ESO, solo un 28% del alumnado de origen migrante —y humilde— logra titular, frente al 63% del alumnado nativo. La brecha es brutal.
Y, sin embargo, el debate público se desliza con facilidad hacia explicaciones culturalistas. Hace apenas unas semanas, el portavoz del Gobierno regional, Marcos Ortuño Soto (PP), apuntó a la “población joven extranjera” —“factores externos”, lo llamó— como una de las causas de los malos datos de abandono escolar. Como si el problema fuera demográfico y no estructural.
La tesis incómoda: clase y estigma
Frente a esa lectura, la socióloga Isabel María Cutillas Fernández, doctora por la Universidad de Murcia, ha dedicado años a desmontar prejuicios. En su tesis Hijos e hijas de la migración: trayectorias escolares, expectativas y condicionamientos (2021), Cutillas insiste en que no se puede analizar el desempeño educativo del alumnado de origen migrante sin atender a la clase social, al proyecto migratorio familiar y a los procesos de estigmatización que atraviesan sus vidas.
Uno de los hallazgos más reveladores de la experta, que actualmente trabaja junto a otros investigadores en el proyecto ATEF (Abandono Temprano de la Educación y la Formación), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, es la sobrerrepresentación del alumnado extranjero en itinerarios de diversificación curricular en Secundaria. Es decir, programas pensados para estudiantes con desfase curricular acaban convirtiéndose, en la práctica, en espacios donde “origen migrante” y “baja capacidad” se confunden. Una profesora entrevistada por Cutillas en su investigación relata cómo, en ocasiones, los alumnos llegan con un dictamen de necesidades educativas que probablemente responden más al desconocimiento del castellano que a verdaderas limitaciones cognitivas. Un etiquetado precoz que acaba condicionando fuertemente decisiones que limitan expectativas.
Cutillas advierte también del riesgo de centrar el foco exclusivamente en el fracaso y apuesta por analizar las trayectorias de éxito, lo que permite comprender qué factores —familiares, escolares, comunitarios— favorecen la continuidad formativa. Pero para ello hay que abandonar el estereotipo y reconocer que el origen no es destino: sí lo es, en gran medida, la posición social.
Universidad: la puerta casi cerrada
La desigualdad acumulada se hace especialmente visible en la educación superior. Apenas un 3,3% del alumnado de Grado en las universidades públicas murcianas pertenece a nacionalidades extracomunitarias. Sin embargo, el 16% de la población joven de entre 20 y 24 años en la Región proviene de terceros países, lo que da muestra de su infrarrepresentación en la educación superior.
En este punto, la conclusión de Cutillas es contundente: la juventud de origen extranjero está mayoritariamente expulsada de los espacios universitarios, de manera que ya no se trata únicamente de abandonar antes, sino de no llegar nunca. Y en ese trayecto pesan las expectativas familiares, la necesidad de contribuir a la economía doméstica y la percepción de que el ascensor social está averiado.
La red pública y la concertada: dos realidades
El debate sobre abandono escolar en Murcia no puede desligarse de la estructura del sistema. Según datos de escolarización, alrededor del 30% del alumnado de Primaria estudia en la red concertada o privada. Sin embargo, el porcentaje de estudiantes extranjeros en estos centros ronda el 12%. La sobre-concentración de alumnado vulnerable en la red pública alimenta dinámicas de guetización que el propio informe de CCOO describe como uno de los grandes problemas del sistema.
Porque cuando las clases medias abandonan determinados centros por la llegada de población inmigrante, se generan escuelas de “alta complejidad” donde la acumulación de desventajas dificulta cualquier proyecto pedagógico.
La OCDE ha advertido que agrupar al alumnado de bajo rendimiento en las mismas escuelas conduce a peores resultados globales. Y, sin embargo, la tendencia es hacia un sistema cada vez más segregado. Hay municipios, como Lorca, con colegios públicos —San Cristóbal, Nuestra Señora del Rosario, en la pedanía de Ramonete, y San Juan, en la de Morata— en los que cerca del 90% del alumnado son hijos e hijas de inmigrantes, fundamentalmente marroquíes, que no hablan español.
Para Nacho Tornel, secretario general de la Federación de Enseñanza de CCOO Región de Murcia, la segregación escolar es “un problema de justicia social” que exige medidas estructurales. La receta: planificación equilibrada de la oferta, limitación de la libre elección cuando genera concentración de desventajas, refuerzo de recursos en centros complejos y compromiso activo de la red concertada en la escolarización equilibrada.
Distrito Único: el origen de la guetificación
En Lorca y otros municipios murcianos, la guetificación —el proceso social y urbano de segregación que aísla a grupos minoritarios o vulnerables por razones étnicas, religiosas o socioeconómicas— surge con la implantación del denominado Distrito Único. Un sistema de escolarización en el que no se delimitan zonas escolares estrictas: es decir, todo el municipio se considera un único territorio para la admisión de alumnos. Esto significa que, en teoría, cualquier familia puede solicitar plaza en cualquier centro dentro de ese municipio sin que la cercanía geográfica al domicilio sea un criterio vinculante.
El argumento oficial del Gobierno regional para mantener este modelo es que favorece la “libre elección de centro” y que, según las autoridades autonómicas, ofrece mayores oportunidades para las familias. Sin embargo, esta interpretación ha sido criticada por sindicatos, asociaciones de madres y padres, así como organismos académicos, por vulnerar el espíritu de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE), que prioriza la proximidad como criterio para evitar la segregación.
En la práctica, lo que ha favorecido es la concentración del alumnado en riesgo de exclusión, mientras que los centros “más deseados” por razones de “reputación” —lo que generalmente significa menor presencia de alumnado de origen extranjero— terminan atrayendo al de clases medias y altas, cuyos progenitores, muchas veces, prefieren desplazarse kilómetros en coche cada día en vez de optar por el colegio más cercano a su vivienda.
Más allá del “culpar al extranjero”
En los últimos años, en la Región de Murcia se han implementado programas de prevención, seguimiento y control del absentismo escolar y reducción del abandono escolar, como el PRAE o el PEMAR. Pero como señala la tesis de Cutillas, no existe un plan específico integral dirigido al alumnado de origen extranjero más allá de las Aulas de Acogida Lingüística. Es decir, la intervención se limita al idioma cuando el problema es socioeconómico y estructural.
La investigadora insiste en que la categoría “hijos e hijas de migrantes” debe analizarse huyendo de lo periférico —el color de piel, el acento— y atendiendo a lo central: las relaciones de poder, la exclusión y la desigual distribución de capitales. Lo contrario, es decir, convertir el abandono de la educación en un problema meramente “cultural”, es una forma de “escapismo ideológico” y una excusa de los poderes públicos para no responsabilizarse de la situación.
Humanizar la estadística
Detrás de ese 20,6% de jóvenes que no siguen estudiando más allá de la ESO, hay historias concretas. Algunos repiten curso, ven cómo sus amigos avanzan y entonces abandonan. Hay familias que priorizan el salario inmediato sobre una promesa formativa incierta… Pero también hay centros que hacen lo imposible con ratios y recursos insuficientes y docentes comprometidos que luchan contra inercias estructurales.
No se trata de negar que haya jóvenes recién llegados que se incorporan tarde al sistema y encuentran más dificultades. Se trata de reconocer que la persistencia de una de las tasas de abandono más altas del país no puede explicarse por la “extranjería” sino por una estructura económica precarizada, una distribución desigual del alumnado y una inversión insuficiente en equidad.
Frente a ello, hay expertos que apuntan soluciones. El informe de CCOO plantea ejes claros: reducir la segregación, reforzar la escuela pública, limitar prácticas selectivas, dotar de más recursos a los centros con mayor complejidad y apostar por políticas de compensación educativa. Cutillas, por su parte, subraya la necesidad de trabajar con las familias, elevar expectativas y desmontar prejuicios en el propio sistema escolar.
Y todos coinciden: si el objetivo es que la Región de Murcia deje de liderar las tasas de abandono escolar, habrá que mirar menos al origen y más a la clase; menos al supuesto déficit cultural y más a la desigualdad material; menos a la estadística deshumanizada y más a las trayectorias vitales. Entender que, como defiende Arnaiz, “cuando el alumno abandona no fracasa él, fracasa el sistema”.