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Treviño: política de tragedia

El fallecimiento de una niña de 3 años en Vitoria después de que sus padres tuvieran que trasladarla en coche a Txagorritxu en coche por un error del 112 es dramático. Este caso, irreparable, debe analizarse a fondo, conocer qué ha causado la equivocación y poner solución a una situación que debe evitarse a toda costa.

La triste noticia saltó a las portadas el pasado martes, en El Correo, y el mismo día, al resto de medios y tras escuchar al portavoz del Gobierno vasco, Josu Erkoreka, descubrimos el alcance de la tragedia. Como en casi todas las ocasiones, las primeras versiones de los hechos, fueron de alarma y confusión. La primera impresión, incluída la de este medio, fue que la descoordinación, la falta de atención y razonamientos ajenos a los criterios médicos habían dejado a la familia sin servicio de ambulancia. La voz del Gobierno no aclaró nada ni ayudó a calmar los ánimos. Ni en su rueda de prensa ni posteriormente.

Una vez más, asistimos a un espectáculo dantesco, grosero e impresentable donde lo humano pasa a un segundo plano y lo importante es reivindicar lo propio y desgastar a un supuesto rival.


Al día siguiente, es decir el miércoles 19 de marzo, el Gobierno reacciona y habla con datos concretos. El consejero de Salud, Jon Darpón, aclara que a la familia no se le denegó la ambulancia por estar en Treviño sino por el criterio médico, y por lo tanto, no se trata de un conflicto territorial sino de una trágica e irreparable mala decisión de quienes atendieron la llamada. Es decir, no se deniega la ambulancia por ser Treviño sino porque se considera que no es necesaria. Hasta hoy las ambulancias han ido a Treviño cuando se les ha requerido.

Pero, ante la confusión creada por la pésima gestión de la información por parte del Gobierno de Urkullu, saltaron las primeras liebres. Primero, las palabras del PNV asegurando que no hubiera pasado esto si Treviño fuese Euskadi. Lamentable, intolerable, ignorante, digno de dimisión. No vale la disculpa, a la que se han visto obligados los diputados en el Congreso Aitor Esteban y Emilio Olabarria. Hay líneas que una vez que se cruzan no se pueden desandar. Insinuar lo que sea que quisieron insinuar es vomitivo. Tras ellos, el Partido Popular acusó al PNV de “aprovecharse de la tragedia para uso partidista” y ha presentado una pregunta al lehendakari Urkullu (¿dónde está?) para que dé su opinión sobre el patinazo de sus compañeros de partido.

Pero no solo el PNV ha intentado sacar provecho. También muchos medios de comunicación, a uno y otro lado de la línea ideológica, han escrito titulares grandilocuentes acusando a Euskadi de denegar una ambulancia por criterios políticos, aun cuando tanto el Gobierno vasco como el de Castilla y León han aclarado que no es así. Incluso algún ideólogo de la vacuidad ha escrito un post en su medio para acusar de lo que no ha pasado. Demasiado maíz para una película dramática. Una vez más, asistimos a un espectáculo dantesco, grosero e impresentable donde lo humano pasa a un segundo plano y lo importante es reivindicar lo propio y desgastar a un supuesto rival.

Entre tanto, hay una familia y un pueblo destrozados por la tragedia que es lo único que importa. Eso y saber qué ha pasado para, primero, que no se repita, y para que se aclaren responsabilidades.

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