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Bucle

Los etarras en su último comunicado vuelven a utilizar los tópicos victimistas de siempre: la distinción de víctimas, la consabida teoría del conflicto, la letanía del dialogo, la legitimidad de su lucha armada y las habituales tergiversaciones históricas.

ETA prepara su última función

ETA prepara su última función EFE

En un mundo sin convicciones siempre me ha sorprendido que en nuestro país haya tanto nacionalista convencido. No se si esto tiene que ver con quién maneja el dinero en las autonomías vasca y catalana, por ejemplo, con la educación religiosa recibida, con la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo o con el miedo a salirse del rebaño aunque, por estas cosas curiosas que tiene la vida, últimamente he empezado a creer que en esta desquiciado país la prensa madrileña forma más nacionalistas que las declaraciones de la prestigiosa intelectual del 'procés'; la legendaria Pilar Rahola. Más que nada por reacción.

Pero no solo la prensa madrileña sino también los telediarios, los arbitrajes al Real Madrid, las entrevistas concedidas por los dirigentes del Partido Popular, las declaraciones de Rafael Hernando, los tertulianos de ciertas emisoras de radio y tanto balcón abanderado con la enseña nacional donde, curiosamente, los nacionalistas españoles pretenden combatir el nacionalismo catalán.

La semilla de su odio, el matonismo social, el supremacismo y la apropiación de las señas de identidad vascas por parte de los nacionalistas todavía están muy presentes en muchos pueblos. Alsasua incluida.

En una anotación del Cuaderno de la Pobleta, Manuel Azaña escribe en 1937: “En Cataluña se ha destruido todo: el Parlamento, los partidos, la libertad de opinión, que ya no existen o no funcionan. Tampoco los organismos administrativos, judiciales, etcétera, creados por el Estatuto. Lo que no puede admitirse es que la autonomía se convierta en un despotismo personal ejercido nominalmente por el Señor Companys y en realidad por grupos irresponsables que sirven de él“.

La historia se repite. El tiempo ha modificado los nombres pero la historia se repite. La convivencia estatal, la unidad civil soberana, radica en la voluntad histórica de convivir pero en España, con perdón, como nadie nos ha enseñado a convivir, nos basta una declaración insustancial de Rafael Hernando, un comentario de Carlos Herrera, las tertulias de Intereconomía, la mala fe de determinados medios y la incompetencia de otros para liarnos la manta a la cabeza y reivindicar la independencia de nuestra aldea atendiendo a criterios de sangre, de lengua, de higiene mental o de hastío, puesto que ya dijo Miguel de Unamuno que “España merecía perder Cataluña por la labor que estaba haciendo la prensa madrileña”.

La historia en España es una repetición de problemas que nunca terminamos de solucionar lo que inevitablemente nos lleva a vivir en un tedioso bucle en el que los etarras, por ejemplo, en su último comunicado vuelven a utilizar los tópicos victimistas de siempre: la distinción de víctimas, la consabida teoría del conflicto, la letanía del dialogo, la legitimidad de su lucha armada y las habituales tergiversaciones históricas. Hace años que ETA dejó de matarnos pero no ha sido derrotada. La semilla de su odio, el matonismo social, el supremacismo y la apropiación de las señas de identidad vascas por parte de los nacionalistas -debido, supongo, a un mandato divino- todavía están muy presentes en muchos pueblos del País Vasco y Navarra. Alsasua incluida.

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