400 palabras distraídas sobre PISA
La educación en España se desploma, se hunde, sufre un descalabro, batacazo, desastre, desplome, el peor resultado de la historia (así titulaban los medios este martes). Según el Informe PISA, se debe mayormente a las pantallas, la pérdida de atención y comprensión lectora.
Hasta ahí, ninguna sorpresa, no hace falta examinar a miles de alumnos para concluir lo que cualquiera sabe por experiencia: no son los estudiantes los que pierden atención, somos todos, yo el primero. No digo leer Guerra y paz : nos cuesta seguir una serie de Netflix sin que se nos vayan los ojos al móvil, y por eso los guionistas de plataformas se ven obligados a incluir escenas redundantes, voces en off y diálogos explicativos, para que el distraído espectador no se pierda en una trama simplificada al máximo.
Tampoco es sorpresa vincular la falta de atención con el uso de tecnologías que están diseñadas precisamente para eso. No es que sea un efecto secundario: los mejores informáticos trabajan en esas empresas ideando nuevas formas de robarnos la atención y monetizarla, ¿qué otra cosa podíamos esperar?
Lo gracioso (ni puta gracia) es que el mismo furor con que hoy culpamos a las tecnologías de los males educativos, hace pocos años nos hacía “digitalizar” las aulas, sustituir libros de papel por electrónicos, pedir una tablet para cada alumno, comprar impresoras 3D, reforzar el aprendizaje en nuevas tecnologías y usarlas como herramienta pedagógica. El caballo de Troya. Una ola de entusiasmo tecnófilo llenó las aulas de distracciones digitales, y una simétrica ola de aversión tecnófoba quiere ahora expulsar toda pantalla del aula. Una loca ley del péndulo que descoloca a alumnos, profes y familias, y que por el camino se comió millones de euros en “digitalizar” la educación.
Que las pantallas distraen una barbaridad, se ve con el propio Informe PISA: miramos la pantallita culpable del desastre, y ya no vemos mucho más. Ni siquiera aquello que también dice el informe (que tiene bastantes más de 400 palabras): por ejemplo, que el “índice global de escasez percibida de recursos humanos” es el doble en España que en la OCDE. Es decir, que los equipos directivos de los centros señalan falta de docentes, y especialmente personal para atender al alumnado con necesidades especiales. Un dato muy superior en centros públicos que en privados.
Sé que hay otras causas para un problema tan complejo, pero 400 palabras no dan para más.