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La caspa del decano

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Una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres

Hablamos mucho de los sesgos conservadores de la mayoría de los jueces pero nos solemos dejar en la cartera la cuestión de las otras profesiones jurídicas, incluida la Abogacía. Esta semana se ha producido un revuelo, en una capital europea que es Madrid, porque un colegio profesional ha invitado a una ministra del Gobierno de España a dar una conferencia y contestar unas preguntas. El mayor colegio de abogados de Europa, con más de 75.000 colegiados, se ha levantado la toga y nos ha dejado ver las vergüenzas de una corporación que estando llamada a regular el ejercicio profesional de todos los abogados obligatoriamente y está vergonzosamente escorado institucionalmente. 

El actual decano, José María Alonso, ha conducido durante su mandato al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid hacia la vertiente más ultraconservadora, hasta el punto que se ha visto obligado a escribir una circular a todos los abogados en la que justifica haber invitado a Irene Montero. Ya digo que no están acostumbrados y que del programa de formación o de divulgación del Colegio han sido laminados muchos de los colaboradores de la anterior decana, por progres y maléficos.

Alonso ha reconocido haber recibido abundantes muestras de la irritación por parte de abogados, suponemos que de los de traje a medida, por la invitación a una ministra “que no es abogada”. Así que el decano -excusatio non petita- se justifica en su misiva por haberla invitado explicando que lo ha hecho “porque tiene atribuidas competencias en materia de igualdad, conciliación, lucha contra la violencia de género o la trata que afectan a elementos nucleares del ejercicio profesional”. ¡Como si los abogados carcas que le apoyan no supieran qué competencias tiene Montero y como si su cabreo no viniera por su opción política que les desagrada hasta el punto de pretender que no pueda hollar ni mancillar la sacrosanta sede del Colegio! Y es que Alonso hasta tiene que explicitar que el Colegio es “consciente de la pluralidad social y distintas sensibilidades”, tan evidentes que han llegado a gobernar, para que no se le reboten por haber invitado a la ministra. Han llegado a decir que la invitación de la ministra de Igualdad es “una vergüenza” para la Abogacía y parece que algunos incluso habrían pedido la dimisión del decano y de ahí la cartita. La vergüenza es una abogacía que no es capaz de escuchar. 

La cosa se le enredó mucho más a Alonso, no crean. Es indudable que en algunos puntos la alocución de Irene Montero se puede hacer cuesta arriba entre los técnicos del Derecho, ella no lo es, y a veces parece no discernir bien algunas cosas, pero en esta ocasión la pata gorda provino del casposo decano, ese que se pagó una campaña electoral de excepción porque, dicen las malas lenguas, tenía que buscarse una salida para su escaso futuro en Baker & Mckenzie. Otro día hablamos del dominio de los grandes despachos, de los bufetes de los poderosos, en este cotarro. “No estoy de acuerdo contigo en que tengamos que tener una justicia feminista, como no estoy de acuerdo en que tengamos que tener una justicia machista, tenemos que tener una justicia independiente”, se descolgó diciéndole a Irene Montero al final del acto. A pesar de todas las excusas y matizaciones que en la circular le han escrito sus encargados de comunicación -que ya no sé ni quiénes son, después del escándalo de su Alfonso Merlos- queda meridianamente claro que el decano del mayor colegio de abogados de Europa no sabe qué es el feminismo y que se alinea con la falsa equidistancia de la ultraderecha y de la derecha más caspa haciéndose un lío morrocotudo. El feminismo es el movimiento que lucha por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y dado que el leitmotiv de la Justicia es la igualdad de todos ante la ley –incluidas las mujeres– no se me ocurre nada que deba ser más feminista que la Justicia para ser fiel a su espíritu. El decano se sacudió la caspa a gusto y luego ha venido el llanto y el crujir de dientes. 

No solo dejó claro que no sabe lo que es el feminismo sino que tampoco demostró saber diferenciar entre conceptos tan básicos como la independencia, la imparcialidad y la igualdad ante la ley. ¿Qué narices tiene que ver la independencia con que la Justicia deba luchar contra el sesgo patriarcal estructural que ha acumulado? ¡Claro que la Justicia ha sido y es aún patriarcal! Toda la estructura social y de poder es patriarcal y la Justicia no solo no lo es menos sino que durante mucho tiempo ha sido un pilar del sostenimiento de tal desigualdad. 

El decano Alonso ha preferido sangrar por la herida de los que creen que la igualdad perjudica a los hombres, lo cual es obvio puesto que siempre han tenido una posición de preeminencia y perder privilegios no es tarea agradable. Aún más en la Justicia que es un entorno de por sí polvoriento y arcaico y en el que todavía las mujeres lo siguen teniendo complicado. No llegan al 25% siquiera las socias de despachos de abogados en nuestro país. La mujer sigue teniendo un papel subordinado en los grandes bufetes y está atrapada en el suelo pegajoso de las relaciones de poder que se establecen en la Abogacía. 

La cuestión es que los colegios de abogados tienen una estructura casi medieval de todo o nada por lo que no recogen nunca las diferentes voces que, sin duda, componen un colectivo tan amplio. Los colegios están gobernados por quienes ganan elecciones a las que acuden muy pocos a votar, en Madrid apenas un 10% de los colegiados, y sin que exista una verdadera oposición que, en función de su respaldo, pueda participar o ejercer un control efectivo de la acción de gobierno. Hace mucho que esto debió cambiar adoptando una fórmula más parecida a la de un ayuntamiento, con un decano del grupo mayoritario pero con presencia de grupos minoritarios y con un efectivo control de la gestión. Y es que un colegio como el de Madrid, mayor que muchos ayuntamientos, maneja un presupuesto de 30 millones de euros y, lo que no es menor, tiene competencias para impedir el ejercicio de la abogacía. No es pecata minuta darse cuenta de que está gobernado por un decano con un sesgo tan pronunciado. 

Y es que en su misiva-circular a los abogados de Madrid, Alonso se descubre. El decano le hace la contra a la ministra usando un canal institucional cuando dice que “no resulta aceptable la crítica a informes jurídicos emitidos por organismos públicos que no estén basadas en estrictos criterios técnicos, sino en descalificaciones generales al abrigo de pretendidos sesgos”. Está posicionándose directamente contra las críticas a los informes preceptivos del CGPJ, como si no pudiera decirse que Lesmes y su corte están usando esta potestad para hacer oposición o darle alas a esta y como si no hubiera abogados de su corporación que así lo piensan también. Y mira que yo me he mostrado contraria a que los ministros se salten la separación de poderes haciendo críticas que se salen del tiesto, pero tampoco es aceptable que Alonso utilice un canal institucional para hacer llegar su pensamiento político disfrazado de neutralidad institucional. En Madrid hay muchos abogados que no se sienten para nada identificados ni representados por esa postura que aparece como la oficial de todo el colectivo. 

Así que sí, conociendo el patio, Montero le echó redaños. 

Y es que el ICAM precisa que lo lustren y le sacudan la caspa como tantas otras instituciones de este país.

Si un colegio de abogados no es capaz de asumir que todas las partes tienen derecho a hacer oír sus razones, ¿quién si no?

Una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres

Hablamos mucho de los sesgos conservadores de la mayoría de los jueces pero nos solemos dejar en la cartera la cuestión de las otras profesiones jurídicas, incluida la Abogacía. Esta semana se ha producido un revuelo, en una capital europea que es Madrid, porque un colegio profesional ha invitado a una ministra del Gobierno de España a dar una conferencia y contestar unas preguntas. El mayor colegio de abogados de Europa, con más de 75.000 colegiados, se ha levantado la toga y nos ha dejado ver las vergüenzas de una corporación que estando llamada a regular el ejercicio profesional de todos los abogados obligatoriamente y está vergonzosamente escorado institucionalmente. 

El actual decano, José María Alonso, ha conducido durante su mandato al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid hacia la vertiente más ultraconservadora, hasta el punto que se ha visto obligado a escribir una circular a todos los abogados en la que justifica haber invitado a Irene Montero. Ya digo que no están acostumbrados y que del programa de formación o de divulgación del Colegio han sido laminados muchos de los colaboradores de la anterior decana, por progres y maléficos.

Alonso ha reconocido haber recibido abundantes muestras de la irritación por parte de abogados, suponemos que de los de traje a medida, por la invitación a una ministra “que no es abogada”. Así que el decano -excusatio non petita- se justifica en su misiva por haberla invitado explicando que lo ha hecho “porque tiene atribuidas competencias en materia de igualdad, conciliación, lucha contra la violencia de género o la trata que afectan a elementos nucleares del ejercicio profesional”. ¡Como si los abogados carcas que le apoyan no supieran qué competencias tiene Montero y como si su cabreo no viniera por su opción política que les desagrada hasta el punto de pretender que no pueda hollar ni mancillar la sacrosanta sede del Colegio! Y es que Alonso hasta tiene que explicitar que el Colegio es “consciente de la pluralidad social y distintas sensibilidades”, tan evidentes que han llegado a gobernar, para que no se le reboten por haber invitado a la ministra. Han llegado a decir que la invitación de la ministra de Igualdad es “una vergüenza” para la Abogacía y parece que algunos incluso habrían pedido la dimisión del decano y de ahí la cartita. La vergüenza es una abogacía que no es capaz de escuchar. 

La cosa se le enredó mucho más a Alonso, no crean. Es indudable que en algunos puntos la alocución de Irene Montero se puede hacer cuesta arriba entre los técnicos del Derecho, ella no lo es, y a veces parece no discernir bien algunas cosas, pero en esta ocasión la pata gorda provino del casposo decano, ese que se pagó una campaña electoral de excepción porque, dicen las malas lenguas, tenía que buscarse una salida para su escaso futuro en Baker & Mckenzie. Otro día hablamos del dominio de los grandes despachos, de los bufetes de los poderosos, en este cotarro. “No estoy de acuerdo contigo en que tengamos que tener una justicia feminista, como no estoy de acuerdo en que tengamos que tener una justicia machista, tenemos que tener una justicia independiente”, se descolgó diciéndole a Irene Montero al final del acto. A pesar de todas las excusas y matizaciones que en la circular le han escrito sus encargados de comunicación -que ya no sé ni quiénes son, después del escándalo de su Alfonso Merlos- queda meridianamente claro que el decano del mayor colegio de abogados de Europa no sabe qué es el feminismo y que se alinea con la falsa equidistancia de la ultraderecha y de la derecha más caspa haciéndose un lío morrocotudo. El feminismo es el movimiento que lucha por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres y dado que el leitmotiv de la Justicia es la igualdad de todos ante la ley –incluidas las mujeres– no se me ocurre nada que deba ser más feminista que la Justicia para ser fiel a su espíritu. El decano se sacudió la caspa a gusto y luego ha venido el llanto y el crujir de dientes. 

No solo dejó claro que no sabe lo que es el feminismo sino que tampoco demostró saber diferenciar entre conceptos tan básicos como la independencia, la imparcialidad y la igualdad ante la ley. ¿Qué narices tiene que ver la independencia con que la Justicia deba luchar contra el sesgo patriarcal estructural que ha acumulado? ¡Claro que la Justicia ha sido y es aún patriarcal! Toda la estructura social y de poder es patriarcal y la Justicia no solo no lo es menos sino que durante mucho tiempo ha sido un pilar del sostenimiento de tal desigualdad. 

El decano Alonso ha preferido sangrar por la herida de los que creen que la igualdad perjudica a los hombres, lo cual es obvio puesto que siempre han tenido una posición de preeminencia y perder privilegios no es tarea agradable. Aún más en la Justicia que es un entorno de por sí polvoriento y arcaico y en el que todavía las mujeres lo siguen teniendo complicado. No llegan al 25% siquiera las socias de despachos de abogados en nuestro país. La mujer sigue teniendo un papel subordinado en los grandes bufetes y está atrapada en el suelo pegajoso de las relaciones de poder que se establecen en la Abogacía. 

La cuestión es que los colegios de abogados tienen una estructura casi medieval de todo o nada por lo que no recogen nunca las diferentes voces que, sin duda, componen un colectivo tan amplio. Los colegios están gobernados por quienes ganan elecciones a las que acuden muy pocos a votar, en Madrid apenas un 10% de los colegiados, y sin que exista una verdadera oposición que, en función de su respaldo, pueda participar o ejercer un control efectivo de la acción de gobierno. Hace mucho que esto debió cambiar adoptando una fórmula más parecida a la de un ayuntamiento, con un decano del grupo mayoritario pero con presencia de grupos minoritarios y con un efectivo control de la gestión. Y es que un colegio como el de Madrid, mayor que muchos ayuntamientos, maneja un presupuesto de 30 millones de euros y, lo que no es menor, tiene competencias para impedir el ejercicio de la abogacía. No es pecata minuta darse cuenta de que está gobernado por un decano con un sesgo tan pronunciado. 

Y es que en su misiva-circular a los abogados de Madrid, Alonso se descubre. El decano le hace la contra a la ministra usando un canal institucional cuando dice que “no resulta aceptable la crítica a informes jurídicos emitidos por organismos públicos que no estén basadas en estrictos criterios técnicos, sino en descalificaciones generales al abrigo de pretendidos sesgos”. Está posicionándose directamente contra las críticas a los informes preceptivos del CGPJ, como si no pudiera decirse que Lesmes y su corte están usando esta potestad para hacer oposición o darle alas a esta y como si no hubiera abogados de su corporación que así lo piensan también. Y mira que yo me he mostrado contraria a que los ministros se salten la separación de poderes haciendo críticas que se salen del tiesto, pero tampoco es aceptable que Alonso utilice un canal institucional para hacer llegar su pensamiento político disfrazado de neutralidad institucional. En Madrid hay muchos abogados que no se sienten para nada identificados ni representados por esa postura que aparece como la oficial de todo el colectivo. 

Así que sí, conociendo el patio, Montero le echó redaños. 

Y es que el ICAM precisa que lo lustren y le sacudan la caspa como tantas otras instituciones de este país.

Si un colegio de abogados no es capaz de asumir que todas las partes tienen derecho a hacer oír sus razones, ¿quién si no?

Una persona feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la plena humanidad en mujeres y hombres

Hablamos mucho de los sesgos conservadores de la mayoría de los jueces pero nos solemos dejar en la cartera la cuestión de las otras profesiones jurídicas, incluida la Abogacía. Esta semana se ha producido un revuelo, en una capital europea que es Madrid, porque un colegio profesional ha invitado a una ministra del Gobierno de España a dar una conferencia y contestar unas preguntas. El mayor colegio de abogados de Europa, con más de 75.000 colegiados, se ha levantado la toga y nos ha dejado ver las vergüenzas de una corporación que estando llamada a regular el ejercicio profesional de todos los abogados obligatoriamente y está vergonzosamente escorado institucionalmente.