Más egos que escaños
Llevaba Rufián implorando un frente común desde la pasada primavera. En el mes de abril lo resumió con la vieja idea de que “si no nos unimos, nos matarán por separado”. Seis meses después, la frase es incluso más cierta, pero el frente común ha resultado una entelequia, una más del catálogo ya interminable de la fragmentación de la izquierda. Hasta el título del nuevo libro de Rufián corre el riesgo de engrosar la estantería de ciencia ficción antes de que termine la campaña de ventas navideña. ‘Cómo ganar a los fachas’, así se llama, sale a la venta a finales de mes con el subtítulo “leer antes de votar”. Hubiese estado bien incorporar también un “sumar antes de votar”, pero no.
Los últimos días, el espacio a la izquierda del PSOE ha ofrecido un espectáculo que el propio Gabriel Rufián, reforzado internamente en su partido, acabó calificando como nefasto y poco generoso antes de pedir disculpas a los votantes y admitir que habían fracasado por no haber conseguido hacer ‘Frente Amplio’. No habló de fracaso como tal Irene Montero que lleva días incidiendo en que lo valioso del acuerdo alcanzado es que Rufián y ella van a hacer equipo. Ione Belarra ha ido más lejos y lo ha presentado como “el equipo titular, el que puede ganar este partido”, como si la aritmética electoral se basase en el mejor once de purezas ideológicas.
España vota en 52 circunscripciones con la ley D’Hondt, y más de la mitad reparten cinco escaños o menos. El resultado es que, en muchas provincias pequeñas y medianas, todo esto significará mirar al PSOE con pura resignación aritmética. En Soria, con dos diputados, o en provincias que eligen tres, cuatro o cinco, la fragmentación puede convertir decenas de miles de votos en una magnífica colección de buenísimas intenciones. Recordemos por ejemplo que Sumar, con todo el espacio unido, se quedó sin escaño en Castelló con un 14,3% de los votos.
La derecha y la ultraderecha se están mostrando durante esta precampaña sin complejos, especialmente en redes sociales donde ya incluso presumen del “malismo” de sus recién incorporados community managers (que llaman directamente “guarros” a los manifestantes de Sol, por ejemplo) porque han hecho de esa desinhibición parte de su estrategia política. Y mientras la derecha y la ultraderecha (a ratos ya indistinguibles) se muestran sin complejos, las siglas a la izquierda del PSOE siguen empeñadas en ofrecer una exhibición permanente de los complejos propios, con egos que crecen en proporción inversa a las expectativas electorales de unos y otros.
El votante, que no es tonto y ya se está movilizando, sabe que el 29 de noviembre no se disputa únicamente quién ocupará La Moncloa, sino qué reglas políticas y sociales van a imponerse durante los próximos años. Circula estos días por redes un vídeo del 2025 en el que Buxadé y Figaredo dicen que la “motosierra de Milei se va a quedar en nada” cuando ellos gobiernen.
Es que ni siquiera hace falta imaginar lo que querrán hacer de llegar al poder porque llevan años anunciándolo sin complejos, como decía. Y frente a semejante escenario, parte de la izquierda ha optado por ofrecer el espectáculo frívolo de enzarzarse en disputas por el orden de las listas, atrapada en el madrileñocentrismo de siempre, como si los escaños que pudieran perderse por el camino fuesen un daño colateral asumible, siempre que los egos propios salgan indemnes.
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