La mejor baza para la izquierda sigue siendo la incompetencia de Feijóo
A estas alturas de legislatura, siete años después del arranque de lo que suele llamarse el gobierno más progresista de la historia, y de lo que a mí me gusta llamar el gobierno menos chapucero que hemos conseguido reunir en 300 años de historia, deberíamos tener la noción y la certeza absoluta de que el siguiente gobierno va a ser conservador (conservador, por decir algo suave), primero porque los ciclos políticos en democracia son como son, y segundo, porque la derecha mediática ha convertido a Pedro Sánchez en prácticamente una amenaza existencial para la nación y la democracia, con lo que sus expectativas de lograr un tercer mandato deberían estar por los suelos. Y digo deberían, porque ninguna encuesta da, todavía, por muerta ninguna configuración de gobierno alternativa a una dupla de PP y Vox. Todo esto es gracias a Alberto Núñez Feijóo, que tiene el carisma de un plátano maduro y la inteligencia política de un saco de rosquillas.
El líder de la oposición, que se encuentra a una corbata negra de parecer el gerente de un tanatorio, no ha logrado construir un relato alternativo que no sea el de “esto es insoportable”. El problema es que lo insoportable, en política, necesita concreción. No basta con repetir que Sánchez es una amenaza. Hay que explicar para quién. ¿Para los pensionistas que han visto subir sus ingresos con respecto al IPC y contra quienes él mismo ha votado en contra? La lista es larga, y sin ser el presidente del gobierno un consumado socialdemócrata, en el plano material tiene mucho más que ofrecer que el chisgarabís gallego. Además, el PP, incluso Vox, incluso sus medios afines, tienen un problema con Sánchez que va más allá del propio Sánchez: han concentrado tanto su discurso en demonizar al presidente del Gobierno que cuando Pedro Sánchez deje de ser el epicentro de la política española, no tendrán prácticamente nada que vender. El problema de inflar tanto la figura de tu adversario, aunque sea en negativo, es que acabas volviéndolo imprescindible para tu propia razón de ser. Han construido una campaña de desgaste permanente basada en el mismo mantra sin ofrecer un relato alternativo positivo, un proyecto de país o una idea clara de España post-sanchista. Es decir, que no saben qué piensan hacer con España, pero quieren controlarla a toda costa. O peor: sí saben qué hacer con ella -con nosotros- y no nos lo quieren decir.
Y es que Feijóo lo tiene todo a favor: una coalición de gobierno desgastada, un proyecto progresista que ha dejado de ilusionar, una crisis habitacional galopante, algún que otro caso de corrupción, una izquierda a la izquierda de su adversario atomizada e inconclusa, decenas de medios y pseudomedios de comunicación afines, su única rival en el partido es un oligofrénico cosplay de Margaret Thatcher, una pandemia, un volcán, guerras, aranceles; le ha faltado una lluvia de meteoritos, pero no nos adelantemos. Feijóo lo tiene todo a favor, y tan sobrado va que hasta reconoció que no es presidente porque no le da la gana serlo. Todo a favor, excepto él mismo.
Así que no estaría de más una buena coalición de izquierdas que pueda poner a Sánchez en su sitio y forzarle a hacer cosas más allá del sonreír y saludar que tan bien se le da. No estaría mal un último apretón a la legislatura para intervenir el mercado de la vivienda y solucionar el tema de los alquileres, justo este año en el que más de 600.000 contratos de arrendamiento vencerán, y no estaría mal empezar a cerrar pseudomedios y a encerrar a esos agentes de la ultraderecha en la más mugrienta fosa séptica que el CNI sea capaz de encontrar. Nada de eso estaría mal en absoluto, pero puede que no haga falta: la mejor baza para la izquierda sigue siendo la incompetencia de Feijóo.