La muerte moral o el exilio sexual

Leo La Voz de Galicia, la trae el panadero. Una vez al año, gozo del dejá vu del café con la lectura en papel y del fondo y la forma regionales. Poco después de llegar aquí, esa voz nos trajo la noticia más espeluznante. No es de ella de lo que quiero escribir: poco que decir ante el infierno en la tierra. Pero la información insistía en algo que interesa descontextualizar, una circunstancia relacionada con el presunto culpable del horrendo crimen y con su entorno social. Es difícil no correr un riesgo indeseable: que pueda parecer que hay justificación en lo injustificable. Hago y pido el esfuerzo. Solo podemos ver como algo monstruoso que un padre degüelle a sus dos hijas, y solo lo traigo a colación para reflexionar sobre aquello en lo que insistía la prensa (y de lo que no he vuelto a ver mención, quizá comprensiblemente, dadas las circunstancias).

La prensa local contó que el parricida se había separado de su esposa y había iniciado una relación sentimental con otro hombre, motivo por el que muchos, en el pueblo de poco más de 4.300 habitantes donde todos vivían, le hicieron el vacío y le mostraron un rechazo explícito. Llegaron las descalificaciones y hasta la negativa a que entrara en ciertos locales públicos. En La Voz de Galicia, el psiquiatra forense José Cabrera explicó que esa “sensación de muerte moral y vergüenza” podría haberle conducido a perpetrar sus horrendos crímenes. Me impactó ese crimen, pero también me impactó esta reflexión, referida a la homofobia en el entorno rural.

“Nos fuimos de allí porque creíamos que iban a matarnos”, declaró a eldiario.es una mujer lesbiana que huyó con su pareja a Madrid desde un municipio de Cuenca. Muchos otros testimonios dan cuenta de la invisibilidad a la que los pueblos pequeños abocan a gais y lesbianas, del estigma al que son sometidos quienes se atreven a vivir sin tapujos sus afectos y su sexualidad. Hay pocas alternativas: o tienen que esconderse o tienen que irse. De lo contrario, serán víctimas de una homofobia que discrimina en el trato cotidiano, en los trabajos, en las actividades de la comunidad. También las familias la sufren, y acaban por fomentar la represión. Cuando las víctimas son adolescentes, las escuelas e institutos se convierten en una pesadilla de burlas, risas y marginación. Un infierno poderosamente descrito por el joven escritor Édouard Louis, autor revelación en Francia con su novela autobiográfica 'Para acabar con Eddy Bellegueule', publicada en España por Salamandra.

Louis, que fue en su pueblo “el marica de la escuela”, lo explica así: “La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla”. El escritor retrata la violencia homófoba y denuncia su exclusión del discurso político y literario: “Es uno de los mecanismos de la violencia: hacerla invisible”. Cuando le preguntan si ha podido reconstruir su relación con su familia y sus amigos de antaño, responde que “es imposible”. Esa imposibilidad, que procede de la humillación y del desarraigo emocional, es la que obliga a la huida. En el caso de Louis, hacia una ciudad que le proporcionó el alivio del estudio y la salvación por la literatura. En muchos otros casos, la propia huida es imposible y conduce a la depresión y hasta al suicidio.

Ya existen, sin embargo, iniciativas frente a la realidad de la homofobia rural. También en Galicia, en una aldea llamada Cumbrados, en la provincia de Lugo, se celebrará el próximo 29 de agosto el 2º Festival Agrogay da Ulloa, cuyo objetivo es, precisamente, “visibilizar un rural diverso, afectiva y sexualmente”, que defiende el ecologismo, la sostenibilidad y el respeto al patrimonio material e inmaterial. Organizado por un colectivo sin ánimo de lucro, todos los ingresos se destinarán a cubrir el programa musical y las diversas actividades del encuentro. Entre otras, un taller-asamblea impartido por Ángel Amaro, experto en infancia y juventud en riesgo social, coeducador especialista en gestión de la diversidad afectivo-sexual, nuevas masculinidades y prevención del bullying escolar y las violencias basadas en el género.

Ante la injusta y dolorosa realidad de la homofobia rural, Agrogay propone pedagogía queer y transfeminismo para la construcción de un tejido social antipatriarcal y libre de LGTBfobia. Una apuesta, que aún tiene mucho de utopía, por que “el exilio, la diáspora afectivo-sexual” no sea la única opción. Para acabar con esa violencia narrada por Louis, evitar la muerte moral.