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Opinión - El nombre exacto de lo que tenemos en Ceuta, por Isaac Rosa

El nombre exacto de lo que tenemos en Ceuta

20 de agosto de 2026 21:21 h

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“Miles de invasores siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de magrebíes y subsaharianos siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de migrantes siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas migrantes siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas, muchas de ellas vulnerables y menores, siguen en las calles de Ceuta”.

Parafraseando el verso mil veces parafraseado de Juan Ramón Jiménez: intelijencia, dame el nombre exacto de las gentes que malviven en Ceuta desde hace semanas. Todas las denominaciones del párrafo anterior se han pronunciado en los últimos días. Las palabras nunca son inocentes, y según cuál elijas, cambia radicalmente la percepción, y también las consecuencias y las responsabilidades. No es lo mismo si los vemos como invasores (atacantes que deben ser repelidos, con violencia si hace falta), como magrebíes y subsaharianos genéricos o migrantes aún más genéricos (una masa amorfa y zombi, que puede ser tratada a bulto), o si hablamos de personas (sujetos de derechos, individualizables).

Lo mismo con los menores: no pediremos la misma atención si los vemos como niñas, niños y adolescentes, que si los llamamos fríamente “menores no acompañados”, que es un término administrativo. Y no digamos si nos referimos a ellos como “menas”. Cada denominación justificará o hará inaceptable unas medidas u otras: su traslado a la península, su atención y protección, o su expulsión sin miramientos.

El nombre importa, siempre. No se siente la misma vergüenza si los abandonados durante semanas en una playa, en el monte o en la calle, son invasores (y además violadores, delincuentes en potencia y transmisores de enfermedades), que si se trata de personas, tan personas como cualquiera de nosotros, y que, por tanto, deberían haber sido atendidas por el gobierno mucho antes. Incluso si nuestra opción preferente es que vuelvan todos a Marruecos, no los expulsaremos igual si los vemos como carne de cañón de disputas geopolítica, que si los consideramos personas con derechos y dignidad.

El endurecimiento del discurso y de las políticas migratorias en toda Europa, que va más allá de la ultraderecha, no sería tan fácil si no fuese acompañado de una progresiva deshumanización de las personas migrantes. Empezando por la forma de referirnos a ellos, poniendo distancia, dejando de verlos como iguales, negándoles humanidad o directamente odiándolos. Ha sucedido a lo largo de la historia con cualquier colectivo al que se quisiera oprimir, negar derechos o incluso exterminar: primero había que negarles la condición humana.

Frente a la deshumanización, que no es solo nominal pero también es nominal, peleemos por humanizarlos, por rehumanizarlos, empezando por el lenguaje.