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Rajoy se fuma un puro henchido de impunidad

23 de abril de 2026 21:47 h

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Lleva tiempo retirado de la primera línea de la política. No se fue, lo echaron con una moción de censura. Pero hay algo que no ha perdido con el tiempo. M.R, que siempre fue Mariano Rajoy, y es ese desconcierto expresivo que en sus años de presidente del Gobierno le convirtió en pasto de meme diario. Uno más para la hemeroteca: “Yo me llamo Mariano Rajoy y, luego, cada uno me llama como quiere”. Siempre existió la duda de si esa confusión lingüística que dio para tanta mofa era involuntaria o una manera de escabullirse de situaciones comprometidas, debates complicados o comparecencias sobre asuntos que le incomodaban. 

El caso es que raro era el día que no regalaba una de sus frases memorables para los anales de la política que nunca le interesó. Lo suyo siempre fue más la pasión por el fútbol, el ciclismo y la marcha deportiva, esa variante rápida del paseo que practicaba también para evadirse o escaquearse.

De esa afición por el ocultamiento, la huida y el escurrir el bulto dio este jueves una nueva clase magistral ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga el caso Kitchen y por el que se sienta en el banquillo toda la cúpula del ministerio del Interior de la etapa de su amigo Jorge Fernández Díaz. Desde el minuto uno de su declaración como testigo -no como imputado, por obra y gracia de Manuel García Castellón- sabía que jugaba en casa, que los magistrados son esas personas de las que usted me habla, pero que el PP puede controlar desde atrás y que podía negar todo, incluso la verdad, porque el que pudiera hacer, haría para que saliera de allí igual que entró. Exento de todo castigo, henchido de impunidad y dispuesto a fumarse un puro gracias en esta ocasión a la presidenta de la Sala, Teresa Palacios, que interceptó todas las preguntas incómodas de la letrada Gloria Pascual que se desviaban un milímetro del asunto que se juzgaba.

Así, el expresidente pudo mentir en sede judicial, desdecirse de sus propias declaraciones anteriores, padecer una amnesia parcial, hacer de abogado defensor del imputado exministro Fernández Díaz y hasta amparar una operación policial diseñada para ocultar las pruebas de la corrupción de su partido.

Sostener con el aplomo que lo hizo M. Rajoy que la Kitchen buscaba encontrar el dinero de Bárcenas en el extranjero y quiénes eran sus testaferros, teniendo en cuenta que cuando empezó a operar la estructura policial al margen de la ley el juez Ruz ya había dado con las cuentas del extesorero en Suiza, solo es posible cuando alguien sabe que no tendrá castigo alguno.  

Declarar que nada de lo que se juzga se hizo desde el Ministerio o la Policía Nacional, y mucho menos con conocimiento de su amigo Fernández Díaz, porque él sabe por experiencia que un ministro del Interior y ni siquiera un secretario de Estado desciende a esos detalles es tomar a los españoles por idiotas. Hay pruebas de lo contrario que existen en la causa, como los mensajes que el ex secretario de Estado Francisco Martínez remitió al exministro y registró ante notario comunicándole el éxito del espionaje que ahora se investiga. Y también hay notas del ex comisario Villarejo en poder de la Fiscalía Anticorrupción y de las acusaciones dando detalles de la captación del chófer de Bárcenas para robar documentos y conversaciones con Martínez.

“Lo que nosotros hemos hecho es engañar a la gente”, dijo en uno de sus lapsus el expresidente allá por 2016 en el transcurso de un debate parlamentario. Eso mismo podría haber repetido cuando salió este jueves de su declaración ante la Audiencia. E ídem María Dolores de Cospedal, que también se desmarcó sin pestañear de cualquier dispositivo parapolicial para robar información a Bárcenas porque en aquella época “tenía la certeza” de que “esa persona de la que usted me habla” (por el extesorero) no tenía ningún papel que pudiese comprometer a la cúpula de su partido por su financiación irregular. Ahí sigue en los diarios para quien lo quiera escuchar la grabación en la que la ex secretaria general del PP pedía al excomisario: “Lo de la libretita [de Bárcenas]... sería mejor poderlo parar”.

En efecto, lo que han hecho, como decía Rajoy, es una vez más “engañar a la gente”. Esta vez, con ayuda de la presidenta de la sala y el incomprensible silencio de la Fiscalía y la Abogacía del Estado, que renunciaron a hacer preguntas al expresidente y a quien fue su número dos en el Partido Popular.