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Esta semana Elon Musk, el propietario de X, volvió a utilizar su red para llamar a la violencia en el Reino Unido. Su particular obsesión con el país suele dar frutos limitados, pero es una voz más que contribuye a los disturbios en las zonas más predispuestas. La zona protestante de Belfast, en Irlanda del Norte, como tantas otras veces, vivió horas de violencia que incluyó incendios de autobuses, coches y ataques contra viviendas en una persecución contra minorías.
La excusa para la violencia esta vez fue el apuñalamiento en la calle de una persona por parte de otro hombre que había recibido asilo como refugiado de Sudán en el Reino Unido. La violencia con armas blancas es una de las preocupaciones en las ciudades por todo el país, con más de 53.000 incidentes el año pasado en Inglaterra y Gales (entre ellos, 262 homicidios). Pero el foco de Musk y de los encapuchados de Belfast que sembraron el terror durante horas no eran los cuchillos ni las botellas rotas, sino una vez más los extranjeros, los inmigrantes o las personas negras. En la mayoría del país, las llamadas de Musk y otros líderes locales de grupos neonazis reunieron a unas pocas docenas de personas. La lista que circulaba el martes de lugares para protestar generada de manera automática tenía absurdidades como una plaza inexistente en Oxford o zonas de obras inaccesibles.
El efecto de las redes sociales en el mundo real siempre es difícil de probar, pero las llamadas de Musk y el uso manipulado de su red son tan explícitas que no hay duda de su daño.
La regulación de empresas transnacionales siempre es compleja, pero lo que es difícil de entender en este contexto es que gobiernos, instituciones y medios (elDiario.es incluido, como la mayoría de los españoles) sigan participando en esta red que con su presencia ayudan a mantener y financiar. Las decisiones de los usuarios individuales ya han tenido impacto en la visión y la influencia de X, pero la responsabilidad más grande la cargan las organizaciones.
El argumento de que la red sirve para informar frente a los bulos es cada vez más débil dado que el algoritmo premia los mensajes de contenido extremo, castiga los enlaces con información y está en manos de los caprichos de su dueño. Hay algunas alternativas más profesionales o más pequeñas en redes sociales, Y, por supuesto, la vida pública es y debe ser más que su sombra virtual.
Pocas dudas quedan de que plataformas como X hacen nuestra sociedad peor. Conformarse y quedarse en ella es una decisión evitable.