Por muy cerca que esté del mar, a esta playa asturiana el agua llega a través de galerías subterráneas desde la costa

Los túneles permiten que el Cantábrico se cuele tierra adentro, recorriendo unos cien metros bajo las rocas

Alberto Gómez

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Son muchas las playas asturianas que destacan por mil y un alicientes. En el caso de la de Cobijeru, se trata de un enclave que se oculta tierra adentro, protegida por praderas verdes y que, de hecho, es una de las pocas playas interiores de Asturias, compartiendo este singular honor con la conocida Gulpiyuri. Lo que la hace especial es su conexión invisible con el mar Cantábrico cercano. Mientras otras costas muestran sus olas abiertamente, aquí el océano juega al escondite con los turistas. Es un capricho inusual de la geografía que invita a descubrir un paraíso terrestre muy especial, ya que el Cantábrico fluye por túneles subterráneos para bañar esta pequeña joya escondida de arena blanca.

Ubicada en la localidad de Buelna, dentro del concejo de Llanes, es considerada como Monumento Natural. Forma parte del Paisaje Protegido de la Costa Oriental, garantizando la preservación de su ecosistema único. Las rocas que la rodean pertenecen al carbonífero superior, mostrando un modelado kárstico muy singular. Es un laberinto rocoso lleno de dolinas, lapiaces y simas que cautivan a cualquier geólogo aficionado. Los visitantes suelen quedar boquiabiertos al encontrar este remanso de paz en mitad del campo verde. Su belleza es el resultado de milenios de erosión paciente por parte de los elementos naturales.

El secreto de su existencia reside bajo los acantilados porosos que separan la tierra del océano. El agua salada no llega por la superficie, sino a través de galerías y grietas subterráneas. Estos túneles permiten que el Cantábrico se cuele tierra adentro, recorriendo unos cien metros bajo roca. Es un proceso fascinante donde el mar actúa como un reo que intenta escapar de su prisión. Al acercarse a la grieta, se puede escuchar el rugido del oleaje batiendo contra las paredes internas. Este fenómeno crea una piscina natural de agua salada que aparece de pronto entre los árboles. La ingeniería de la naturaleza ha diseñado un sistema de filtración perfecto para este refugio secreto.

De las pocas playas interiores de Asturias, se trata de un enclave que se oculta tierra adentro protegido por praderas verdes

La fisonomía de Cobijeru es coqueta y reducida, con una longitud de apenas unos 30 metros. Su forma semicircular abraza una arena blanca y fina que contrasta con el verdor de los prados. Sin embargo, su atractivo depende totalmente de las mareas, que dictan el ritmo de este lugar. Con la marea baja, el paraje pierde gran parte de su encanto al mostrar solo arena seca. Es cuando el nivel del mar sube cuando el complejo cobra vida y se llena de agua. Las profundidades son escasas, variando según el día, pero raramente superan el metro de altura total. Es el lugar ideal para un baño relajante en aguas cristalinas y sin apenas oleaje.

El complejo no solo ofrece una playa, sino también una cueva homónima situada en su parte derecha. Esta cavidad comunica el litoral con la zona interior a través de una galería de gran belleza. En su interior, el visitante encontrará una amplia sala repleta de estalactitas y estalagmitas milenarias. Para explorarla es imprescindible llevar una linterna, pues la oscuridad es absoluta en sus tramos profundos. El recorrido de 150 metros recompensa al aventurero con un balcón natural hacia el mar. Desde allí se observa un lago interior con matices rojizos y verdes provocados por las algas locales. Es una ventana privilegiada para contemplar la fuerza del Cantábrico desde la montaña.

El acceso a este Monumento Natural solo es posible a pie, lo que añade un aura de aventura. Los visitantes deben dejar sus vehículos en el pequeño pueblo de Buelna antes de iniciar la ruta. El sendero, perfectamente señalizado, atraviesa campos de labor y praderías típicas del paisaje rural del norte. Es un paseo tranquilo de apenas un kilómetro que no presenta dificultades técnicas para los senderistas. Durante el trayecto, se puede disfrutar de vistas abiertas a la costa y de una foresta tupida. En los alrededores de Cobijeru, la naturaleza sigue desplegando un catálogo de maravillas dignas de mención especial. A escasos metros se sitúa la playa del Molín, de suelo fangoso y ricas comunidades vegetales. Allí descansan las ruinas de un antiguo molino de mareas, testigo del aprovechamiento humano de la energía.

Los “bufones”

Siguiendo el litoral hacia el norte, se encuentra el Puente Caballu, un arco natural sobre acantilados encrespados. Cerca de Buelna también se pueden observar los famosos “bufones”, cavidades que lanzan agua en forma de géiser. Cuando el mar está agitado, la tierra “bufa” y lanza chorros que alcanzan decenas de metros. Es un espectáculo visual que demuestra la potencia indomable del mar Cantábrico.

La visita a Cobijeru exige respeto absoluto por el entorno, pues se trata de un espacio protegido. Es vital seguir las recomendaciones de seguridad, especialmente ante temporales que hacen peligrosos los acantilados cercanos. La vegetación local incluye especies rarísimas como la Zostera noltii, protegida por su alto valor botánico. No existen servicios comerciales ni papeleras en la zona, por lo que cada residuo debe ser retirado. Llegar hasta esta playa interior es descubrir uno de esos lugares del lado más salvaje y oculto de Asturias.

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