Parcialmente quemada en la Guerra de la Independencia, esta casona asturiana del XIV y grandes vistas fue realizada en sillarejo
Se trata de una histórica construcción, situada en la parte baja de Llanuces, que sobresale por su imponente estructura de sillarejo que nos transporta directamente al siglo XIV. Erigida con la solidez de una casona de planta rectangular, los muros del Palacio de los Miranda-Quirós guardan el alma de una Asturias antigua y noble. El conjunto preside una finca cercada que parece detener el tiempo entre prados verdes y cumbres escarpadas del concejo de Quirós. Su arquitectura palaciega rural es un testimonio vivo del patrimonio civil que define a esta comarca del Camín Real de la Mesa. A mil metros de altitud, el edificio domina el paisaje con una presencia que impone respeto y admiración a todo visitante.
Hoy, este monumento ha sido cuidadosamente restaurado para convertirse en un complejo rural sin dejar de ser un refugio donde la historia de piedra convive en perfecta armonía con la naturaleza salvaje que lo rodea por completo. La historia de este baluarte no ha estado exenta de conflictos y cicatrices que narran el pasado turbulento de la península ibérica. Durante los convulsos años de la Guerra de la Independencia, la casona fue ocupada por tropas y sufrió las llamas de un incendio. Este siniestro parcial dejó una huella imborrable en su estructura, pero no logró doblegar la resistencia de sus potentes muros de roca.
A pesar de los daños sufridos en aquel enfrentamiento bélico, el palacio conservó su esencia y todas las características de la arquitectura rural. Las reformas posteriores han respetado este legado, permitiendo que las marcas del tiempo se conviertan en un valor añadido de autenticidad histórica. Es precisamente esa resiliencia lo que otorga al edificio una atmósfera de misterio y solemnidad que cautiva a los amantes del pasado. Cada rincón del recinto susurra relatos de resistencia y supervivencia frente a las adversidades de los siglos y las guerras. La propiedad hoy se levanta con orgullo, habiendo superado el olvido y el deterioro para brillar de nuevo entre las nubes asturianas.
Al observar la fachada de la edificación principal, destacan los pequeños huecos distribuidos de forma irregular que salpican los gruesos muros. El acceso se realiza a través de un portalón de arco de medio punto provisto de un gran escudo con las armas nobiliarias. En el extremo derecho de su cara principal, una puerta de arco apuntado da la bienvenida a un vestíbulo que conduce al patio. El recinto amurallado no solo alberga el palacio, sino que constituye un conjunto completo con casa de caseros, cuadras y hórreo. Dentro de sus muros se custodia una talla románica de la Virgen de la Candelaria, atribuida a un discípulo aventajado de Berruguete.
También se conserva una tabla pintada con las armas de la familia Quirós, fechada originalmente en el emblemático año de 1492. La capilla de Santa María, anexa al complejo y construida en 1610, completa esta estampa de poder señorial en el entorno rural, un ejemplo perfecto de cómo las familias nobles asturianas organizaban su vida y defensa en estos valles recónditos de la montaña.
Un entorno privilegiado
La ubicación geográfica es, sin lugar a dudas, uno de los tesoros más grandes que ofrece este rincón privilegiado del Principado de Asturias. El palacio se encuentra enclavado en pleno Parque Natural Las Ubiñas-La Mesa, un espacio declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Desde su posición elevada, se dominan unas vistas panorámicas excepcionales que abarcan valles profundos y cumbres que a menudo se visten de blanco. La orientación estratégica del edificio permite disfrutar de amaneceres y atardeceres mágicos sobre la cordillera cantábrica más salvaje y pura.
El entorno está rodeado por otros parques naturales de gran valor ecológico como Somiedo, Redes, Ponga y los Picos de Europa. En estas tierras aún habitan especies emblemáticas de la fauna ibérica, como el oso pardo, el ciervo y el esquivo urogallo cantábrico. Los que visitan la zona pueden contemplar este espectáculo natural de flora y fauna mientras la mirada se pierde en el horizonte infinito de las montañas asturianas.
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