Vandalismo municipal antidemocrático

Vista de la concentración, bajo el lema "ElMuralSeQueda" y convocada por la Mesa de Igualdad del distrito de Ciudad Lineal / EFE / Fernando Alvarado

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Defender el mural en las calles y, si hubiese hecho falta, defenderlo también en los tribunales. El Pleno del Ayuntamiento de Madrid da marcha atrás y deslegitima la decisión que adoptó una Junta Municipal, hace unos días, de borrar un mural feminista. Una obra colectiva y vecinal que –a juicio de Vox (proponente), Ciudadanos y PP (que votaron a favor)– contenía un mensaje político por retratar a 15 mujeres que lucharon y luchan por la igualdad. Una decisión de eliminarlo que, para el alcalde de Madrid, era tan democrática como, en su momento, había sido la de ponerlo. Un punto de vista alarmante teniendo en cuenta su cargo, su formación y su papel.

La afirmación de Martínez-Almeida es inquietante, casi más que el acuerdo que impulsó la extrema derecha. Lo de Vox no es de extrañar, está muy en línea con su idea de hacer de España un país de imbéciles (que diría Unamuno) y de desmemoriados. Sin embargo, que el alcalde de una capital europea (además de abogado del Estado y portavoz del Partido Popular) banalice con la damnatio memoriae (la condena a no existir) de una obra vecinal dice mucho de hasta qué punto Vox y PP son la misma ideología. Uno hace el papel de poli malo autoritario y el otro hace el de poli bueno neoliberal, y mientras, Ciudadanos no sabe si viene o si va.

La eliminación de una obra pictórica a través de una decisión política no solo recuerda al castigo que los romanos reservaban para determinadas personas cuando las querían borrar por completo de la memoria colectiva (ya fuese en textos, grabados, murales, estatuas e incluso música popular) –la llamada damnatio memoriae – sino que representa una injerencia institucional en el orden democrático sumamente grave, que vulnera los principios de neutralidad y lealtad constitucional. 

De no haberse revertido el acuerdo de borrar el mural feminista, la decisión de la Junta debería haberse recurrido vía reposición por ir contra el ordenamiento jurídico, por vulnerar derechos y libertades protegidos constitucionalmente. Murales y representaciones de la memoria colectiva como estas –y que Vox con el apoyo del PP borrarán cuando tengan otra oportunidad– son parte de la libertad de expresión. Un derecho protegido por el artículo 20 de la Constitución cuando reconoce y protege "los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". 

La ironía es que, incluso si fuese válida la falaz motivación que Vox argumenta para promover la eliminación del mural –que contiene un mensaje político–, sería todavía mucho más flagrante que el acuerdo municipal es inconstitucional al vulnerar el artículo 16 de la Constitución que garantiza el derecho a la libertad ideológica. Vamos que cuando Vox tilda de ideológicos el feminismo, los derechos LGTBI+ o los derechos humanos, está atacando el derecho a la libertad ideológica que busca cercenar formulando pretensiones que no tienen cabida en nuestro orden democrático. O, dicho de otra forma, pone al límite su derecho a la libertad de expresión y a la libertad ideológica para mermar la convivencia democrática. 

Por eso, más allá de que al final no se borre el mural de Ciudad Lineal, es necesario tomarse en serio las intenciones autoritarias de Vox y la banalidad/complicidad del PP respecto a estas. Si bien la movilización y apoyo vecinal han sido clave y son imprescindible, es urgente que la oposición política y las organizaciones de derechos humanos salgan de la autocomplacencia y se movilicen en buscar estrategias legales y herramientas jurídicas que bloqueen los ánimos de persecución política y condenas al olvido impuesto que impulsan desde la extrema derecha y ejecutan sus aliados y allegados en las instituciones que gobiernan. 

No seamos ingenuas ni cantemos victoria, no nos creamos más listas y listos que nadie. El intento de sustituir este mural feminista no será el último, tampoco es el primero. Las proposiciones que aprueban las instituciones gobernadas por la derecha descentrada que eliminan lazos morados, retiran pancartas, borran murales, quitan banderas...  son una versión actualizada de una damnatio memoriae. Son proposiciones de castigar al olvido y eliminar toda huella de memoria colectiva, de lucha histórica y de derechos humanos. Una huella que no encaja con la ideología ultraconservadora que defiende Vox porque, como decía Unamuno –y recuerda el imprescindible documental Palabras para un fin del mundo– "esta gente está en contra de la inteligencia". Especialmente, añado, la colectiva.

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26 de enero de 2021 - 22:41 h

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