Vuelve el hombre, chicas
Nos encanta ver la historia como una línea recta que avanza siempre hacia adelante y siempre a mejor. Pero la realidad, para nuestra decepción, se parece más a una extraña línea curva con una acusada tendencia a volverse circular a nada que le dejan. Las mujeres de España tienen hoy más razones que hace apenas unos pocos años para salir a la calle y protestar con más fuerza y más indignación. Hoy están más solas que ayer. Nos sobran las razones para ser feministas al día siguiente del 8M del 2026.
Durante los años noventa la diferencia salarial por género se situaba entre el 20% y el 24%. Hoy aún ronda el 14% mientras que la participación de las mujeres en las rentas de trabajo apenas ha progresado cinco puntos, hasta situarse en un paupérrimo 35% del total (Datos OCDE 2025).
En España la diferencia salarial se mantiene por encima del 15%. La histórica subida del SMI en 2019 permitió recortar la brecha en casi tres puntos. Pero ahí nos hemos quedado; remarcando aún más la otra discriminación que asola a las mujeres: la segregación horizontal. Las mujeres predominan en sectores con salarios más bajos (cuidados, educación, limpieza), mientras que los hombres lideran en sectores mejor pagados (ciencia, tecnología, ingeniería).
Si miramos a la brecha estructural en lo referente a los cuidados y la maternidad, llevamos un buen tiempo instalados en una proporción de 70-80% de reducción de jornada asumida por ellas. En cuanto al acceso a posiciones directivas, tras el gran salto del 5% al 30% entre los noventa y la primera década del siglo, a los hombres nos debió parecer una velocidad de vértigo; nos ha costado década y media llegar al cuarenta por ciento.
En términos de peso organizativo o presupuestario de los departamentos y partidas que tienen como cometido las políticas de igualdad o la lucha contra la violencia de género, no hace falta ser un gran observador para comprobar la sustanciosa reducción en términos cualitativos y cuantitativos que se ha producido y se producirá; sobre todo en aquellos territorios gobernados por la derecha y la extrema derecha.
El consenso contra la violencia de género parece hoy algo de un pasado muy, muy lejano. El relato y el discurso que llega desde tantos actores políticos, económicos y mediáticos viene a contarnos que, ahora, las verdaderas víctimas de la desigualdad y de la violencia somos los hombres. Las cifras en cuanto llevamos de año hablan dramáticamente por sí solas: diez víctimas mortales en apenas dos meses de inicio del año. Pero en este mundo donde ya no se puede decir nada, no haces más que ver y escuchar a hombres ofendidos que te cuentan que la culpa es de las denuncias falsas que ellos sí saben que existen, pero se nos ocultan.
El inventario del retroceso en la igualdad entre hombres y mujeres se va volviendo largo y doloroso para recorrer. Aunque lo peor es que no parece que estemos ni de lejos al final de la curva. Se avecinan tiempos y posibles gobiernos aún más comprometidos en volver a ponernos a los hombres en el lugar que nos merecemos y a las mujeres en su sitio.
Vuelve con más fuerza el hombre que sabe lo que es mejor para vosotras, chicas, lo que os conviene, lo que os interesa, lo que debería importaros, lo que os hace sentiros verdaderamente realizadas y felices, lo que tenéis que vestir o hacer para que se os respete, lo que nos gusta, lo que es vuestro deber, lo que os ayuda y nos ayuda, lo que os mejora, lo que os enriquece, lo que es bueno para todos, lo que es más justo para todos, lo que es para mejor todos.
Vuelve, además, sin complejos, convencido de que regresa para enmendar una enorme injusticia y hacer que el mundo torne a ser como nunca debió dejar de ser: el hombre por encima de la mujer, los hermanos antes que las hermanas, los novios por encima de las novias, el trabajador antes que la trabajadora y el jefe antes que la jefa. El machista chiste de la cocina está a segundos de volver a ser humor en los especiales de nochevieja. Para que veas cuánto te quiero.