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El culpable

Alonso González Masegosa

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Una de las primeras cuestiones que se plantea el ser humano cuando comienza a tener uso de razón, e incluso antes, es buscar un culpable de todo lo negativo que percibe, tanto a nivel personal como en su entorno. Al principio lo circunscribe al ámbito familiar puesto que es el único núcleo de relación, pero posteriormente lo proyecta en la escuela, instituto, otras áreas docentes y finalmente en el trabajo; pero es en la etapa de apertura a la interrelación social, azuzado por influencias ideológicas o religiosas, cuando la idea de culpabilizar puede exacerbarse, convertirse en sentimiento de odio y posteriormente en actitudes violentas sobre aquellos que no piensan como tu ( personas, políticos , organizaciones, religiones etc). El máximo exponente de esta digresión es la polarización, que entraña siempre un peligro de enfrentamiento social. La culpabilización es también una forma de eludir la responsabilidad, de hecho culpabilidad y responsabilidad son conceptos que en muchas ocasiones se confunden siendo que el primero pertenece al ámbito judicial mientras que la responsabilidad se corresponde con un compromiso social. A veces el daño provocado por la irresponsabilidad es muy superior al de la culpabilidad y en el ámbito político, suele equipararse la exoneración de culpabilidad con honestidad, pudiéndonos encontrar con algún político exculpado por la justicia, que habiendo provocado un gran perjuicio social con su irresponsabilidad, considera que la sentencia lleva asociada la patente de honorabilidad.

El antídoto para evitar este sentimiento nocivo pasaría por apuntalar una serie de principios, en primer lugar la adquisición de una formación solida, seguida del acceso a una información rigurosa, sometida a un análisis reflexivo y guiada por una actitud ética y responsable.

Todo esto por supuesto debería iniciarse en las primeras etapas escolares, potenciando asignaturas que propugnen estos principios.

Casi todos los acontecimientos mediáticos a los que estamos asistiendo recientemente se afrontan bajo el prisma de la culpabilización y la crispación, lo que augura un mal futuro para la convivencia y el desarrollo de una sociedad sana.