Ni héroes ni tumbas
Llevamos unos días descubriendo cada mañana que nueva tropelía atribuyen al expresidente Zapatero.
Un político de oratoria mejorable que consiguió aglutinar en torno a su proyecto al habitualmente desperdigado voto progresista de este país, lo cual está muy bien, y que ensanchó las libertades civiles, lo cual está mejor aún.
Es cierto también, que lo que aprendió de economía en una tarde no le dio para hacer las reformas progresistas que tanto se necesitaban, quizás siguiendo la moda imperante en aquellos tiempos de no tocar demasiado lo que en apariencia iba también.
Y que se dio cuenta demasiado tarde cuando el mal estaba hecho, y que tuvo la humorada de declarar que tomaría las decisiones que hicieran falta le costase lo que le costase. A él, que ya no se iba a volver a presentar a las elecciones y que tenía la luz pagada de por vida.
Creo, por tanto, que no es un héroe de la izquierda, ni un santo laico al que haya que sacar en procesión cuando hay elecciones.
Pero tampoco creo que haya que buscarle una tumba civil por un informe policial, tuneado por un juez de instrucción, que ya sabemos como las gastan últimamente, que una cosa son los hechos y otra cómo se juzgan estos depende de quien sea el juzgado.
Y eso que siempre me pregunté que se le había perdido por Venezuela, que ya son ganas de meterse en un avispero, del que tanto nos gusta hablar por aquí y que le sirve a los de siempre para intentar empurar a los políticos que no les gustan, aunque claro, que no haría uno por sus hijas.
Por no hablar del desmesurado interés de Estado Unidos en el asunto, donde el señor Zapatero tiene tantos amigos desde que no se levantó al paso de su bandera y sacó a las tropas de Irak.
Me temo que el escarnio público de una figura tan admirada por la izquierda consiga desanimar a los votantes progresistas, que de eso se trata, pero también espero que nos demos cuenta de que lo importante son las ideas y las propuestas que se defienden, no a quien seguir ni admirar, y más si es una ceja.