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El acusado por proponer matar a Sánchez asegura que no era su intención

Madrid —
15 de marzo de 2022 04:17 h

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Madrid, 15 mar (EFE).- Un vigilante de seguridad de 66 años acusado de proponer matar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado en el juicio contra él que no tenía intención de asesinar a nadie y que tampoco era “ni un mercenario ni un francotirador”, como alardeó en un grupo de WhatsApp en 2018.

“Yo me sentía como un héroe, como Rambo, y decía cosas como estas para salvar a España”, ha expuesto el acusado, Manuel Murillo, al justificar que escribió esos mensajes estando borracho.

La Audiencia Nacional ha iniciado este martes el juicio contra Murillo, para el que la Fiscalía solicita 18 años y medio de prisión por los delitos de homicidio en grado de proposición con agravante de discriminación ideológica, depósito de armas y municiones de guerra, tenencia de armas prohibidas, depósito de municiones no autorizadas y tenencia de explosivos.

Murillo, hijo del último alcalde franquista de Rubí (Barcelona) y a quien se vinculó con entornos de extrema derecha, ha asegurado que no recuerda los mensajes que envió expresando su intención de acabar con la vida de Pedro Sánchez y ha argumentado que en esos momentos se encontraba bajo los efectos del alcohol y los fármacos.

“No sabía lo que estaba haciendo, pero no tenía intención de matar a nadie. Ni he hecho la mili, ni soy mercenario ni francotirador. Solo he disparado en una galería de tiro”, ha explicado.

En los mensajes que envió al grupo de Whatsapp “Terrassa por España” entre julio y septiembre de 2018, Murillo expresaba su deseo de tener a Sánchez “en el punto de mira”, a propósito de los planes del Ejecutivo de exhumar los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos.

“Si lo sacan (a Franco) me cargo a Sánchez”, “mi mayor ilusión es meter al traidor de Sánchez debajo de la lápida de Franco”, “tendremos que ir de francotiradores anónimos cargándonos a esos hijos de puta poco a poco”, fueron algunas de las menciones que hizo al presidente del Gobierno.

El procesado se ha sorprendido al ver el contenido de los mismos, pues él es “sentimental, no un asesino”, y se ha excusado diciendo que, al beber, le salía el “instinto patriótico” y los “sentimientos que tenía cuando era niño, en tiempos de Franco”.

Además, ha alegado que no tenía una fijación especial por acabar con la vida del presidente del Gobierno, pues también decía cosas similares sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero o los yihadistas.

En cuanto a las armas que se le incautaron tras su detención en septiembre de 2018, entre las que había tres revólveres, una escopeta, un fusil o una ballesta, el procesado ha manifestado que algunas las empleaba para ir a un club de tiro de Barcelona y otras para tenerlas “como decoración” o “recuerdo”.

Una exdirigente local de Vox, que denunció a Murillo tras recibir algunos de sus mensajes, ha negado en el juicio tener relación con el acusado más allá de haber mantenido una conversación y de pertenecer a un mismo grupo de Whatsapp.

Por otra parte, de los agentes de los Mossos ha relatado que en el registro de su domicilio encontraron, además de armas de fuego y munición, un taller con herramientas para modificarlas y un artefacto explosivo de confección casera.

Uno de los policías que elaboró el informe de inteligencia ha señalado que al investigarle averiguaron que no era activo en redes sociales ni pertenecía a ningún grupo ultra, si bien sí que detectaron “inputs de ultraderecha” por los mensajes xenófobos y homófobos que transmitió.

Esto, unido al arsenal de armas que tenía a su disposición, hizo pensar en la verosimilitud de sus amenazas.

En su escrito de acusación, el fiscal José Perals sostiene que el acusado “alcanzó la convicción personal de la necesidad de planificar acciones tendentes a causar la muerte del presidente del Gobierno como forma de derrotar el gobierno socialista” y que “solicitó de forma pública y privada ayuda para llevarlo a cabo”.

El juicio continuará el próximo 29 de marzo.