Un combate con poca sangre

La beligerancia ha brillado por su ausencia en el debate que enfrentó el lunes a los candidatos a la secretaría general del PSOE. Pedro Sánchez ya había avisado antes de que esperaba un duelo “de guante blanco”. A la salida, Eduardo Madina lo definió con la misma expresión. Fran Carrillo, profesor de Oratoria y director de La Fábrica de Discursos, lo resume como “un combate con poca sangre”.

Para este experto, “ninguno de los tres se ha magullado mucho” y, si hay que situar a los contricantes, dice que podría diferenciarse entre dos candidatos “del aparato” y un tercero “outsider, con relato propio”, en referencia a José Antonio Pérez Tapias, representante de Izquierda Socialista. Millán Fernández, politólogo especializado en marketing y comunicación política, coincide en esta apreciación: “Pudiera parecer que el candidato de mayor edad es el más joven en cuanto a ideas”.

Carrillo también defiende que la lejanía del profesor de Filosofía respecto del aparato socialista es lo que le ha dado alas y le ha permitido distinguirse de los otros dos. “No depende de nadie y tiene más libertad”, explica y pone de ejemplo su respuesta en cuanto a la corrupción relacionada con los ERE en Andalucía. Pérez Tapias lo criticó sin tapujos, mientras que Sánchez y Madina salieron del paso con referencias a la necesidad de “mayor transparencia”. De esta forma, Pérez Tapias logró mostrarse “como el candidato de ruptura con ideas más audaces y progresistas”, apunta Fernández.

Los tres buscaron diferenciar su mensaje del de sus rivales. “Madina buscó reivindicar su trayectoria militante en el socialismo vasco desde los 17 años y su conocimiento interno del partido, posicionándose como garante de un cambio tranquilo”, señala el politólogo. Carrillo coincide en esta apreciación: “Hablando de sentido de Estado, Madina es el más Rubalcaba de los tres”. En su opinión, acertó al mostrar un mensaje “certero, claro, conciso y contundente en sus propuestas”. El director de La Fábrica de Discursos está convencido de que con su mensaje buscaba “conquistar a posibles votantes de Pérez Tapias que quieran garantizarse una victoria”.

Lenguaje no verbal

Ambos señalan, sin embargo, la poca soltura de Madina en cuanto a su lenguaje no verbal. “Se le notaba el más tenso, incómodo y nervioso de los tres. Recuerda a la 'escuela ZP' en este campo”, opina Fernández, quien considera un error haber elegido una camisa azul a la que le crecían los cercos de sudor conforme avanzaba el debate. “Su lenguaje no verbal es una mezcla entre Rubalcaba y Zapatero: el efecto muelle de brazos que caracterizaba al expresidente y el dedo índice de Rubalcaba”, destaca Carrillo.

Sánchez es, para los dos especialistas, el más telegénico de los candidatos. “El más seguro y ágil en cuanto a la puesta en escena, quizá por confianza en sí mismo y por su apariencia física”, analiza el politólogo. Para Carrillo, frente a la “visión sosegada” de Madina, Sánchez hizo más uso de fórmulas “populistas”.

“Se muestra poco claro en algunas ideas, pero más incisivo, con mensajes positivos de integración y unidad”, resalta el profesor de oratoria. “Potenció en su discurso la idea de ser casi un outsider de la política y el haber trabajado como autónomo en lo privado y en lo público y haber conocido la situación de desempleo juvenil”, apunta Fernández.

Cataluña y la reforma del Estado

El referéndum catalán, la reforma del Estado de las autonomías y los cambios en las instituciones también tuvieron su lugar durante el debate. El más claro en esta cuestión fue Tapias, quien apostó por una reforma hacia un Estado plurinacional. En este campo, Madina y Sánchez se quedaron en el discurso tradicional del PSOE que hasta ahora ha defendido Alfredo Pérez Rubalcaba.

“Es un mensaje en sintonía con los movimientos de base que operan entre buena parte de la sociedad”, sostiene Fernández sobre Pérez Tapias. Sin embargo, Carrillo no lo ve así: “Si el PSOE recupera el concepto España, como hace Susana Díaz sin ningún tipo de complejos, ganaría. En este sentido me ha gustado Madina hoy”. En este campo, Carrillo ha detectado un cambio de discurso: “Antes evitaba la palabra España y siempre hablaba del Estado o del país, pero en el debate la ha pronunciado sin temor”.

El profesor avisa de que “la visión más sensata y nacional del PSOE no va a querer que España se rompa en diferentes naciones”, por lo que era muy importante dejar clara la posición: “Esa idea es incompatible con un partido que quiere gobernar”.