Feijóo encalla por segunda vez frente a Vox y Sánchez cae a los infiernos del mínimo histórico en Aragón

Zaragoza —
9 de febrero de 2026 00:04 h

0

“No tienes ni entidad propia, ni necesidad de anticipar elecciones”. Fueron las palabras de un veterano del PP a Jorge Azcón para disuadirlo de que llamara a las urnas anticipadamente en Aragón, como le sugerían desde la calle Génova para arrastrar a Pedro Sánchez a un carrusel de autonómicas que propinara sucesivas derrotas al PSOE y anticipar así un final de ciclo. El presidente autonómico desoyó el consejo y, al final, se ha visto reflejado en el espejo de su colega extremeña María Guardiola. Con una imagen incluso peor porque retrocede dos diputados (de 28 a 26) respecto a 2023 y, además, lejos de zafarse de Vox como pretendía, queda atado inexorablemente a los ultras (de siete a 14 escaños) para seguir en el Gobierno. Cuestión distinta es que lleguen a una entente porque, hasta el momento, si algo tiene claro Abascal es que quedarse fuera de los gobiernos y poner al PP frente a sus contradicciones le beneficia.

Los resultados dejan a Alberto Núñez Feijóo, que fue el autor intelectual de la estrategia de sucesivos anticipos electorales, ante una realidad inquietante: un partido encallado que no rentabiliza el desgaste del Gobierno y con un Abascal pisándole los talones mientras el PSOE cae a los infiernos de su peor marca histórica, la de 2015, con 18 diputados, cinco menos de los que obtuvo en las últimas autonómicas.

La de este domingo, sí, es la segunda victoria amarga del PP y la segunda derrota de los socialistas en apenas dos meses. Y aunque el partido de Feijóo entra como ganador justito en el nuevo ciclo electoral que seguirá, tras Extremadura y Aragón, en Castilla y León y Andalucía antes de que se convoquen las próximas generales. Nada invita a pensar que los socialistas vayan a remontar el vuelo en las siguientes citas electorales autonómicas con una derecha política, judicial y mediática que no cejará en su estrategia de acoso y derribo contra el Gobierno. El 8F deja un panorama devastador para el PSOE, por mucho que recrudezca la guerra entre las derechas.

Pedro Sánchez no es, sin embargo, el principal problema de Feijóo, que vuelve a constatar este domingo que el auge de Vox ya no es una mera hipótesis, sino una realidad comprobada y aumentada allá donde se convocan elecciones. La tan cacareada fortaleza de la derecha solo sirve, a tenor de los resultados, para reforzar a los de Abascal, no para catapultar a Feijóo al estrellato. La ultraderecha se dispara con 14 diputados, el doble de los que tenía, y el PP se queda con dos menos, pese a que el objetivo de esta convocatoria era subir posiciones y frenar el auge de los de Abascal, como lo fue también sin ningún éxito el pasado 21 de diciembre en Extremadura.

En todo caso, la derrota socialista no cambiará los planes de Pedro Sánchez que siempre pasaron por agotar la legislatura hasta 2027 para dejar que el PP chapotee en el barro de Vox mientras negocia los gobiernos autonómicos donde suman mayoría. Entre cuadros y dirigentes, no obstante, ya se preguntan si toda la estrategia del PSOE hasta las generales pasa porque las derechas se coaliguen en Extremadura, Aragón, Castilla y León y quién sabe si también en Andalucía para que luego Sánchez se presente como el único muro de contención frente al antifascismo, como hizo en 2023. Hace tres años dio resultado, pero dentro de un año puede que ya no baste. Los socialistas tratarán, en todo caso, de disipar el mantra de que las elecciones autonómicas son un examen sobre la debilidad del Gobierno o el estado de la nación. El planteamiento es desvincular comicios regionales de generales e insistir en que la alianza de Feijóo y Abascal es ya, más que una unión de hecho, una auténtica simbiosis.

Sin embargo, con un Vox disparado, un PP estancado y una izquierda a la izquierda del PSOE más dividida que un pastel de cumpleaños, debería producirse algo más que un milagro laico para que el Gobierno de coalición tenga alguna posibilidad de reeditarse y se disipe el mantra de que ha llegado el final de este ciclo político.

Sumar y Podemos han librado en estas elecciones su primera guerra del ciclo electoral, ya que en Extremadura la marca de Yolanda Díaz no presentó candidatura. Con los morados ya fuera de las Cortes de Aragón, tras no superar la barrera del 3% de los votos pese a haber sumado 14 diputados en 2015, nada hace pensar que la izquierda alternativa vaya a retejer sus deshilachadas costuras y tampoco a dejar a un lado sus guerras personales en aras a una candidatura de unidad en las próximas generales. A las desavenencias entre IU-Sumar y Podemos en esta ocasión había que sumar la existencia de una fuerza política con identidad propia en Aragón como era la Chunta Aragonesista, que ha sido la ganadora de este duelo a tres al lograr 6 diputados, 3 más de los que obtuvo en 2023 en una tendencia que parece recompensa a proyectos reconocibles y con fuerte implantación territorial.

Con todo, es un hecho indubitable que la ultraderecha española se perfila como la opción política con más margen de ascenso en todo el territorio mientras que el PP no es capaz de crecer ni siquiera haciendo propio el ideario de Vox y sus guerras culturales. Tampoco llevando de estrella invitada a sus mítines al agitador ultraderechista Vito Quiles, conocido por perseguir a periodistas y políticos de izquierdas o bailando al son de las canciones de Los Meconios que reivindican el golpe de Estado y la Guerra Civil. 

Los socialistas entran en fase menguante

Pero el PSOE, por su parte, ha entrado en fase menguante con una derrota que será seguramente ampliada por el hecho de que la candidata en Aragón, Pilar Alegría, lo fue por expreso deseo de Sánchez en el marco de una estrategia con la que el presidente consideró una buena idea convertir a algunos de sus ministros en aspirantes a la presidencia de varias Comunidades Autónomas. Una decisión que ha permitido identificar a Alegría con La Moncloa y con Sánchez durante la campaña y que ahora, tras el batacazo, aprovecharán las derechas contra el secretario general del PSOE para presentarlo como un líder agotado.

Se verá cuando toque porque hay estudiosos de los resultados que niegan la mayor sobre la hipotética derechización del electorado español. En Extremadura, por ejemplo, los datos no revelaron eso porque para producirse un cambio social tan relevante debería existir un trasvase neto de votos de la izquierda hacia la derecha, que no se produjo. Lo que sí hubo fue una gran diferencia en la movilización de los votantes de cada bloque, ya que el aumento del respaldo a la derecha, respecto a las autonómicas de 2023, solo fue de unos nueve mil votos (tan solo 1 % del censo).