Santos Cerdán se presenta en su libro como víctima de una cacería por ser el “arquitecto de las mayorías imposibles”
“Durante años fui quien ayudó a que la maquinaria funcionara, quien engrasaba piezas que parecían incompatibles, quien llegó a convertir conversaciones que la mayoría consideraba imposibles en acuerdos viables”, afirma el exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, en su libro La Caída: poder, relato y destrucción en la era del juicio político autoeditado por el mismo. Su papel, añade, “era el de hacer que las cosas pasaran, el de conectar posiciones que parecían incompatibles” y “mantener abiertos canales de diálogo cuando otros los daban por rotos y de convertir lo improbable en posible”. “Y ese papel, a la vista de los acuerdos conseguidos, es la historia de un trabajo demostrado de éxito. Y tengo claro que a muchos ha molestado”, zanja.
Esa es la principal conclusión sobre la que se construye el libro: que si en este momento está acusado de cohecho, organización criminal y tráfico de influencias por el supuesto amaño de obras públicas dentro del caso Koldo y si pasó casi cinco meses en la cárcel de Soto del Real fue por su papel como principal negociador del PSOE. Primero, por haber logrado aupar a Pedro Sánchez en las primarias y, después, por ser quien logró los apoyos para la moción de censura, además de los acuerdos con PNV, EH Bildu y Junts para hacer presidente al secretario general de los socialistas. En el libro, Cerdán se presenta, de hecho, como “el arquitecto de las mayorías imposibles”.
A lo largo de las 118 páginas, Cerdán no menciona a Leire Díez, la exmilitante socialista con la que según los informes policiales tuvo varias reuniones y a la que supuestamente hizo encargos para el partido. Tampoco habla de Koldo García y apenas hay una sucinta cita a José Luis Ábalos, pero sin señalar el caso que ha llevado a este último a ser condenado a 24 años y tres meses de prisión.
“Hay un momento que marcó un antes y un después en España, pero también en mi vida, las negociaciones para la investidura con Junts. Pasé de trabajar principalmente en la sombra, siendo un rostro poco conocido, a ser el protagonista de una negociación que tenía como objetivo conseguir la investidura más difícil de la democracia en España”, señala el exdirigente socialista. “Pero hubo un día que marcó esas negociaciones, al menos en lo personal: el día en que me hice la fotografía con Carles Puigdemont en Bruselas. A partir de ese momento, dejé de ser una figura desconocida para la opinión pública y eso cambió todo. Porque cuando pasas a ser visible, también pasas a ser objeto de atención, de análisis y en muchos casos de crítica”, concluye.
Es más, Cerdán añade que todo ese es el contexto “en el que se produce todo lo que viene después, un contexto que, sin entenderlo, hace que la caída parezca un hecho aislado, cuando en realidad no lo es”, concluye. “Es el resultado de una trayectoria, de un rol y de un conjunto de dinámicas que, en algún momento, convergen y lo hacen sin avisar. En política, cuando incomodas lo suficiente, dejas de ser útil. Te conviertes en un problema, y los problemas no se gestionan. Se eliminan”, remarca.
La soledad tras la acusación
Cerdán identifica el “inicio de la caída” en “lo sutil”. “Empiezas a notar una incomodidad. Lees una noticia. Luego otra. Y otra. Tu nombre empieza a aparecer, no en una acusación formal, no en una decisión judicial, aparece en titulares. Y los titulares no preguntan, sugieren. La sospecha no necesita ser cierta, solo necesita repetirse. Al principio piensas que pasará, que se aclarará, que todo esto se frenará en algún momento, pero no se frena, todo lo contrario, crece. El problema no era lo que pasaba. Era lo que empezaba a parecer. En ese momento el entorno empieza a cambiar, recibes llamadas, mensajes de apoyo, gestos de cercanía, pero también empiezas a percibir algo distinto. Miradas que cambian, conversaciones que se vuelven más medidas, silencios donde antes había naturalidad”, relata, en un libro que asegura haber escrito “desde la soledad de una celda del módulo 13 de la prisión de Soto del Real”.
Si bien todo comenzó con esas percepciones, su caída real se produjo el 12 de junio de 2025 cuando se conoció el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. “Era un jueves de pleno, pero no iba a ser uno más, para mí fue el último. El informe llega al móvil. Lo abro. Empiezo a leerlo desde mi escaño, en el hemiciclo, con el pleno en marcha. Al principio intento mantener la normalidad, pero a medida que avanzo página a página, todo empieza a cambiar. El ruido, las voces, desaparecen. El hemiciclo sigue ahí. Yo ya no. Y lo que leo no tiene sentido, interpretaciones sin sustento, afirmaciones que no reconozco y, sobre todo, unos audios que no son conversaciones mías”, apunta.
A continuación dice que cuanto más lee el informe “más claro” lo tiene todo. “No es solo lo que pone, es lo que va a provocar. Las acusaciones son gravísimas. El impacto va a ser inmediato, no hay margen, no hay tiempo y no hay espera. Cuando termina el pleno, ya no tengo dudas, me dirijo a mi despacho en Ferraz. Allí con mi equipo, tomo una decisión. No porque reconozca lo que dice, sino porque entiendo lo que viene. Redacto mi dimisión como secretario de Organización y decido que voy a entregar mi acta de diputado”, señala. Cerdán remarca que no fue Sánchez quien le pidió marcharse, sino que fue él quien lo decidió.
“En cuestión de días pasé de debatir estrategias con el presidente del Gobierno a ser acusado de delitos muy graves y a cruzar la puerta de una prisión preventiva”, lamenta. Y el exdirigente socialista afirma que ahí se sintió abandonado, sobre todo cuando el PSOE le dejó de pagar el abogado. “No se trata solo de perder un cargo, eso es lo de menos, es descubrir que cuando la maquinaria se activa, quienes deberían sostenerte o al menos pensar en la presunción de inocencia, se apartan, te abandonan y la soledad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en algo físico. Y todo eso vivido desde el aislamiento de una celda, donde el tiempo se detiene, mientras la vida en el exterior continua. Y a esa soledad, se suma el ruido mediático y de las redes sociales”, añade.
También carga Cerdán contra las filtraciones de documentos judiciales a la prensa. “¿Con qué intención supuestamente la UCO, según afirma la propia periodista Pilar Gómez, filtraba el informe a la prensa mucho antes de que se entregara a la justicia, en este caso al Tribunal Supremo?”, se pregunta. “¿Desde cuándo se producían estas filtraciones? ¿Desde cuándo se me estaba investigando? Podría seguir haciendo preguntas, pero la realidad es que casi un año antes de la entrega del informe puedo leer artículos que intentan ataques contra mí en esa línea. Estas filtraciones, ¿cómo se deben tratar? Recientemente han condenado al fiscal general del Estado por unas supuestas filtraciones. Por estas filtraciones, que según la periodista no son supuestas, ¿sucederá algo?, evidentemente ni tengo, ni espero respuesta”, concluye.
El paso por la cárcel
Manteniendo la teoría de la persecución por sus acciones políticas, Cerdán asegura que cuando el Supremo decidió que entrara en prisión provisional entendió “el momento” y “que la decisión no se explicaba solo en términos jurídicos”. “Se explicaba dentro de un contexto más amplio, dentro de una dinámica que iba más allá de lo estrictamente procesal. Porque cuando entiendes el momento, dejas de preguntarte solo por los argumentos. Empiezas a preguntarte por el entorno que hace posible esa decisión”.
Sobre su paso por la cárcel de Soto del Real, Cerdán recuerda que la primera noche la pasó con otro preso, Carlos, que estaba a la espera de ser extraditado a Alemania. “La puerta se cerró. Y con ella, se cerró también la continuidad de la vida que conocía”, sostiene. A los cinco días le visitó “por primera vez” a familia. “Mi mujer, mi hermana y mi cuñado”, precisa. “Ellos fueron los únicos que me visitaron en prisión, además de mis abogados. Fueron los únicos que me visitaron, y no tengo ningún problema en decirlo. Lo digo porque hay grupos políticos que han pedido conocer quién me visitó”, matiza.
“Una mañana en el patio vino un preso y me dijo que había oído que estaban ofreciendo hasta 50.000 euros por una foto mía en prisión. Aquí no se puede tener móviles, pero parece ser que alguno consigue introducirlos, no sé cómo lo hacen porque en las visitas familiares, por lo que decían, es imposible. Pero lo cierto es que el 10 de julio, diez días después de entrar en prisión, se publican unas fotos mías en OK diario, fotos que recorrieron todas las televisiones. No tardaron en pillar a los dos presos que hicieron las fotos a través de las cámaras del módulo, se los llevaron a las celdas de aislamiento. Ya no los volví a ver. El acoso ya no es solo en la calle, también han conseguido hacerlo en prisión”, recuerda.
A continuación, Cerdán dedica párrafos enteros a dar una suerte de consejos para quien pase por su misma experiencia. Habla del “coste invisible del linchamiento”, la necesidad de “la resiliencia” para “reconstruirse como persona y como institución” y, finalmente, cómo afrontar “la reconstrucción de la reputación” para “volver a existir”. También es muy crítico con el papel de la Justicia. “Cuando la opinión pública sentencia antes que la justicia, cuando la percepción sustituye al derecho, lo que está en juego no es una reputación. Está en juego el propio equilibrio del sistema. Entonces el problema ya no es individual. Es democrático”, concluye.