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Andrés Aberasturi: “La verdad sobre la discapacidad está siempre edulcorada”

EFE

Madrid —

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“La verdad de la discapacidad está siempre edulcorada y esa realidad es una injusticia”, asegura el periodista Andrés Aberasturi, cuando explica cómo es el día a día con su hijo Cris, un chico de 36 años con parálisis cerebral.

Aberasturi narra “la verdad sin tapujos” sobre la vida junto a su hijo en el libro “Cómo explicarte el mundo, Cris”, una obra que ha servido para “drenar su corazón”, según cuenta en una entrevista a Efe.

Cuando Aberasturi recapacita sobre cómo describir a su hijo Cristóbal, termina por decir que es “puro amor e inocencia”.

Pero pronto recuerda que también es “incomunicación”, ya que Cris, como todos le llaman, es un chico de 36 años con parálisis cerebral que nunca ha sido capaz de articular una palabra o de mostrar signos de entendimiento.

Su padre dice que Cris no tiene defectos o virtudes, ya que ambos son procesos intelectuales, “comportamientos que uno elige”, añade. Y Cris tampoco tiene esa capacidad.

Sin embargo, Cris cuenta con un componente mágico: su sonrisa. Para su padre, ese gesto innato “lo llena todo y es la vida”.

El problema de Cris es la incomunicación, repite su padre.

Y sobre el sufrimiento ocasionado por esta ausencia de lenguaje reflexiona en el libro.

“Si yo hubiera tenido la oportunidad de oirle, de que mis palabras llegasen a él, de ayudarle, de mimarle... pero esa falta de comunicación, el terminar en su piel y no poder ir más allá, es muy duro”, relata.

Desde que nació, cambió la vida de su familia porque tuvieron que adaptarse a él y a su forma de ser. Sin embargo, “no todo ha girado en torno a Cris, todo a girado en torno a todos”.

Y considera que haberle hecho el centro de ese todo hubiese sido un error. Así que su mujer, Lupe, su hijo mayor, Andrés y él, optaron por aceptar que había “un problema grave, normalizar la situación y seguir adelante”.

Hace tres años, en una de las tantas noches en las que Aberasturi ha estado en el hospital acompañando a su hijo, comenzó a llorar y a reflexionar sobre lo que había sido su vida.

Y, a partir de ese momento, sintió “un desasosiego y la necesidad de narrar la verdad, aunque fuese a partir del sufrimiento”, cuenta.

Pero luego matiza, “esto es mi verdad, lo que yo he vivido, lo que seguramente muchos piensan y no dicen”.

Entonces comenzó a escribir este libro, una especie de diario, con saltos temporales y que tampoco sigue una cronología.

El autor lo describe como “un flash de momentos”, un presente continuo, al igual que la existencia de Cris.

Porque Cris no tiene concepto de pasado, ni de futuro, aunque su padre quiere imaginar que puede almacenar recuerdos.

Tampoco sabe lo que es miedo, “los sentimientos para él no existen”, dice el padre.

Este diario es “una sucesión de instantes”, buenos y malos, con sonrisas, pero también con muchas lágrimas; es su vida juntos.

Y Aberasturi reconoce que quiso, sobre todo, plasmar los “momentos duros” y la realidad que supone tener un hijo dependiente.

Por eso, cree que escribirlo le ha servido como drenaje para su corazón.

A menudo, también se pregunta si la vida que ha llevado Cris es la que él hubiese escogido, “porque no ha tenido capacidad de elección”, como cuando sus padres tuvieron que elegir entre “que siguiera vivo o dejarle ir o entre trasladarle a una residencia o que continuase en casa”, recuerda.

“Tomar la decisión de desplazarle a la residencia hace diez años fue un desgarro brutal, ya que uno se plantea si realmente lo está haciendo por su bien o por uno mismo”, explica.

“Pero vamos envejeciendo y, además del alma, también nos duele la espalda”, añade.

Cuando piensa en cómo será el futuro sin Cris, sostiene que llevan esperando ese momento 36 años, “es la gran incógnita”.

“Pero el mundo seguirá y su presencia y su recuerdo estarán ahí siempre”.

“Y si cumple 40 años, le haremos una gran fiesta”, asegura.