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Por qué los barcos varados en el paso de Ormuz se han convertido en una amenaza de “bioinvasión” para todo el mundo

Barcos transitando el estrecho de Ormuz en 2025.

Matthew Pearce

29 de julio de 2026 18:24 h

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El cierre del estrecho de Ormuz ha creado las condiciones para una amenaza extrema a la biodiversidad mundial. Los científicos advierten de que miles de barcos varados podrían propagar especies marinas invasoras por los océanos de todo el mundo, cuando vuelvan a navegar.

Más de 1.500 buques comerciales llevan varados en el Golfo desde que se cerró esta vía navegable estratégica el 28 de febrero, tras el estallido de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Un equipo internacional de biólogos marinos señaló que, al permanecer inmóviles, los cascos de los barcos se estaban cubriendo de vida marina —desde microbios y algas hasta percebes y otros invertebrados— que podrían viajar de polizones a puertos de todo el mundo cuando se reanude el comercio.

El profesor Mario Tamburri, del Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland y autor principal del estudio, afirma que la situación es “una tormenta perfecta”: “Si tuviera que imaginar el peor escenario, no sé si lo habría hecho de otra manera”.

La investigación describe la situación como un posible “evento de superpropagación de bioinvasión” marina, argumentando que ninguna interrupción previa del tráfico marítimo ha supuesto que tantos buques permanecieran inactivos durante tanto tiempo.

Según el estudio, los barcos suelen permanecer fondeados en un puerto entre uno y tres días, lo que limita el crecimiento de organismos en sus superficies sumergidas. Sin embargo, muchas embarcaciones atrapadas en el Golfo han permanecido inmóviles durante meses, lo que ha permitido que se establezcan densas comunidades marinas en sus cascos.

Cuando se trasladan organismos de un lugar a otro, estos pueden reducir la biodiversidad en las regiones que invaden y provocar la extinción local de los organismos a los que desplazan

Mario Tamburri Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland

Si miles de embarcaciones zarpan cargadas de percebes, algas, mejillones y otros organismos, podrían introducir especies invasoras que compitan con la fauna autóctona, propaguen enfermedades y alteren de forma permanente los ecosistemas marinos de todo el mundo.

“Cuando se trasladan organismos de un lugar a otro, estos pueden reducir la biodiversidad en las regiones que invaden y provocar la extinción local de los organismos a los que desplazan”, explicó Tamburri. Las especies invasoras también pueden devastar las pesquerías, obstruir los sistemas de refrigeración de las centrales eléctricas y suponer un coste de gestión de miles de millones de dólares al año, añade.

El Golfo ya es un punto crítico para las invasiones marinas y estudios anteriores han identificado docenas de especies no autóctonas introducidas en gran medida por el transporte marítimo comercial. Los investigadores señalaron que el calor y la salinidad extremos de la región pueden hacer que los organismos sean especialmente resistentes.

Invasores “resistentes” y “eficaces”

“Son bastante resistentes. Están acostumbrados a entornos extremos, elevadas temperaturas y altos niveles de salinidad”, explica Tamburri. “Esos organismos resistentes, que a menudo pueden soportar esos entornos extremos, son invasores realmente eficaces”.

El investigador señala que las regiones con condiciones similares de temperatura y salinidad eran las que corrían mayor peligro. “Los puertos que presentan entornos muy similares a los de la región del Golfo son probablemente los que corren mayor riesgo”, afirma Tamburri, que destaca la India y Singapur entre los lugares en los que las autoridades deberían estar alerta.

El estudio señala que es posible que algunos buques ya hayan liberado millones de larvas en las aguas del Golfo durante los meses que han permanecido inactivos. A medida que se reanude el tráfico marítimo, los organismos presentes en el agua de lastre, así como los parásitos y patógenos de las “comunidades de bioincrustaciones” que colonizan los cascos de los buques, podrían propagarse rápidamente a través de la red mundial de transporte marítimo.

Tamburri insta a los gobiernos y a las compañías navieras a inspeccionar y limpiar los buques antes de que salgan del Golfo siempre que sea posible, mientras que los puertos que esperan llegadas deberían aumentar la vigilancia de especies invasoras y establecer planes de respuesta rápida.

Estableciendo una comparación con la salud pública, Tamburri señala que la respuesta debería reflejar los esfuerzos para contener las enfermedades infecciosas. “La detección precoz es realmente importante; la prevención antes de desplazarse es realmente importante”, afirma. “En muchos aspectos, es como el seguimiento de la gripe o la COVID-19. Hay que estar preparado para ello, detectarlo a tiempo. Si se encuentra algo, hay que gestionarlo de inmediato”.

Un portavoz de la Organización Marítima Internacional (OMI) ha señalado que “las incrustaciones biológicas pueden ser un vector clave para la transferencia de especies acuáticas invasoras. Existe el riesgo de que se transfieran especies si los buques no pueden eliminar las incrustaciones antes de abandonar una zona, tras un período prolongado de tiempo en la misma. La OMI recomienda que los operadores de buques sigan, en la medida de lo posible, las directrices de la OMI sobre incrustaciones biológicas.

“La OMI está elaborando actualmente un instrumento independiente y jurídicamente vinculante para el control y la gestión de las incrustaciones biológicas en los buques, con el fin de minimizar la transferencia de especies acuáticas invasoras”.

Refiriéndose a ecosistemas como los arrecifes de coral, las praderas de zostera marina y los criaderos de ostras, Tamburri explica que “si las autoridades no actúan, algunos de los hábitats marinos más valiosos del mundo podrían sufrir daños duraderos”. “Es probable que algunos de ellos se vean afectados y tal vez dañados de forma irreparable”, indica, calificándolo de “versión superpropagadora” de la forma en que los buques ya transportan especies invasoras por todo el mundo.

Aunque la seguridad de las personas debe seguir siendo la prioridad, Tamburri pide a los gobiernos que no pierdan de vista los riesgos medioambientales. “Conflictos como este son horribles. Hay sufrimiento humano, pero tampoco podemos ignorar las consecuencias medioambientales”.

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