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¿La visita del Papa vulneró la aconfesionalidad del Estado? Así lo ven los expertos

Arturo Puente

Barcelona —
13 de junio de 2026 22:13 h

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El Papa abandonó este viernes Canarias, poniendo fin a una semana de vista a España en la que ha intervenido en el Congreso y ha estado casi constantemente acompañado de representantes políticos que, como el presidente Pedro Sánchez, incluso han participado en liturgias católicas. Tras su marcha, queda la pregunta: ¿ha traspasado el Estado la frontera de la aconfesionalidad con el trato dispensado a León XIV? Expertos y entidades sobre el laicismo aportan matices diferentes sobre esta cuestión.

Para comenzar, hay que tener en cuenta que el principio de aconfesionalidad recogido en la Constitución es simplemente una forma de referirse a la laicidad. Así lo defiende Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología en la Universidad Complutense y experto en dinámicas sociorreligiosas, que advierte que España es “un Estado laico que se declara aconfesional en la Constitución”.

Así lo corrobora también Víctor J. Vázquez, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla y estudioso de las aristas legales del laicismo. “La diferencia entre aconfesional y laico es de nomenclatura, nada más, y la prueba es la jurisprudencia, donde el Constitucional habla de principio de laicidad. La palabra aconfesional tiene un sentido más histórico que jurídico, ya que en la Transición se quería romper con la confesionalidad del Franquismo”, ilustra.

Una vez aclarado esto, el profesor Vázquez considera que tanto el discurso pronunciado por León XIV como el resto de actuaciones de representantes de poderes públicos con el pontífice tienen encaje legal y antecedentes en países tan laicos como el nuestro.

“No hay ninguna incompatibilidad a nivel jurídico para que se acoja una sesión parlamentaria de este tipo. En EEUU, un país donde la separación legal entre la Iglesia y el Estado es muy dura, el papa Francisco habló ante el Congreso en 2015”, explica.

Los expertos listan otros ejemplos de diferentes jefes de la Iglesia, como Juan Pablo II, que intervino en el Parlamento Europeo en 1988, también en su Polonia natal en 1999 y en el Parlamento italiano en 2002, en esta última ocasión con cierta polémica. Por su parte, Benedicto XVI acudió tanto a las cámaras legislativas del Reino Unido, en 2010, como al Bundestag alemán un año después.

“Quizá el debate está en si hubiera sido posible con líderes musulmanes, evangélicos o de otras minorías religiosas”, introduce el profesor Ruiz. “Es ahí donde está la parte más problemática, con la cuestión de igualdad de la laicidad, lo que puede llevarnos a plantear si se hubiera dado ese trato a otras voces religiosas, que también están contribuyendo a escala global a muchos debates y representan el sentir de una parte de los españoles”, indica.

Para Ruiz, el reto que plantea el viaje del Papa es que subraya el ascendente que aún tiene la Iglesia Católica en la vida pública española. Por eso cree que debería reflexionarse sobre la posibilidad de una “interacción más postsecular del Estado con las diferentes confesiones y cosmovisiones que pueblan nuestra sociedad”.

No lo ve de la misma forma José Antonio Naz, presidente de la organización Europa Laica. “El objetivo apostólico no sé si lo habrá conseguido, pero el político de dejar consolidado un Estado católico, lo ha conseguido perfectamente”, lamenta Naz, que considera que lo más emblemático del viaje de León XIV será su paso por el Parlamento.

“Hemos visto al jefe de una religión dando un sermón en la sede de la soberanía nacional, donde ha criticado incluso las leyes surgidas de esa Cámara y donde, a excepción de unos pocos, todos los diputados han aplaudido de pie a una persona que dice que su ley moral está por encima de lo que ellos legislan”, se exclama el representante de Europa Laica. “Es decir, un parlamento convertido en una iglesia y los diputados en fieles católicos”, remata.

Una opinión similar tiene Naz sobre la participación de miembros del Gobierno en ritos religiosos. Algo que obviamente pueden hacer a título personal, pero no como poder Ejecutivo. “Una misa en Barcelona con 14 ministros es una barbaridad confesional. Se rebasa un límite que no se superaba ni en los años 70”, aduce.

Ruiz plantea una mirada diferente. “Francia tiene un modelo de laicidad visto como más estricto, por la separación Iglesia-Estado en la ley de separación de 1905”, lo cual no impidió que Macron asistiera a la reapertura de Notre Dame para una ceremonia de tipo religioso.

“La justificación que se dio para poder meterlo dentro del marco de la laicidad fue que Notre Dame no solo es una iglesia, sino que significa algo más para el pueblo francés. Yo creo que podría ser leído en la misma clave lo que ha sucedido con la Sagrada Familia”, indica el académico, que entiende que el templo catalán es una iglesia, pero también un símbolo que excede la significación religiosa.

Para el experto, la clave, de nuevo, es si una atención como la concedida a la Sagrada Familia se extiende a otros actores. “¿Si a nuestros políticos se les invitara a una celebración de ruptura del ayuno de Ramadán, asistirían o no? Yo creo que ahí hay una reflexión de nuevo en torno a la diversidad religiosa”, indica el profesor de la Complutense.

La cuestión económica: transparencia y privilegios

Tal y como informó este diario, la cuantía total del gasto que ha tenido el viaje del Papa para las arcas públicas no es un dato que haya trascendido. La Conferencia Episcopal cifró el coste del viaje en 25 millones de euros, de los cuales cinco provienen de subvenciones directas del Govern catalán y de los distintos cabildos de las Islas Canarias.

Pero el impacto en las cuentas públicas va mucho más allá, si se tiene en cuenta las deducciones fiscales a las donaciones privadas que se han efectuado y gastos de la administración derivados de los actos públicos, algunos de ellos realzados gracias a la cesión gratuita de espacios por los que la administración cobra en otros casos, como el Estadi Olímpic de Montjuïc.

“No sé si llegaremos a enterarnos de cuánto ha costado a las instituciones. Ha habido una parte de subvenciones directas, pero luego se ha puesto todo tipo de infraestructuras al servicio del Papa. Que se utilice el dinero de todos en favor de una organización privada y, por cierto, extranjera, es grave”, lamenta Naz.

Vázquez, en cambio, quita hierro al gasto de las administraciones e incluso a las subvenciones directas que, como resalta, son habituales en todo tipo de eventos privados, pero que la administración entiende que tienen interés social. “No creo que en este caso pueda negarse que ha habido mucha gente que ha querido participar en lo que se estaba haciendo en esos espacios públicos cedidos”, asegura.

El profesor de la Universidad de Sevilla, por contra, pone el acento en la financiación pública de la Iglesia en su conjunto. “Los problemas en el ámbito financiero no están en una subvención puntual, sino en la casilla de la Iglesia de la declaración de la renta, porque quien marca esa casilla detrae parte de sus impuestos del patrimonio común”, asegura Vázquez.

Según resalta el constitucionalista, esa casilla es un privilegio de la Iglesia Católica que no tiene ninguna otra confesión, lo cual sí supone una asimetría difícil de encajar en un Estado laico.