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Un continente acorralado: los incendios se extienden por una Europa sin 'escapatoria'

Raúl Rejón

8 de julio de 2026 21:25 h

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España no es un caso aislado. Tras la ola de calor “sin precedentes” en Europa, han llegado los incendios. Y con las llamas, la destrucción de miles de hectáreas, la evacuación de miles de personas y hasta la prohibición de espectadores en las cunetas del Tour de Francia —algo que solo había conseguido la pandemia de covid—.

La secuencia sigue una lógica sólida: el cambio climático, generado por los humanos, ha causado un calor extremo que, de otra manera, “habría sido virtualmente imposible”, según los científicos de la World Weather Attribution. En mayo, Europa experimentó “una inusualmente temprana e intensa ola de calor”. En junio, las temperaturas redoblaron su escalada. Ese calor no sale gratis y los incendios forestales son la siguiente etapa de esa progresión.

Al entrar en julio, las condiciones que se han generado en Portugal han hecho que los montes sean “un polvorín”, como ha explicado el primer ministro de luso, Luis Neves. Allí, un incendio en el municipio de Vouzela —en el centro-norte— ha quemado unas 15.000 hectáreas. La columna de humo de la vegetación ardiendo era visible desde el espacio por los satélites Sentinel y se alargó más de 600 km sobre el Atlántico.

Al norte de España, este lunes 6 de julio de 2026 quedará como una fecha relevante en el calendario. La tercera etapa del Tour de Francia se disputó sin espectadores en las cunetas. Las autoridades francesas prohibieron a los aficionados acudir “cerca de la ruta o la línea de meta” por un incendio cercano. Hasta ahora, —aparte de razones de seguridad puntuales— solo la pandemia de covid había conseguido que la Grand Boucle se corriera sin público. Tampoco pudo circular la caravana publicitaria del Tour.

En Francia parece que está más clara la conciencia de lo que está ocurriendo: el encargado de los bomberos de los Pirineos-Orientales, Eric Belgioino, ha declarado que “el cambio climático está aquí; estamos viviendo sus consecuencias y eso que solo estamos al comienzo de julio”. También advirtió de que “esta temporada [de incendios] va a ser larga” y lanzó un mensaje a la población: “Necesitamos vuestra ayuda”.

Otros focos de fuego estos días han sido la isla croata de Hvar, la zona de Tale, en Albania, o Grecia donde las llamas de un incendio forestal alcanzaron un par de fábricas en la ciudad de Tesalónica. Las autoridades tuvieron que desalojar tres barrios y confinar a la población en otras zonas debido al humo tóxico. También en Grecia, el domingo pasado se declaró un incendio en el área ateniense de Mandra.

Portugal, España y Grecia son los tres países más castigados por los grandes incendios (GIF) relacionados con las condiciones meteorológicas derivadas de la crisis climática. Entre los tres acumulan el 57% de las cerca de ocho millones de hectáreas forestales abrasadas por los GIF entre 2000 y 2023, según los datos de Copernicus y el servicio EFFIS: 26% en Portugal, 19% en España y 12% en Grecia.

No son un problema solo de verano

La responsable de la campaña de incendios de Greenpeace, Mónica Parrilla, insiste en que “hay que abordar las causas que originan y propagan el fuego”, porque los incendios forestales “no son un problema puntual del verano, sino una crisis estructural agravada por el cambio climático, las olas de calor y el abandono del medio rural”.

La crisis climática es global, lo que quiere decir que, en realidad, no hay sitio donde escapar. Europa es el continente que más rápidamente se está recalentando por esta causa y vive periódicamente veranos con oleadas de súperincendios. En las dos últimas décadas, los satélites han detectado más de 4.000 grandes incendios forestales, los que queman, como mínimo, 500 hectáreas.

La temporada de fuego en el continente este año amenaza con ser “más larga y más destructiva”, según anunció la Comisión Europea a comienzos de junio. El peligro ha aumentado incesantemente en los últimos 50 años. De hecho, se ha doblado el territorio con riesgo alto de incendios.

En lo que va de año, en Europa, han ardido unas 118.000 hectáreas de montes en 962 incendios que han inyectado más de cinco millones de toneladas de COâ‚‚ a la atmósfera —en un círculo vicioso que se retroalimenta con el efecto invernadero—. Esos datos están por debajo de 2025, que fue el peor año de los registros, pero están por encima de la media de la década.

Este reciente estudio sobre el índice de riesgo meteorológico de incendios (FWI) explica que “en la última década se ha constatado cómo el clima en Europa es cada vez más cálido, seco y propenso a los incendios forestales que nunca”. Y concluye que “nuevas áreas experimentan alto riesgo de incendios, como Europa central”, al tiempo que las zonas que ya soportaban peligro —como el sur del continente— tendrán que afrontar “condiciones aún más extremas”.

Mónica Parrilla considera que el nuevo contexto requiere recuperar la “sensibilización ciudadana”. En este sentido, recuerda “campañas como la mítica 'Todos contra el fuego' para reducir el número de incendios y, también, la convivencia con el fuego, porque el concepto de incendios cero no es real, pero lo que no puede ser es que un rayo ocasione daños como los de la Sierra de la Culebra 2022 o de Guardo en 2025”.