El eclipse ‘perdido’ de Simonet: el misterioso cuadro de 1905 que anticipa lo que veremos en el cielo en agosto
En su casa de Salobreña (Granada), Alfonso Arias guarda una pequeña joya de la pintura de eclipses. Se trata de un óleo de unos 50x100 cm, rubricado por su bisabuelo, Enrique Simonet, uno de los más destacados representantes de la pintura española de finales del siglo XIX, cuya obra se expone en el Museo del Prado. Aunque este lienzo nunca se ha exhibido y se conservó siempre en el entorno familiar, tiene un indudable interés histórico: se trata del mejor testimonio artístico del gran eclipse de sol de 1905, cuya trayectoria coincidió de forma casi exacta con el que cruzará la península ibérica en agosto.
“Lo tengo colgado delante del sofá, porque no tengo tele”, explica este madrileño de 61 años, músico de profesión, que heredó la obra hace alrededor de una década. Su tía abuela e hija del pintor, Carmen Simonet, sabía que la pintura le fascinaba desde niño. “El cuadro estaba en aquella casa de la calle Larra en Madrid, donde nos reuníamos en los cumpleaños y las navidades cuando yo era pequeño”, asegura. María Teresa, nieta del pintor, también recuerda el cuadro en casa de sus abuelos. “Lo tenían a la entrada, conforme entrabas lo veíamos siempre”. Los detalles de cómo se pintó la obra, sin embargo, siguen siendo un misterio para la familia. “Tenemos muy pocos datos”, comenta Aurora, otra de sus nietas. “Solo sabemos que en la fecha en que se produjo el eclipse él residía en Barcelona”.
A diferencia de otras piezas de Simonet, que se caracterizan por su grandiosidad y dramatismo, este cuadro muestra con sencillez el impacto que debió producirle el momento en que la luna tapa el sol justo antes de que se haga la oscuridad. Con casi cuatro minutos de duración en algunas zonas, el conocido como “el eclipse español” de 1905 —el segundo de una tríada similar a la que tendremos en España entre este año y 2028— se convirtió en un reclamo para científicos de todo el mundo y el Observatorio Astronómico de Madrid recibió numerosos dibujos y fotografías tomadas por toda la geografía española.
¿En qué lugar presenció Simonet la escena? La familia no conserva ninguna carta o boceto que documente los pasos del pintor. Con ayuda de varios expertos, Aurora ha tratado de despejar el misterio, pero las pistas son escasas. Bartomeu Borràs Simonet, otro miembro del clan y buen conocedor de la geografía catalana, dedujo a partir de la vegetación mediterránea y la configuración estelar, que el artista tuvo que desplazarse hacia el sur, a la zona de Castellón, dado que el eclipse no se vio en Barcelona.
“La sierra que aparece al fondo del cuadro me parece similar a la Sierra de Irta, Castellón, vista desde los alrededores de Alcalà de Xivert”, intuyó Borràs. Tras consultar una guía de los eclipses en Castellón entre 1860 y 1905, Alfonso Arias también se ha convencido de que su bisabuelo viajó aquel día hacia el sur y fantasea con la idea de escribir un relato con los detalles de aquella aventura. El artista viajó a Jerusalén para pintar una de sus obras más famosas y durante años trabajó como corresponsal gráfico de guerra, así que era un espíritu inquieto. “Sospecho que debió coger un tren el día anterior y alojarse en alguna de las poblaciones”, especula su bisnieto. “Me imagino que haría unos bocetos y más tarde hizo el cuadro definitivo”.
Entre el realismo y la imaginación
Dos expertos en astronomía y arte, Miguel Querejeta e Inés Pérez Teresa, han examinado el cuadro con detalle para elDiario.es. Él es investigador en el Observatorio Astronómico Nacional y ella es historiadora del arte, y ambos acaban de publicar juntos El Cosmos en el Arte (Akal, 2026). Para Querejeta es muy interesante y excepcional que un artista de la talla de Simonet se interesara por estos eclipses. Pérez Teresa opina que no es extraño que Simonet decidiera pintar un eclipse, porque era un artista claramente interesado en la ciencia de su tiempo. Ambos coinciden en que será muy difícil determinar la localización en la que Simonet vio el eclipse porque el pintor se tomó varias licencias.
Pérez Teresa recuerda que en la famosa obra de Simonet, Flevit super illam (Lloró por ella), de 1892, lo más llamativo de la composición no son Jesús y los apóstoles, sino el gran sol que aparece entre las nubes, iluminando la escena con luz tenue. “Se trata de una representación del astro extremadamente realista, que parece brillar desde el lienzo”, señala la experta. A su juicio, esto es una prueba del profundo interés de Simonet en la representación del firmamento y sus fenómenos. “Y en su obra más afamada, ¡Y tenía corazón!, representa con el naturalismo propio de la pintura social una autopsia realizada a una mujer”, apunta.
En el caso de este eclipse, opina Pérez Teresa, la escena fue claramente tamizada por la imaginación del artista. “El interés por los eclipses se disparó en España a comienzos del siglo XX, ya que sobre el territorio se dieron en apenas doce años tres eclipses, en 1900, 1905 y 1912”, apunta. “Esta situación, similar a la que actualmente nos encontramos viviendo a raíz de la tríada de eclipses que sucederán en 2026, 2027 y 2028, seguramente también despertara un interés por parte del pintor en estos sucesos astronómicos”. Y, como toda representación artística, estaba fuertemente relacionada con la cultura visual de su autor y de su época.
Una visión intimista con licencias
Miguel Querejeta cree que este cuadro de Simonet es más intimista que sus grandes obras anteriores y que se aleja del academicismo, quizá ya con alguna influencia impresionista. Como astrónomo, las estrellas que Simonet dibujó detrás de la totalidad no le parecen una buena pista y cree que quizá las colocó simplemente para adornar la escena. Aunque algunos expertos consultados por la familia Simonet hablan de la presencia de la estrella Régulo y el planeta Mercurio, Querejeta echa en falta la presencia de Venus, que brillaba claramente detrás del sol. “Ese día, a esa hora, era infinitamente más brillante que cualquier otra estrella”, subraya. “Sería el punto más brillante con gran diferencia y tendría que aparecer justo a la derecha”.
Hay otros aspectos del cuadro que le llevan a pensar que Simonet tomó apuntes al natural del eclipse y luego añadió elementos de su propia cosecha para embellecer la escena. Si vio la totalidad, por ejemplo, no debería haber un resplandor en las nubes del horizonte, como si fuera un amanecer o un atardecer, porque el cielo se oscurece del todo. El color de la luz y la altura del sol en el cielo tampoco se corresponden con un escenario real. “En el eclipse del 30 de agosto de 1905 desde Castellón, el Sol estaba a una altura de 54º46' durante la totalidad, a una distancia de unos 110 soles del horizonte”, señala. “En el cuadro de Simonet hay solo unos 18-20 soles hasta el horizonte”.
Pero lo que más llama la atención al experto es la forma en que Simonet pinta la corona solar. “¿Estamos seguros de que vio el eclipse de 1905 y no el de 1900?”, cuestiona. “Las fotografías de 1905 muestran una corona muy homogénea. En cambio, en el eclipse de 1900 hay varias imágenes que muestran una corona prácticamente idéntica a la del cuadro de Simonet. O bien no es el eclipse de 1905 o quizá lo vio y las imágenes del de 1900 le inspiraron”. Ese día, recuerda, la totalidad duró tres minutos y medio. “En ese tiempo, pintar los detalles debía de ser complicado, sobre todo porque además estás ahí, medio a oscuras”.
Una corona muy realista
Querejeta, que ha estudiado cómo se han reflejado los eclipses en el arte a lo largo de la historia, cree que el cuadro de Simonet se encuentra a medio camino entre la tradición más realista y la que se toma más licencias. Un ejemplo de la primera es el cuadro del ruso Ivan Aivazovsky, que refleja bastante fielmente este fenómeno astronómico sobre el mar Negro en 1851, frente a la versión más fantasiosa de un eclipse en Venecia en 1842 pintado por el italiano Ippolito Caffi, quien se inventa una luz imposible.
“Ambos se toman licencias, pero hay representaciones más realistas que otras”, señala Querejeta. “El cuadro de Simonet quizá se enmarca más en la tradición más fantasiosa, pero yo diría que es una combinación de ambas, porque la representación de la corona es muy realista y científica. Tanto que recuerda mucho a los cuadros de Howard Russell Butler, que pintó una serie de eclipses en Estados Unidos con gran detalle”.
En su opinión, todos los artistas añaden elementos y pasan la experiencia por su propio filtro, pero el hecho de que un maestro como Simonet reflejara un fenómeno astronómico tiene un enorme valor. “Que un pintor de la relevancia de Simonet fuera testigo y lo dejara plasmado, me parece fascinante”, resume. “No se conoce otro pintor de primera categoría que pintara este trío de eclipses españoles de comienzos del siglo XX, creo que no ha sido valorado en la medida que merece y que debería estar expuesto, al menos en una exposición temporal y ojalá en una permanente”, concluye.
0