Emergencia en el fin del mundo: los detalles del posible caso de hantavirus en la remota isla de Tristán de Acuña
El pasado sábado un avión de la fuerza aérea británica lanzó un cargamento de emergencia y a un grupo de militares en paracaídas sobre uno de los lugares más remotos del planeta en una operación sin precedentes. Los ocho efectivos, entre los que se encontraban dos sanitarios, saltaron sobre la isla de Tristán de Acuña, un pequeño punto en mitad del Atlántico sur, cargados con botellas de oxígeno y material médico. Su objetivo: atender a un residente de la localidad que bajó del crucero MV Hondius a mediados de abril y empezó a desarrollar síntomas compatibles con el brote de hantavirus a principios de mayo.
La operación se realizó en tiempo récord porque el paciente necesita oxígeno y el suministro se le estaba agotando. Según el diario The Times, se encuentra ingresado en un “diminuto centro sanitario” que cuenta únicamente con dos médicos y dos camas y su esposa también está en aislamiento. Para las autoridades británicas y la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un caso “sospechoso” de hantavirus, porque hasta el momento no se han podido realizar pruebas diagnósticas.
La ayuda se envió por aire desde la base británica de la isla Ascensión, a más de 3.200 km al norte, porque Tristán de Acuña no tiene aeropuerto y solo puede alcanzarse tras varios días de navegación. Gracias a este extremo aislamiento, el territorio habitado más remoto del planeta logró sortear la pandemia de coronavirus de 2020; esta vez, sin embargo, su barrera natural podría haberse roto accidentalmente por el regreso de uno de sus vecinos.
Excursión entre los “tristones”
El paciente tiene 65 años y es el antiguo jefe de policía de la isla, que regresaba a su casa después de un largo viaje. Se bajó allí en la escala que hizo crucero MV Hondius procedente de Argentina, previo paso por la Antártida, y de camino a la isla de Santa Elena. El barco llegó a la costa de Tristán de Acuña en la mañana del martes 14 de abril. La llegada, según describe la web oficial de la isla, estuvo marcada por un clima excepcionalmente benigno, con “amaneceres espectaculares” y mares en calma que propiciaron el desembarco.
A las pocas horas de atracar, 110 pasajeros bajaron a tierra firme y pasaron el día interaccionado con los “tristones”, que es como se llama a los 221 habitantes de la isla. “Había un ambiente animado en el pueblo, con los huéspedes participando en paseos guiados, explorando a su propio ritmo, visitando el museo y disfrutando de todos los espacios abiertos”, relató la jefa de Turismo, Kelly Green. “El pub, como siempre, fue uno de los lugares favoritos, lleno de risas e historias compartidas de sus viajes”.
En el barco ya estaba el cuerpo sin vida de la primera víctima del brote de hantavirus, un pasajero neerlandés de 70 años. Había fallecido tres días antes de una supuesta “muerte natural”. Es muy probable que en ese momento ya hubiera otros contagiados incubando la enfermedad, entre ellos su esposa, que acabaría enfermando y muriendo días después. Nadie, ni los visitantes ni los visitados, sospechaba entonces lo que se estaba gestando a bordo del crucero.
Durante la visita, el cuerpo sin vida de la primera víctima del brote de hantavirus estaba en el barco. Había fallecido tres días antes de una supuesta “muerte natural
El día siguiente, miércoles, varios miembros de la tripulación visitaron la escuela St Mary's para enseñar unos vídeos educativos a los niños de la isla y entregarles unos regalos. El viernes, el Hondius circunnavegó la isla Gough antes de continuar su viaje hacia Santa Elena, donde se llevó a una familia de cuatro isleños que viajaban al extranjero, varios sacos de patatas de Tristán y un suministro de marisco fresco para la cocina del barco, incluyendo sus famosas langostas. Los cuatro isleños desembarcaron en Santa Elena el 24 de abril tras recorrer 2.400 km en una semana de navegación. En este momento se encuentran en aislamiento preventivo y bajo vigilancia epidemiológica.
De la precaución a la alerta
En las imágenes de la visita del MV Hondius a la isla de Tristán de Acuña, se ve al antiguo jefe de policía sonriente junto a la tripulación del barco. Los síntomas tardaron alrededor de dos semanas en aparecer, justo cuando el mundo se empezó a enterar de la existencia de un brote de hantavirus en el crucero. El 4 de mayo, el administrador de la isla, Philip Kendall, emitió un aviso público para informar a los isleños de que había un brote grave en el barco. Como los pasajeros bajaron a tierra, la preocupación era obvia, pero Kendall afirmaba explícitamente que no se habían identificado casos de esta enfermedad en Tristán y no había un motivo significativo de preocupación en la isla en aquel momento. También pedía que, por precaución, quien tuviera fiebre llamara al hospital, “pero por favor NO asista en persona”.
Dos días después, el 6 de mayo, los isleños recibieron la noticia de que había un paciente aislado en Tristán, sospechoso de hantavirus. En un mensaje dirigido al jefe de la isla, el ministro británico para los Territorios de Ultramar, Stephen Doughty, aseguraba que sus pensamientos estaban “con el isleño que se encuentra hospitalizado y su cónyuge, que está en aislamiento”. Pero hasta el 8 de mayo la noticia no saltó al mundo, cuando la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) informaba de que, además de los afectados que viajaban en el barco, había “un caso adicional sospechoso de un ciudadano británico en Tristán de Acuña”. Solo dos días después, el pasado sábado, se realizaba la operación militar de lanzamiento en paracaídas para llevar oxígeno al paciente.
Pendientes del diagnóstico
Las autoridades locales mantienen silencio sobre la situación del paciente sospechoso y el estado de la población. “No podemos comentar los detalles específicos de los itinerarios de cada buque ni los movimientos de pasajeros”, afirman en un comunicado. El Ministerio de Defensa de Reino Unido tampoco ha confirmado si entre el equipo médico enviado a la isla había un sistema de pruebas PCR o de diagnóstico para confirmar si el paciente sospechoso es positivo en hantavirus, aunque entregó “suministros de diagnóstico esenciales, incluidas pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR)”, a la Isla Ascensión a través de un avión militar el 7 de mayo.
Si este paciente está requiriendo el oxígeno, tiene muy mal pronóstico sin acceso a una unidad de terapia intensiva
Por otro lado, fuentes militares aseguran que hay algunos barcos en camino y se está preparando apoyo médico adicional para poder evacuar al paciente afectado o los casos sospechosos “de forma segura a su debido tiempo”. “Ante la escasez crítica de oxígeno en la isla, el lanzamiento aéreo de personal médico fue la única manera de brindar atención vital al paciente a tiempo”, aseguró la secretaria de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, en un comunicado. “La operación también garantizará la capacidad de respuesta del sistema de salud en la isla, al apoyar al equipo médico de dos personas que atiende a Tristán de Acuña”.
Una situación complicada
Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, destaca que en estos lugares tan aislados lo más peligroso es que el paciente empeore y no dé tiempo a atenderlo por no tener las instalaciones adecuadas. “El problema de esta enfermedad es que una vez que comienzan los síntomas graves van relativamente rápido, en de 24 a 48 horas puedes estar en una situación crítica y por eso necesitas una UCI cerca”, explica.
Si ya han pasado casi 30 días sin aparecer nuevos contagios es buena noticia pero aun podría aparecer algún caso
Gaspar Domínguez, especialista en salud pública de Chile que coordinó la respuesta al último gran brote de hantavirus en la Patagonia, explica que cuando estos casos no reciben atención médica la letalidad se acerca al 70%. “El aumento de la supervivencia está dado principalmente por acceso a ventilación mecánica y ECMO”, asegura. “Si este paciente está requiriendo el oxígeno, tiene muy mal pronóstico sin acceso a una unidad de terapia intensiva”.
Respecto a la posibilidad de que se produjeran más contagios durante la vista del crucero o que el actual afectado transmitiera a otros la enfermedad, el epidemiólogo y especialista en salud pública Joan Caylá cree que es importante el seguimiento de sus contactos. “Es necesario comprobar si estas personas tienen mucha vida social o viven muy aislados”, asegura. “Si ya han pasado casi 30 días sin aparecer nuevos contagios es buena noticia pero aún podría aparecer algún caso. Por otro lado, al ser una isla tan remota seguro que sus habitantes tienen unas características [genéticas] especiales, sería bueno conocerlas”.